No fue descubrir que lo borré lo que me destruyó…
Fue entender que no quería que volviera a encontrarme.
El peso de ese recuerdo cayó sobre mí como algo imposible de sostener. No había duda. No había manipulación. No había excusa.
Yo lo había hecho.
Yo había dado la orden.
Yo había decidido desaparecer de su vida… de la peor forma posible.
—No… —susurré, con la respiración temblando—. Yo no haría eso…
Pero lo había hecho.
Lo sentía.
Ese momento.
Ese control.
Esa frialdad.
—Valeria…
La voz de Adrián fue más baja que nunca.
Pero no había enojo.
Eso…
Era lo que más dolía.
—Yo… te borré —dije, sin poder sostener su mirada—.
Silencio.
Pesado.
Irreversible.
—Sí.
El golpe fue final.
—No…
—Sí.
—Eso es peor que dispararte…
—Lo fue.
El eco retumbó dentro de mí.
—Entonces…
Mi voz se quebró.
—¿por qué me buscaste?
Silencio.
Largo.
Doloroso.
—Porque no funcionó.
El mundo se detuvo.
—¿Qué…?
Levanté la mirada.
Confundida.
—¿Qué no funcionó?
Se acercó un paso.
—El olvido.
El aire desapareció.
—No…
—Sí.
—Pero… si yo di la orden…
—No fue suficiente.
El eco volvió.
Más profundo.
Más peligroso.
—¿Qué significa eso?
Silencio.
Y luego…
—Que no podían borrarme completamente.
Mi corazón se detuvo.
—¿Por qué?
Se inclinó apenas.
—Porque tú no querías que lo hicieran.
El golpe fue devastador.
—No…
—Sí.
—Eso no tiene sentido…
—Lo tendrá.
—No…
—Sí.
—Si yo di la orden…
Mi respiración se volvió irregular.
—¿cómo no iba a quererlo?
Silencio.
Y luego…
—Porque dudaste.
El aire se volvió denso.
—Otra vez…
—Siempre fue así.
—No…
—Sí.
El eco volvió.
Más fuerte.
Más inevitable.
—Entonces…
Mi voz tembló.
—¿qué pasó exactamente?
Silencio.
Pesado.
Irrompible.
—Diste la orden…
Su voz bajó.
—…pero dejaste una puerta abierta.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué puerta?
Se acercó más.
—Una forma de encontrarme.
El mundo se inclinó.
—No…
—Sí.
—Eso no tiene sentido…
—Lo tendrá.
—No…
—Sí.
—¿Cómo?
Silencio.
Y luego…
—Dejaste un rastro.
El aire desapareció.
—¿Qué…?
—Un error…
Se detuvo.
—…o una decisión.
Mi respiración se volvió errática.
—No recuerdo eso…
—Porque no quieres.
El eco volvió.
Más profundo.
Más real.
—Entonces…
Un latido.
Dos.
Tres.
—¿cómo me encontraste?
Silencio.
Y luego…
—Porque no pude dejar de buscarte.
El golpe fue directo.
—Eso no responde nada…
—Responde todo.
—No…
—Sí.
—Necesito saberlo.
Se acercó más.
—Lo encontré…
Su voz bajó.
—…porque tú querías que lo hiciera.
El aire se volvió irrespirable.
—No…
—Sí.
—No quería que me encontraras…
—Sí querías.
—No…
—Sí —insistió—. Porque dejaste algo que solo yo podía entender.
El silencio explotó dentro de mí.
—¿Qué dejé?
Silencio.
Pesado.
Irrompible.
—Una señal.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué tipo de señal?
Se inclinó más cerca.
—Algo que no podía ignorar.
El aire se volvió denso.
—No recuerdo haber hecho eso…
—Pero lo hiciste.
El eco volvió.
Más fuerte.
Más inevitable.
—Entonces…
Mi voz tembló.
—¿yo quería que volvieras?
Silencio.
Y luego…
—Sí.
El golpe fue devastador.
—No…
—Sí.
—Eso no tiene sentido…
—Lo tendrá.
—No…
—Sí.
—Entonces…
Mi respiración se volvió irregular.
—¿por qué hice todo eso?
Silencio.
Largo.
Pesado.
Y luego…
—Porque no pudiste elegir.
El aire desapareció.
—¿Qué…?
—Querías el poder…
Un segundo.
Dos.
Tres.
—Y también querías quedarte conmigo.
El mundo se rompió.
—No…
—Sí.
—Eso no es posible…
—Lo es.
El eco volvió.
Más profundo.
Más peligroso.
—Entonces…
Mi voz tembló.
—¿me dividí?
Silencio.
Y luego…
—Sí.
El golpe fue irreversible.
—No…
—Sí.
—Eso no…
—Lo hiciste —interrumpió—. Separaste lo que sentías… de lo que elegías.
Mi respiración se volvió errática.
—Entonces…
Un latido.
Dos.
Tres.
—¿hay una parte de mí que todavía…?
No terminé la frase.
Pero él sí la entendió.
—Que nunca dejó de amarme.
El silencio cayó.
Pesado.
Irreversible.
—Y otra…
Su voz bajó.
—…que decidió destruir todo.
El aire desapareció.
—No…
—Sí.
—Eso no puede ser real…
—Lo es.
El eco volvió.
Más fuerte.
Más inevitable.
—Entonces…
Mi voz tembló.
—¿cuál soy ahora?
Silencio.
Y luego…
—Las dos.
El golpe fue devastador.
—No…
—Sí.
—No puedo ser ambas cosas…
—Ya lo eres.
El aire se volvió irrespirable.
—Entonces…
Mi respiración se volvió irregular.
—¿qué pasa si una gana?
Silencio.
Pesado.
Irrompible.
—Eso es lo que ellos están esperando.
El miedo volvió.
Más fuerte.
Más real.
—¿Ellos?
—Los que firmaron contigo.
El aire se volvió frío.
—¿Qué quieren exactamente?
Silencio.
Y luego…
—Que elijas definitivamente.
El golpe fue directo.
—Otra vez…
—Siempre fue así.
El eco volvió.
Más profundo.