Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo IV- Parte II

La tarde estaba tranquila.

La casa estaba llena del sonido suave de la televisión que Freya había encendido en la sala. En la pantalla pasaban un programa de concursos, pero ella apenas prestaba atención.

Tenía un cuaderno de dibujo abierto sobre la mesa.

Freya dibujaba una casa con árboles alrededor.

Borraba.

Volvía a dibujar.

Arriba, en el segundo piso, la puerta del cuarto de Viena estaba cerrada.

Desde hacía algunas semanas, esa puerta permanecía cerrada la mayor parte del tiempo.

Freya levantó la mirada hacia las escaleras.

—Mamá.

Zelinna estaba en la cocina.

—¿Sí?

—¿Viena está ocupada?

—Está haciendo tarea.

Freya miró su dibujo.

—Quería enseñarle algo.

—Puedes tocar la puerta.

Freya cerró su cuaderno y subió las escaleras.

Al llegar al pasillo se detuvo frente a la puerta.

Tocó.

—¿Viena?

Desde adentro se escuchó su voz.

—¿Qué?

—¿Puedo entrar?

Hubo un pequeño silencio.

—Estoy ocupada.

—Solo un segundo.

—Está bien.

Freya abrió la puerta.

El cuarto de Viena estaba ordenado. El escritorio estaba lleno de cuadernos y un par de libros abiertos.

Viena estaba sentada escribiendo.

—¿Qué pasa?

Freya levantó el cuaderno.

—Hice un dibujo.

—Ajá.

—Quería enseñártelo.

Viena levantó la mirada brevemente.

—Está bien.

Freya caminó hasta el escritorio y colocó el cuaderno frente a ella.

—Es nuestra casa.

Viena miró el dibujo.

La casa tenía dos ventanas grandes, un árbol y dos figuras de niñas frente a la puerta.

—Está bonito.

Freya sonrió.

—Somos nosotras.

Viena volvió a su cuaderno.

—Ajá.

Freya permaneció allí de pie unos segundos.

—¿Quieres que dibuje otra cosa?

—Freya…

—¿Sí?

—Estoy haciendo tarea.

—Ah.

Freya tomó el cuaderno.

—Bueno… te dejo.

—Sí.

Freya salió del cuarto y cerró la puerta.

Al día siguiente era sábado.

Zelinna estaba preparando el desayuno cuando escuchó pasos en las escaleras.

Freya apareció primero.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Qué hay de desayunar?

—Hotcakes.

—¡Sí!

Freya se sentó en la mesa.

—¿Viena ya bajó?

—Todavía no.

Unos minutos después, Viena apareció.

Llevaba una sudadera grande y el cabello suelto.

—Buenos días.

—Buenos días —respondió Zelinna.

Viena se sentó.

Freya sonrió.

—¿Quieres jugar después?

Viena tomó un vaso de jugo.

—¿A qué?

—A cartas.

—No.

—¿Por qué?

—Porque tengo cosas que hacer.

—¿Qué cosas?

—Tarea.

Freya frunció el ceño.

—Es sábado.

—Igual tengo tarea.

Zelinna colocó los platos sobre la mesa.

—Coman antes de que se enfríen.

Durante el desayuno Freya seguía mirando a su hermana.

—¿Entonces después?

—Freya.

—¿Qué?

—Dije que no.

Freya bajó la mirada hacia su plato.

Por la tarde, Freya volvió a intentarlo.

Viena estaba en el sofá revisando su teléfono.

Freya se sentó junto a ella.

—¿Qué ves?

—Nada.

—¿Son tus amigas?

—Sí.

Freya miró la pantalla.

—¿Quién es esa?

—Una amiga.

—¿Cómo se llama?

—Mariana.

—¿Puedo conocerla?

—No.

Freya se acomodó en el sofá.

—¿Por qué no?

—Porque es mi amiga.

—Pero yo puedo ser su amiga también.

Viena suspiró.

—Freya.

—¿Sí?

—Ve a jugar con alguien de tu edad.

—Pero tú eres mi hermana.

—Y soy mayor.

Freya se quedó en silencio.

Después de unos segundos se levantó.

—Está bien.

Caminó hacia la cocina.

Zelinna estaba lavando unos platos.

—¿Todo bien? —preguntó.

Freya se encogió de hombros.

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

Tomó una manzana del frutero.

Esa noche, mientras cenaban, Freya volvió a intentar acercarse.

—Viena.

—¿Qué?

—En la escuela vamos a hacer una obra.

—Ajá.

—Yo seré un árbol.

Dereck levantó la vista.

—Eso es importante.

Freya rió.

—Sí.

—¿Quieres ir a verla? —preguntó Freya mirando a Viena.

—Tal vez.

—Es el jueves.

—Tengo clases.

—Es en la tarde.

Viena tomó un poco de agua.

—Veré si puedo.

Freya sonrió.

—Está bien.

El jueves llegó.

La escuela estaba llena de padres y alumnos.

El auditorio estaba decorado con cartulinas de colores.

Zelinna llegó con Dereck.

—¿Dónde está Freya?

—Detrás del escenario —dijo una maestra.

Viena caminaba detrás de ellos.

Miraba el lugar con poca emoción.

—Hay mucha gente.

—Es un evento escolar —respondió Zelinna.

Se sentaron en la tercera fila.

Las luces se apagaron.

La obra comenzó.

Los niños salieron al escenario con disfraces sencillos.

Freya apareció unos minutos después.

Tenía un traje verde con hojas de papel pegadas.

Se colocó en un lado del escenario.

Desde ahí buscó entre el público.

Sus ojos recorrieron las filas.

Hasta que encontró a su familia.

Primero vio a su mamá.

Luego a su papá.

Después a Viena.

Freya sonrió y levantó un poco la mano.

Viena la vio.

Le hizo un pequeño gesto con la cabeza.

La obra continuó.

Al final todos los niños salieron al escenario.

Los padres aplaudieron.

Freya buscó nuevamente a Viena.

Esta vez su hermana también aplaudía.

Después del evento, Freya salió corriendo hacia ellos.

—¿Vieron?

—Claro —dijo Zelinna.

—Estuviste muy bien —añadió Dereck.

Freya miró a Viena.

—¿Te gustó?

Viena asintió.

—Sí.

—¿De verdad?

—Sí.

Freya sonrió.

—Gracias por venir.

Esa noche, de regreso en casa, Freya volvió a subir al cuarto de Viena.




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