Cautivo

CAPÍTULO 20: “EL DISPARO QUE NO ERA PARA ÉL”

No fue fallar lo que me estremeció…

Fue saber que no quise acertar.

El eco del disparo aún vibraba en las paredes cuando todo quedó en silencio. No un silencio vacío… uno cargado. Pesado. Vivo.

El arma seguía en mi mano.

El humo aún salía del cañón.

Y Adrián…

Seguía de pie.

Mi respiración continuaba estable. Demasiado estable.

Pero algo dentro de mí…

Había cambiado.

—No… —susurré.

El eco de esa palabra no fue frío.

No fue calculado.

Fue… humano.

Y eso…

Fue suficiente para romper el equilibrio.

—Valeria…

La voz de Adrián ya no sonaba tensa.

Sonaba alerta.

Esperando.

Observando.

—¿Por qué…? —preguntó en voz baja—.

No respondió el protocolo.

Respondí yo.

—No podía…

El aire se volvió pesado.

—No podía hacerlo.

El arma bajó lentamente en mi mano.

Y con ese simple movimiento…

Todo se quebró.

—Ahí estás —murmuró él.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No sé qué está pasando…

—Estás luchando.

El eco volvió.

Pero esta vez…

No fue frío.

Fue real.

—No debería haber dudado…

Mi voz tembló.

—No debería…

—Pero dudaste.

El aire se volvió denso.

—Eso no estaba en el plan…

—Entonces el plan ya falló.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—No puede fallar…

—Ya lo hizo.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más inevitable.

—No…

—Sí.

—No…

—Valeria.

Su voz fue firme.

Presente.

—Mírame.

Lo hice.

Y en ese instante…

Lo sentí.

Esa parte de mí…

Que no era cálculo.

Que no era control.

—No quiero hacerte daño…

Las palabras salieron solas.

Y esta vez…

Eran completamente mías.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Entonces no lo hagas.

El aire se volvió irrespirable.

—No es tan simple…

—Lo es.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Pero ya no dominaba.

—Hay algo dentro de mí…

Mi voz tembló.

—Que sigue empujando…

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Lo sé.

—Y no sé cuánto tiempo más puedo detenerlo…

El silencio se tensó.

—Entonces no lo detengas sola.

El golpe fue directo.

—¿Qué…?

—No tienes que hacerlo sola.

El aire se volvió pesado.

—Esto lo diseñé yo…

—Pero ya no eres la misma.

El eco volvió.

Más débil.

Más distante.

—No…

—Sí.

—No puedo confiar en eso…

—Confía en mí.

El mundo se detuvo.

—No debería…

—Pero lo haces.

El silencio cayó.

Y por primera vez…

No tuve una respuesta inmediata.

—Eso…

Mi voz bajó.

—Eso es lo que me hace débil…

—Eso es lo que te hace humana.

El golpe fue devastador.

—No puedo ser ambas cosas…

—Ya lo eres.

El eco volvió.

Más suave.

Más real.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿qué pasa ahora?

Silencio.

Y luego…

—Ahora decides de verdad.

El aire se volvió denso.

—No…

—Sí.

—No puedo…

—Sí puedes.

El eco volvió.

Pero ya no dominaba.

—Si elijo mal…

Mi voz tembló.

—Esto termina peor…

—Y si no eliges…

Se inclinó apenas más cerca.

—Termina seguro.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No quiero desaparecer…

—Entonces no lo hagas.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Adrián…

Lo miré.

Directo.

Real.

—Si sigo…

Un latido.

Dos.

Tres.

—¿puedo volver a ser como antes?

El aire se volvió irrespirable.

—No completamente.

El golpe fue brutal.

—¿Por qué?

—Porque ya sabes demasiado.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿qué soy ahora?

Silencio.

Y luego…

—Alguien que puede elegir distinto.

El aire se volvió pesado.

—¿Y eso es suficiente?

Se acercó más.

—Depende de lo que hagas con eso.

El silencio cayó.

Y en ese instante…

Lo sentí otra vez.

Esa presencia.

Esa presión.

Pero ahora…

Era distinta.

No tan dominante.

No tan absoluta.

—Valeria…

Mi voz…

Pero no completamente mía.

—“El tiempo terminó.”

El aire se congeló.

—No…

Mi respiración se volvió errática.

—No… ahora no…

—¿Qué pasa? —preguntó Adrián.

No respondí.

Porque ya lo sabía.

—Se está acelerando…

El silencio explotó.

—¿Qué?

—El protocolo…

Mi voz tembló.

—No debería activarse así…

Pero lo estaba haciendo.

Más rápido.

Más fuerte.

Más agresivo.

—Valeria…

—No puedo detenerlo…

El aire se volvió irrespirable.

—Entonces tenemos que salir de aquí.

—No —dije—. No es físico…

El eco volvió.

Más intenso.

Más cercano.

—“Finaliza.”

Mi cuerpo se tensó.

El arma…

Volvió a levantarse.

Pero esta vez…

No era yo quien lo hacía.

—No…

Intenté detenerlo.

Pero mis manos…

No respondían completamente.

—Valeria —dijo Adrián—.

—Corre…

Mi voz salió rota.

—¿Qué?

—Corre ahora…

El aire se volvió pesado.

—No voy a dejarte.

—No es una opción…

El eco volvió.

Más fuerte.

—“Objetivo primario.”

Mi respiración se volvió errática.

—No…

—Valeria…

—¡CORRE!

El grito salió con fuerza.

Real.

Urgente.

Pero ya era tarde.

Porque en ese instante…

Mi dedo…

Se tensó otra vez.

Y esta vez…

No había duda.

No había resistencia.

No había emoción.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.