Es un sentimiento contradictorio el que tengo ahora al estar sentada en la silla de estilismo, mientras la maquilladora y la peluquera hacen magia con mi aspecto exterior. La última vez que estuve sentada así fue cuando me preparaban para el papel de novia. En aquel entonces, me daban ganas de lanzar uno de los frascos contra el espejo para romperlo en mil pedazos y poder quitarme la vida con ellos. Ahora, en cambio, observo cómo los profesionales hacen su trabajo.
Malika logró convencerme de ir al evento de Jannat para que pudiera divertirme y distraerme de todo lo que he vivido en los últimos dos meses. No diré que me muera de ganas por estar allí, pero contradecirla es incómodo, considerando que estas personas hacen tanto por mí.
—Mi joven señora, ¿por qué tan sombría?
—Me preocupa estar de más allí y resultar inapropiada.
—¡Tonterías! Incluso el señor Halim piensa que es una idea maravillosa y que usted debería despejarse al menos un poco. Prácticamente no sale de la casa, a pesar de que hace mucho que dejó de ser una cautiva en ella.
Es que, simplemente, no tengo a dónde ir. Sí, intento aprovechar cada oportunidad para salir de casa y no marchitarme entre cuatro paredes, pero esos son momentos raros. El señor Halim pasa los últimos días ya sea en el trabajo o con su familia; no tiene tiempo para mis entretenimientos. Malika siempre tiene una infinidad de tareas que realiza como una abeja obrera. Amigos y conocidos no he logrado encontrar. Lo único que me queda es hablar por teléfono con mis familiares, ayudar de vez en cuando a las empleadas de la casa y jugar un poco con Liya, quien se ha convertido en algo nuevo en mi vida.
—Malika, es que yo no sé nada. ¿Y si avergüenzo al señor Halim y a Jannat? —a veces mi inseguridad cruza todos los límites, pero no puedo hacer nada al respecto.
—Mi señora, yo estaré a su lado. No estará sola allí.
—Usted debe ayudar a la señorita Jannat, no andar de niñera conmigo. Los últimos días han pasado muchísimo tiempo juntas. Comprendo que ella le es mucho más cercana, pero aun así extraño aquellos días en que conversábamos —mi honestidad resultó inesperada tanto para mí como para Malika, cuyos ojos se agrandaron por lo escuchado.
—¿Por qué se había quedado callada sobre esto? Sé que en los últimos días pasamos poco tiempo juntas, pero no es porque no me resulte interesante estar con usted, sino porque tuve que ayudar con la organización del evento por petición del señor Halim.
—No hay necesidad de explicar nada, Malika. Lo entiendo todo. Es solo que…
—¿Es solo que sintió celos porque ahora se le presta mucha atención a la llegada de la señorita Jannat y de Liya? —ante la pregunta, simplemente asiento—. No debería. Porque aun a pesar de que las costumbres de la casa han comenzado a cambiar, su palabra todavía tiene esa fuerza con la que el señor Halim la dotó.
—El señor Halim cambió tras la llegada de su exesposa. Se volvió de algún modo más animado y feliz. Incluso me sorprendió que él y la señorita Jannat hubieran decidido separarse.
Solo con Malika podía compartir lo que realmente me preocupaba. Me parece que ella entenderá correctamente mis palabras y no me juzgará por un comportamiento tan infantil. Aunque… la mirada que vi reflejada en el espejo me sorprendió. La mujer de pronto se quedó pensativa. Tenía la sensación de que en ella luchaban el deseo de contarme algo o, al contrario, de callárselo.
—El señor Halim revivió porque a su lado está su hija, más valiosa que la cual no tiene a nadie. En el divorcio actuó con nobleza y dejó que Liya viviera con su madre, debido a lo cual se ve obligado a mantener un contacto constante con ella.
—Malika, ¿de verdad él no pudo llegar a amar a una mujer como la señorita Jannat? Es muy hermosa, agraciada y educada. Al mirarlos, se puede ver a una pareja ejemplar.
—La señorita Jannat ha cambiado mucho desde el día en que pisó por primera vez la casa Al-Bishi. La recuerdo tan joven como lo es usted ahora. Muchos años han pasado desde entonces, pero esa mirada llena de amor hacia el señor Halim no ha desaparecido. Solo Alá sabe por qué entre ellos no hay reciprocidad.
Lo escuchado me obligó a reflexionar. En mi cabeza surgieron de inmediato los recuerdos de los momentos en que el señor Halim estaba junto a esa mujer. Cada vez experimentaba sentimientos extraños que me costaba explicarme a mí misma. Me parecía que no eran una expareja, sino una verdadera familia. Aunque, las palabras de Malika me regalan cierto alivio.
—¿Cómo cree, el señor Halim tiene a alguien ahora?
—¿Y por qué el interés? —la astuta sonrisa de la mujer y su pregunta capciosa hicieron que me sonrojara. De no ser por la buena capa de base de maquillaje, mis mejillas me habrían delatado.
—No lo sé.
—El señor Halim no comparte conmigo sus sentimientos. Pero puedo sacar conclusiones por lo que veo ahora —Malika hace una pausa, y yo me tenso visiblemente—. Llevamos mucho tiempo sin vivir bajo el mismo techo, pero aun así, de mi mirada no puede ocultarse esa atención y preocupación que él demuestra ahora. Y además, el señor Halim se está comportando con mucha prudencia para no asustar a nadie. Es la primera vez que lo veo preocuparse tanto por el confort de alguien y hacer todo lo posible para impresionar a una persona. Creo que una indirecta más transparente me sería difícil de hacer.