Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo V- Parte I

La casa estaba en silencio cuando el despertador sonó.

Eran las cinco y media de la mañana.

Zelinna abrió los ojos lentamente. La habitación todavía estaba oscura y el aire fresco entraba por la ventana entreabierta.

A su lado, Dereck ya estaba despierto.

No estaba acostado.

Estaba sentado en el borde de la cama, abotonándose la camisa.

Zelinna frunció ligeramente el ceño.

—¿Tan temprano?

Dereck terminó de abotonar el último botón.

—Sí.

—Todavía falta una hora para que suene el despertador de las niñas.

—Tengo que salir antes hoy.

Zelinna se incorporó un poco en la cama.

—¿Reunión?

—Sí.

Se levantó y caminó hacia el armario.

Sacó su saco.

Zelinna lo observaba en silencio.

No era la primera vez.

En las últimas semanas, Dereck estaba saliendo cada vez más temprano.

—¿Quieres café? —preguntó ella.

—Sí.

—Voy a prepararlo.

—Gracias.

Zelinna se levantó también y se colocó una bata ligera.

Caminaron juntos por el pasillo.

Las habitaciones de las niñas estaban cerradas.

La casa estaba completamente silenciosa.

En la cocina, Zelinna encendió la cafetera.

El sonido del agua calentándose llenó el espacio.

Dereck revisaba su teléfono.

—¿Te vas a las seis? —preguntó Zelinna.

—Sí.

—Es muy temprano.

—El tráfico se está poniendo peor.

Zelinna sirvió café en dos tazas.

—Antes salías a las siete.

Dereck tomó la taza.

—Las cosas cambiaron en la oficina.

Zelinna bebió un pequeño sorbo.

—¿Mucho trabajo?

—Sí.

Se apoyó en la barra de la cocina.

—Este mes ha sido pesado.

—¿Quieres que te prepare algo de desayunar?

—No tengo tiempo.

Zelinna miró el reloj.

—Aún faltan veinte minutos.

—Prefiero salir.

Se escuchó un pequeño ruido en el piso de arriba.

Pasos.

Freya apareció en las escaleras medio dormida.

—¿Mamá?

—Aquí estoy.

Freya bajó lentamente.

—¿Por qué están despiertos?

—Tu papá se va temprano.

Freya miró a Dereck.

—¿Otra vez?

Dereck sonrió ligeramente.

—Sí.

Freya bostezó.

—Todavía es de noche.

—Vuelve a dormir un poco si quieres.

—Ya estoy despierta.

Se sentó en la mesa.

—¿Hay cereal?

—Sí.

Zelinna sacó una caja del gabinete.

Freya comenzó a servirse.

Miró a su papá.

—¿Hoy también llegarás tarde?

Dereck levantó la mirada.

—No lo sé.

—Ayer llegaste cuando ya estaba dormida.

—Lo sé.

Freya comió una cucharada.

—Extraño cuando cenábamos juntos.

Dereck guardó silencio un momento.

Luego respondió:

—A veces el trabajo se complica.

Freya asintió lentamente.

En ese momento Viena apareció en las escaleras.

—¿Qué hacen despiertos?

—Tu papá se va temprano —dijo Freya.

Viena miró a Dereck.

—Otra vez.

Dereck tomó su saco.

—Sí.

Viena caminó hacia el refrigerador.

—Cada día te vas más temprano.

—Solo esta semana.

Viena cerró la puerta del refrigerador.

—La semana pasada también.

Zelinna intervino.

—Viena.

La joven se encogió de hombros.

—Solo digo.

Dereck tomó sus llaves.

—Tengo que irme.

Zelinna caminó con él hasta la puerta.

—Ten cuidado.

—Sí.

Le dio un beso rápido en la mejilla.

—Nos vemos en la noche.

—Nos vemos.

Dereck salió de la casa.

La puerta se cerró suavemente.

Zelinna se quedó un momento mirando hacia la calle a través de la ventana.

Luego regresó a la cocina.

Las niñas ya estaban desayunando.

Los días siguientes comenzaron a seguir el mismo patrón.

El despertador.

La oscuridad de la madrugada.

Dereck levantándose antes que todos.

Una mañana Zelinna despertó y la mitad de la cama estaba vacía.

Miró el reloj.

Cinco quince.

Bajó a la cocina.

Dereck ya estaba listo.

—¿Ya te ibas?

—Sí.

—Ni siquiera escuché el despertador.

—No quise despertarte.

Zelinna abrió la cafetera.

—Al menos toma café.

—Gracias.

Mientras servía las tazas, Zelinna preguntó:

—¿Todo está bien en la oficina?

—Sí.

—Te ves muy ocupado últimamente.

Dereck bebió un sorbo.

—Hay varios proyectos nuevos.

—¿De contabilidad?

—Sí.

Zelinna apoyó las manos en la barra.

—Si necesitas ayuda con algo puedo revisarlo contigo.

Dereck negó con la cabeza.

—No hace falta.

—Hace años que no revisamos números juntos.

Dereck miró el reloj.

—Tengo que salir.

Zelinna dejó la taza sobre la mesa.

—Dereck.

—¿Sí?

—Solo ten cuidado de no agotarte.

—Estoy bien.

Tomó sus llaves y salió.

La puerta volvió a cerrarse.

Una semana después, la escena se repitió.

Pero esta vez Zelinna bajó a la cocina y Dereck ya no estaba.

Solo había una taza vacía en la mesa.

Y una nota.

"Salí temprano. Nos vemos en la noche."

Zelinna dejó la nota sobre la mesa.

En ese momento Freya apareció.

—¿Papá ya se fue?

—Sí.

—Otra vez.

Viena bajó después.

—¿Ni siquiera desayunó?

Zelinna negó.

—No.

Viena abrió el refrigerador.

—Ni siquiera dijo adiós.

Freya se sentó en la mesa.

—Antes siempre nos llevaba a la escuela.

Viena tomó un vaso de jugo.

—Ahora ni siquiera lo vemos.

Zelinna colocó los platos del desayuno.

—Está trabajando mucho.

Viena se sentó.

—Demasiado.

Freya preguntó:

—¿Siempre será así?

Zelinna no respondió inmediatamente.

Miró hacia la puerta de la casa.

—Espero que no.




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