Cautivo

CAPÍTULO 13: “LA PARTE DE MÍ QUE NO QUIERE VOLVER”

No fue recordar lo que hice…

Fue descubrir que una parte de mí aún lo desea.

El silencio se volvió insoportable después de admitirlo. No había forma de suavizarlo, de esconderlo, de justificarlo. Lo había visto con claridad. No era una versión distorsionada. No era algo implantado.

Era mío.

Y lo peor…

Era que no me horrorizaba como debería.

—No… —susurré, retrocediendo un paso—. No puede ser…

Pero sí podía.

Porque lo había sentido.

Ese momento.

Ese poder.

Esa decisión.

—Valeria… —dijo Adrián, más bajo, más contenido.

Lo miré.

Y por primera vez…

No vi solo dolor en sus ojos.

Vi miedo.

—Yo… —tragué saliva—. yo sabía lo que hacía.

El aire se volvió denso.

—Sí —respondió él.

—No me obligaron.

—No.

—No me manipularon.

—No en ese momento.

El golpe fue brutal.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—Entonces yo elegí esto.

El silencio cayó como una sentencia.

—Sí.

El eco retumbó dentro de mí.

—No…

—Sí.

—No soy así.

—Lo fuiste.

—No…

—Lo eres —corrigió—. Solo que lo olvidaste.

Mi respiración se volvió errática.

—No quiero ser esa persona.

—Pero lo fuiste.

—No…

—Y lo disfrutaste.

El mundo se detuvo.

—Eso no es cierto…

Pero mi voz no tenía convicción.

Porque dentro de mí…

Algo se movió.

Una sensación.

Oscura.

Familiar.

—No…

—Sí —murmuró Adrián—. Lo sentiste, ¿verdad?

No respondí.

No podía.

Porque sí…

Lo había sentido.

—Ese momento…

Se acercó un paso.

—Cuando firmaste…

Su voz bajó.

—…no estabas dudando.

El aire desapareció.

—Estaba segura.

Las palabras salieron solas.

Y cuando lo hicieron…

Me congelé.

—¿Ves? —dijo él.

Mi corazón golpeó con fuerza.

—No… eso no…

—Sí.

—No soy esa persona.

—Entonces deja de recordarlo.

El silencio explotó.

—No puedo.

—Entonces acéptalo.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No quiero esto.

—Pero ya lo elegiste.

Mi respiración se volvió irregular.

—Entonces… ¿qué hago ahora?

Silencio.

Y luego…

—Decidir otra vez.

El aire se tensó.

—No…

—Sí.

—No voy a volver a elegir eso.

—Eso dices ahora.

—Lo digo en serio.

—No lo sé.

Su voz fue más baja.

Más peligrosa.

—Porque la parte de ti que lo hizo…

Se inclinó apenas hacia mí.

—…no ha desaparecido.

Un escalofrío me recorrió entera.

—No…

—Sí.

—No quiero eso dentro de mí.

—No tienes que quererlo.

—Entonces sácalo.

El silencio fue brutal.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque no es algo que te pusieron…

Se detuvo.

—Es algo que siempre estuvo ahí.

El mundo se inclinó.

—Eso no es cierto…

—Lo es.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más irreversible.

—Entonces… —mi voz tembló—. ¿yo siempre fui así?

Silencio.

—Siempre tuviste esa capacidad.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—Eso no soy yo.

—Es una parte de ti.

Mi respiración se volvió irregular.

—Entonces…

Un latido.

Dos.

Tres.

—¿qué pasa si esa parte gana?

El silencio cayó.

Pesado.

Irrompible.

—Entonces…

Adrián no terminó la frase.

Pero no hacía falta.

Lo entendí.

—Me pierdes.

Él no respondió.

Y eso…

Fue suficiente.

—No quiero eso —susurré.

—Entonces lucha.

—¿Contra qué?

Se acercó más.

—Contra ti misma.

El aire se volvió irrespirable.

—No sé cómo hacer eso.

—Empieza por no mentirte.

El golpe fue directo.

—No me estoy mintiendo.

—Sí lo haces.

—No…

—Sí —insistió—. Porque sabes exactamente qué sentiste cuando firmaste.

Mi corazón se detuvo.

—No…

—Sí.

—No fue…

Pero no pude terminar la frase.

Porque lo sentí otra vez.

Ese instante.

Esa seguridad.

Esa fuerza.

—Poder…

La palabra escapó de mis labios.

El silencio explotó.

—Eso es lo que querías —dijo Adrián.

Mi respiración se volvió errática.

—No…

—Sí.

—No era solo eso…

—¿Entonces qué más?

Silencio.

Y entonces…

Otra sensación.

Más profunda.

Más oscura.

—Control…

Mi voz fue apenas un susurro.

El aire se volvió pesado.

—¿Ves?

—No…

—Sí.

—No quiero eso…

—Pero lo quisiste.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más brutal.

—Entonces… —susurré—. ¿qué me detuvo?

Silencio.

Y luego…

—Yo.

El golpe fue directo.

—¿Qué?

—Yo te detuve.

Mi corazón se aceleró.

—¿Cómo?

—Haciéndote sentir algo que no podías controlar.

El aire desapareció.

—¿Qué cosa?

Se inclinó más cerca.

—A mí.

El mundo se detuvo.

—No…

—Sí.

—Eso no…

—Lo es —interrumpió—. Porque conmigo…

Su voz bajó.

—…no eras poderosa.

Un latido.

Dos.

Tres.

—Eras vulnerable.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Y eso…

Sus ojos se clavaron en los míos.

—…te aterraba más que cualquier otra cosa.

Mi respiración se cortó.

—No…

—Sí.

—No tengo miedo de sentir.

—Lo tienes.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más profundo.

Más real.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿por eso me fui?

Silencio.

Y luego…

—Sí.

El golpe fue devastador.

—No…

—Elegiste el control… sobre lo que no podías manejar.

El aire se volvió frío.

—Eso no soy yo ahora.

—Eso es lo que vamos a ver.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.