Cautivo

CAPÍTULO 14: “LA VERDAD QUE ME HACE IMPERDONABLE”

No fue saber que lo había herido lo que me destruyó…

Fue entender que lo hice sabiendo exactamente cuánto dolería.

El silencio entre nosotros se volvió insoportable después de sus palabras. No había reproche en su voz. No había odio. Y eso… eso era peor.

Porque significaba que había aceptado lo que yo había hecho.

Y aún así… estaba aquí.

—No me creíste… —repetí en un susurro.

Adrián negó levemente.

—No.

Mi corazón latía con fuerza.

—¿Por qué?

Silencio.

—Porque te conozco.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No me conoces.

—Más de lo que quisieras.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces dime —exigí—. ¿qué viste que yo no?

Se acercó un paso.

—Que no estabas huyendo de mí…

Su voz bajó.

—Estabas huyendo de lo que sentías conmigo.

El aire desapareció.

—Eso no es cierto…

—Lo es.

—No…

—Sí.

—No tenía miedo de eso.

—Sí lo tenías.

—No…

—Porque conmigo…

Se inclinó apenas.

—…no podías controlar nada.

El silencio explotó dentro de mí.

—Eso no es un problema.

—Para ti sí lo era.

Mi respiración se volvió irregular.

—No soy alguien que huya.

—Lo hiciste.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más brutal.

—Entonces… —mi voz tembló—. ¿por qué no me dejaste ir?

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

—Porque sabía que no eras tú.

El golpe fue directo.

—Sí era yo.

—No completamente.

—Lo hice.

—Sí.

—Entonces fui yo.

—Fuiste tú… pero no toda tú.

El aire se volvió denso.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tendrá.

—No…

—Sí.

—Explícalo.

Silencio.

Y luego…

—Esa versión de ti…

Se detuvo.

—No era la que elegía quedarse.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué significa eso?

—Que algo en ti…

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Siempre quiso quedarse conmigo.

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

—No puedes saber eso.

—Lo sé.

—¿Cómo?

Se inclinó más cerca.

—Porque lo sentí.

Un latido.

Dos.

Tres.

—¿Qué sentiste?

Silencio.

—Duda.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—No dudé.

—Sí lo hiciste.

—No…

—Sí —insistió—. Dudaste justo antes de irte.

El eco volvió.

Más profundo.

Más real.

—Eso no cambia nada.

—Lo cambia todo.

Mi respiración se volvió irregular.

—¿Por qué?

—Porque significa que no estabas segura.

El aire se volvió pesado.

—Pero igual me fui.

—Sí.

—Entonces eso es lo que importa.

—No para mí.

El silencio cayó.

—¿Por qué?

Se acercó un paso más.

—Porque esa duda…

Su voz bajó.

—…es la razón por la que estás aquí ahora.

Mi corazón se aceleró.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tendrá.

—No…

—Sí.

—Entonces dime —insistí—. ¿por qué volví?

Silencio.

Y luego…

—Porque nunca terminaste de irte.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más inevitable.

—Entonces… —susurré—. ¿esto… siempre estuvo pasando?

—Desde el momento en que firmaste.

Mi mente giró.

—No…

—Sí.

—No puede ser tan simple.

—No lo es.

—Entonces complícalo.

Silencio.

Y luego…

—No solo firmaste un acuerdo.

El aire desapareció.

—¿Qué más hice?

Se acercó más.

—También rompiste algo.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué?

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

—A alguien.

El mundo se inclinó.

—¿A quién?

Sus ojos no se apartaron de los míos.

—A ti misma.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—Eso no es posible…

—Lo es.

—¿Cómo?

Se inclinó apenas.

—Te separaste.

Mi respiración se cortó.

—¿Separé… qué?

—Lo que sentía… de lo que hacías.

El aire se volvió irrespirable.

—Eso no…

—Sí.

—No soy capaz de hacer eso.

—Lo hiciste.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más profundo.

Más irreversible.

—Entonces… —mi voz tembló—. ¿hay una parte de mí que todavía…?

No terminé la frase.

Pero él sí la entendió.

—Sí.

El silencio explotó.

—¿Y esa parte…?

—Nunca se fue.

El aire desapareció.

—¿Dónde está?

Se acercó más.

Demasiado.

—Aquí.

Sus dedos rozaron mi pecho.

Y el impacto…

Fue inmediato.

Un latido fuerte.

Luego otro.

Y otro más.

Demasiado rápido.

Demasiado real.

—No…

—Sí.

—Eso no significa nada.

—Significa todo.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Entonces… —susurré—. ¿por qué no la siento?

Se inclinó más cerca.

—Porque la enterraste.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No recuerdo haber hecho eso.

—Porque no querías hacerlo.

Mi respiración se volvió irregular.

—Entonces…

Un latido.

Dos.

Tres.

—¿qué pasa si vuelve?

El silencio cayó.

Pesado.

Irrompible.

—Eso depende de ti.

El aire se volvió denso.

—¿Cómo?

—De lo que elijas ahora.

El eco volvió.

—Otra vez elegir…

—Siempre fue así.

—No quiero elegir.

—Entonces alguien más lo hará por ti.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No voy a permitirlo.

—Entonces decide.

El silencio se volvió insoportable.

—No puedo.

—Sí puedes.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más inevitable.

—Entonces dime…

Mi voz tembló.

—¿qué pasa si elijo mal otra vez?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.