La tarde caía lentamente sobre la casa.
El cielo estaba teñido de tonos naranjas cuando Zelinna cerró la computadora portátil que tenía sobre la mesa del comedor. Había pasado buena parte del día revisando documentos contables para uno de sus clientes.
Desde la cocina se escuchaba el sonido del agua hirviendo.
Zelinna se levantó y caminó hacia la estufa.
Mientras revolvía la pasta en la olla, miró el reloj.
Siete de la noche.
Las niñas ya estaban en casa.
Freya hacía tarea en la mesa de la sala.
Viena estaba en su habitación.
Zelinna miró su teléfono.
Un mensaje de Dereck había llegado hacía una hora.
"Salgo de la oficina en un momento."
Zelinna suspiró levemente.
—Freya —llamó desde la cocina.
—¿Sí?
—¿Terminaste tu tarea?
—Casi.
—Cuando termines puedes poner la mesa.
—Está bien.
Zelinna sacó los platos del gabinete.
El sonido de pasos bajando las escaleras anunció la llegada de Viena.
—¿Qué hay de cenar?
—Pasta.
—Bien.
Viena se sentó en la barra de la cocina.
—¿Papá viene?
—Eso dijo.
Viena miró el reloj.
—Siempre dice eso.
Zelinna colocó la salsa en la olla.
—Tal vez hoy llegue temprano.
Viena levantó ligeramente una ceja.
—Ojalá.
A las 7:50 pm se escuchó el sonido de un automóvil estacionándose afuera.
Freya levantó la cabeza inmediatamente.
—¡Papá!
Corrió hacia la puerta.
Zelinna se secó las manos con una toalla.
La puerta se abrió.
Dereck entró con el portafolio en la mano.
Su saco estaba ligeramente arrugado y su corbata aflojada.
Freya lo abrazó.
—¡Llegaste!
—Hola.
Su voz era baja.
Viena apareció en el pasillo.
—Hola.
—Hola.
Zelinna se acercó.
—Bienvenido.
Dereck dejó las llaves en la mesa.
—Gracias.
Zelinna lo observó un momento.
—La cena está lista.
—Bien.
Se quitó el saco y lo colocó sobre una silla.
Freya tiró suavemente de su mano.
—Hoy hicimos experimentos en clase.
Dereck sonrió débilmente.
—¿Sí?
—Sí.
—Cuéntame mientras cenamos.
Minutos después los cuatro estaban sentados en la mesa.
El vapor de la pasta subía lentamente de los platos.
Freya hablaba animadamente.
—Entonces mezclamos los líquidos y cambió de color.
—¿A qué color? —preguntó Dereck.
—A azul.
—Interesante.
Viena comía en silencio.
Zelinna observaba la mesa.
Después de unos minutos Freya terminó su historia.
—Y la maestra dijo que mi equipo lo hizo mejor.
—Muy bien —respondió Dereck.
Freya sonrió.
Zelinna levantó la mirada hacia su esposo.
—¿Y tu día?
Dereck tomó un poco de agua.
—Largo.
—¿Mucho trabajo?
—Sí.
Zelinna apoyó el codo sobre la mesa.
—¿En qué proyecto estás ahora?
Dereck giró ligeramente el tenedor entre sus dedos.
—Revisiones contables.
—¿De qué empresa?
—Varias.
Zelinna esperó un poco más.
—Hoy tuve una reunión con un cliente nuevo —dijo ella.
Dereck asintió.
—Bien.
—Es una empresa que está creciendo rápido.
—Ajá.
Zelinna continuó:
—Necesitan reorganizar todo su sistema contable.
Dereck siguió comiendo.
—Eso suele pasar.
Viena levantó la mirada un momento hacia su padre.
Luego volvió a su plato.
Zelinna habló nuevamente.
—Creo que será un proyecto grande.
—Eso es bueno.
—Sí.
El silencio volvió a la mesa.
Después de unos minutos Dereck dejó el tenedor.
—Estoy lleno.
Freya lo miró.
—¿Ya?
—Sí.
—Pero casi no comiste.
—No tengo mucha hambre.
Se levantó de la mesa.
—Voy a darme una ducha.
Freya frunció el ceño.
—¿No vas a quedarte un rato?
—Después.
Subió las escaleras.
Zelinna lo siguió con la mirada.
Más tarde esa noche, Zelinna estaba en la sala revisando unos papeles cuando escuchó pasos bajando las escaleras.
Dereck apareció con ropa cómoda.
Se dejó caer en el sofá.
Encendió la televisión.
Zelinna cerró el folder.
—¿Terminaste de bañarte?
—Sí.
—¿Te sientes mejor?
—Un poco.
La televisión iluminaba la sala con luces azules y blancas.
Zelinna se sentó junto a él.
—Hoy fue un día curioso.
Dereck cambió de canal.
—¿Sí?
—Sí.
—¿Por qué?
—Me encontré con un antiguo compañero de la universidad.
—Ajá.
—¿Recuerdas a Samuel?
Dereck miró la pantalla.
—Tal vez.
—Estaba trabajando cerca de mi oficina.
—Bien.
Zelinna lo miró.
—Hablamos un rato.
Dereck asintió.
—Qué bien.
Zelinna acomodó un cojín detrás de su espalda.
—También llamé a mi mamá.
—¿Cómo está?
—Dice que se siente mejor.
—Me alegra.
Zelinna esperó un momento.
—¿Sabes qué más pasó?
Dereck cambió nuevamente de canal.
—¿Qué?
—Freya quiere entrar a clases de pintura.
—Está bien.
—Dice que su maestra la animó.
—Perfecto.
Zelinna lo observó.
—¿Dereck?
—¿Sí?
—¿Me estás escuchando?
Dereck suspiró.
—Sí.
—Entonces mírame.
Dereck giró la cabeza hacia ella.
—Estoy escuchando.
—Solo quiero contarte cómo fue mi día.
Dereck se recargó en el sofá.
—Lo sé.
—Entonces dime algo.
Dereck frotó su frente con la mano.
—Zelinna…
—¿Sí?
—Estoy muy cansado.
Zelinna guardó silencio unos segundos.
—Solo estamos hablando.
—Lo sé.
—No es una discusión.
Dereck cerró los ojos un momento.
—El trabajo ha sido pesado.
—Entiendo.
—Solo quiero descansar un rato.
Zelinna bajó la mirada hacia sus manos.