Cautivo

CAPÍTULO 10: “EL CAMINO QUE SIEMPRE FUE MÍO”

No fue verlo ahí lo que me destruyó…

Fue saber que yo misma lo había guiado hasta ese lugar.

La puerta seguía abierta detrás de mí, pero ya no había salida. No realmente. Porque el hombre que estaba frente a nosotros no parecía sorprendido. No parecía tenso. No parecía haber llegado por casualidad.

Parecía… esperarme.

—Llegaste —dijo con calma, como si todo esto fuera inevitable.

Mi corazón latía con fuerza, pero no era miedo lo que sentía. Era algo más profundo. Más oscuro.

Reconocimiento.

—Yo… —intenté hablar, pero mi voz no salió como quería—.

No sabía qué decir.

No sabía qué preguntar.

Porque en el fondo…

Ya sabía la respuesta.

—Claro que vendrías por aquí —continuó—. Siempre eliges este camino cuando estás bajo presión.

El aire se volvió pesado.

—¿Quién eres? —pregunté, aunque esa vez la pregunta no llevaba convicción.

Sonrió.

No como Adrián.

No con dolor.

No con obsesión.

Sino con certeza.

—Soy quien te enseñó a pensar antes de sentir.

El golpe fue directo.

—Eso no es cierto…

—Lo es —respondió—. Aunque ahora intentes negarlo.

Adrián dio un paso al frente.

—No te acerques.

El hombre lo miró apenas, sin darle verdadera importancia.

—Siempre tan impulsivo…

Su mirada volvió a mí.

—Eso es lo que te gustaba de él, ¿no?

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué…?

—Esa forma de actuar sin pensar…

Su voz bajó.

—…de sentir sin medir las consecuencias.

El silencio cayó.

—No le hables —gruñó Adrián.

—¿Por qué? —preguntó el otro—. ¿Tienes miedo de que recuerde lo que realmente eligió?

El aire se volvió irrespirable.

—No elegí nada —dije, pero mi voz tembló.

—Sí lo hiciste.

Un paso hacia mí.

—Elegiste control.

Otro paso.

—Elegiste poder.

Otro más.

—Me elegiste a mí.

Mi corazón se aceleró.

—Eso no es verdad…

—Lo es —respondió con calma—. Porque conmigo… nunca fuiste débil.

El silencio explotó dentro de mí.

—No soy débil —dije, más firme.

—No —asintió—. Nunca lo fuiste.

Se inclinó apenas.

—Pero con él…

Sus ojos se desviaron hacia Adrián.

—Te permitías serlo.

El golpe fue brutal.

—Eso no es cierto —intervino Adrián—.

—Lo es —respondió el hombre—. Y por eso la perdiste.

El silencio se volvió peligroso.

—No la perdí —gruñó Adrián—. Me la arrebataron.

El hombre sonrió.

—No…

Su voz fue más baja.

Más precisa.

—Ella se fue.

Mi respiración se cortó.

—No…

Pero la palabra no tenía fuerza.

Porque dentro de mí…

Algo se estaba rompiendo.

—Valeria —dijo el hombre—.

Mi nombre en su voz no fue suave.

Fue firme.

—Mírame.

Y lo hice.

No debería haberlo hecho.

Pero lo hice.

—Recuerda —murmuró.

Y entonces…

La imagen llegó.

Completa.

Brutal.

Irreversible.

Yo.

De pie frente a él.

No atada.

No confundida.

Decidida.

Adrián detrás de mí…

Sangrando.

Debilitándose.

Y mi voz…

—“No puedo seguir así.”

El aire desapareció.

—“Contigo… soy débil.”

Mi corazón se rompió.

—“Con él… soy invencible.”

Abrí los ojos de golpe.

Horrorizada.

—No…

El silencio fue absoluto.

Adrián no se movió.

No habló.

Pero su mirada…

Se quebró.

—Eso… —susurré—. Eso no puede ser lo que dije…

El hombre asintió.

—Lo dijiste.

—No…

—Sí.

—No…

—Sí.

El eco de sus palabras me destruyó.

—Entonces… —mi voz tembló—. ¿yo elegí esto?

—Sí.

El silencio cayó como una sentencia.

—No fue por salvarlo —continuó—.

Su voz se volvió más fría.

—Fue por salvarte a ti misma.

El golpe fue brutal.

—Eso no es cierto…

—Lo es —respondió—. Porque en el fondo…

Se inclinó más cerca.

—Siempre quisiste ser más que lo que eras con él.

Mi respiración se volvió errática.

—No…

—Sí.

—No soy esa persona.

—Lo fuiste.

—No…

—Y puedes volver a serlo.

El aire se volvió helado.

—No quiero.

—Eso dices ahora.

Silencio.

—Pero cuando recuerdes todo…

Su voz bajó.

—…vas a entender por qué me elegiste.

Adrián dio un paso adelante.

—No la mires.

—¿Por qué? —preguntó el otro—. ¿Tienes miedo de que vuelva a elegir?

El silencio se tensó.

—No —respondió Adrián—.

Su voz fue más baja.

Más peligrosa.

—Tengo miedo de que no tenga opción.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué significa eso?

El hombre sonrió.

—Significa que no todo fue una elección.

El aire desapareció.

—¿Qué?

—Significa que alguien más decidió por ti también.

Mi mente giró.

—No entiendo…

—Claro que no —respondió—. Porque aún no recuerdas todo.

Se acercó un paso más.

—Pero estás cerca.

Demasiado cerca.

—No te acerques —dije, retrocediendo.

Pero mi cuerpo…

No se movió como debería.

—¿Ves? —murmuró—. No puedes alejarte.

El miedo volvió.

Real.

—Adrián…

Él ya estaba listo.

Tenso.

Preparado.

—Aléjate de ella —gruñó.

El hombre no respondió.

Solo me miró.

Fijamente.

—Ven conmigo —dijo.

Mi corazón dio un vuelco.

—No…

—Sí.

—No…

—Sí —repitió—. Porque esto…

Señaló la casa.

—…no es donde perteneces.

Mi respiración se volvió irregular.

—Yo no pertenezco a ningún lado.

—Te equivocas.

Se inclinó más cerca.

—Perteneces donde puedes ser lo que realmente eres.

El silencio cayó.

Y en ese instante…

Lo sentí.

La duda.

La grieta.

El peligro real.

Porque una parte de mí…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.