Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo IV- Parte I

La mañana comenzó con el sonido de la cafetera.

Zelinna estaba en la cocina preparando el desayuno. La casa todavía estaba en silencio. La luz del sol apenas comenzaba a entrar por las ventanas del comedor.

Colocó cuatro platos sobre la mesa.

Huevos revueltos, pan tostado y un pequeño plato con fruta cortada.

En el segundo piso se escucharon pasos rápidos.

—¡Mamá!

Era Freya.

La niña bajó las escaleras con su uniforme escolar a medio abotonar.

—¿Dónde están mis calcetas?

Zelinna levantó la vista.

—En tu cajón.

—¡No están!

—Entonces busca bien.

Freya desapareció de nuevo escaleras arriba.

Unos segundos después apareció Viena.

Caminaba más despacio.

Su uniforme estaba perfectamente acomodado. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta.

—Buenos días.

—Buenos días —respondió Zelinna.

Viena se sentó en la mesa.

—¿Hay jugo?

—En el refrigerador.

Viena se levantó, abrió el refrigerador y sirvió un vaso.

Mientras bebía miró hacia las escaleras.

—Freya siempre pierde todo.

Zelinna sonrió ligeramente.

—Tiene nueve años.

—Yo nunca perdía mis cosas.

—Claro que sí.

Viena negó.

—No.

Freya bajó corriendo.

—¡Las encontré!

—¿Ves? —dijo Zelinna.

Freya se sentó en la mesa.

—Tengo hambre.

—Por eso hice el desayuno.

Las tres comenzaron a comer.

Dereck entró a la cocina ajustándose la corbata.

—Buenos días.

—Buenos días —respondieron las niñas.

Se acercó a Zelinna y le dio un beso en la mejilla.

—¿Listas para la escuela?

—Sí —dijo Freya.

Viena asintió mientras terminaba su jugo.

—Tengo examen de matemáticas.

—Te irá bien.

—Espero.

Freya levantó la mano.

—Yo tengo dibujo.

—Eso sí te gusta —dijo Dereck.

—Sí.

Después de unos minutos terminaron de desayunar.

Dereck tomó las llaves del coche.

—Vamos.

Las niñas se levantaron.

Viena tomó su mochila.

Freya la siguió.

Antes de salir, Viena se detuvo frente al espejo del pasillo.

Acomodó su cabello.

Luego revisó su uniforme.

Zelinna la observó.

—¿Todo bien?

—Sí.

—Llegarán tarde.

Viena tomó su mochila.

—Ya voy.

Salieron de la casa.

Ese mismo día por la tarde, Viena regresó primero de la escuela.

Zelinna estaba en la sala revisando algunos documentos.

—Hola.

—Hola —respondió Viena.

Dejó su mochila en el sofá.

—¿Cómo te fue?

—Bien.

—¿El examen?

—Creo que bien.

Viena caminó hacia la cocina.

—¿Hay algo de comer?

—Hay fruta o yogurt.

—Quiero yogurt.

Lo sacó del refrigerador.

Se sentó en la barra de la cocina.

Mientras comía miró su teléfono.

Zelinna la observó desde la sala.

—¿Tienes tarea?

—Sí.

—Entonces hazla antes de usar el teléfono.

Viena suspiró.

—Sí, mamá.

Subió las escaleras con su mochila.

Un rato después llegó Freya.

Entró a la casa con energía.

—¡Mamá!

—Aquí estoy.

—Saqué diez en dibujo.

—Muy bien.

Freya dejó su mochila.

—¿Viena ya llegó?

—Sí.

—¿Dónde está?

—En su cuarto.

Freya subió corriendo.

Tocó la puerta.

—¿Viena?

—¿Qué?

—¿Puedo entrar?

—Sí.

Freya abrió la puerta.

Viena estaba sentada en su escritorio haciendo tarea.

—¿Qué quieres?

—Saqué diez.

—Bien.

—¿Quieres ver mi dibujo?

Viena levantó la mirada.

—Estoy ocupada.

—Solo un segundo.

Freya mostró su cuaderno.

Era un paisaje con montañas y un río.

Viena lo miró.

—Está bien.

—¿Te gusta?

—Sí.

Freya sonrió.

—Gracias.

Se sentó en la cama.

—Hoy en la escuela dijeron que habrá festival.

—Ajá.

—¿Tú participarás?

—No.

—¿Por qué?

—No quiero.

Freya se quedó en silencio unos segundos.

—Antes sí querías.

Viena siguió escribiendo.

—Las cosas cambian.

Freya se levantó.

—Bueno… te dejo hacer tu tarea.

—Sí.

Freya salió del cuarto.

Esa semana Zelinna recibió una llamada de la escuela.

—Buenas tardes —dijo la voz del otro lado.

—Buenas tardes.

—Habla la orientadora escolar.

—Sí.

—Quería comentarle algo sobre Viena.

Zelinna se sentó en la mesa.

—¿Ocurrió algo?

—No es algo negativo.

—¿Entonces?

—Estamos observando algunos cambios normales en esta etapa.

Zelinna escuchó con atención.

—¿Cambios?

—Viena está entrando en la pubertad.

Zelinna asintió.

—Entiendo.

—Es completamente normal.

—Claro.

—Solo queríamos informarle para que esté atenta a ciertos ajustes.

—Gracias por avisar.

La llamada terminó.

Esa noche, durante la cena, Zelinna observó a su hija con más atención.

Viena estaba más callada de lo habitual.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Zelinna.

—Bien.

—¿Algo interesante en la escuela?

—No mucho.

Freya hablaba sin parar.

—En educación física corrimos diez vueltas.

—Eso es bastante —dijo Dereck.

—Sí.

Viena empujaba la comida en su plato lentamente.

—¿No tienes hambre? —preguntó Zelinna.

—Sí.

—Entonces come.

—Estoy comiendo.

Después de la cena, Viena subió a su cuarto.

Zelinna la siguió unos minutos después.

Tocó la puerta.

—¿Puedo pasar?

—Sí.

Viena estaba sentada en la cama.

—¿Todo bien?

—Sí.

—La escuela llamó hoy.

Viena levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Nada grave.

—¿Entonces?

—Solo dijeron que estás creciendo.

Viena rodó los ojos.

—Qué exagerados.

Zelinna se sentó en la silla del escritorio.




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