No fue perder el control lo que me destruyó…
Fue recuperarlo demasiado tarde.
La oscuridad no llegó como un golpe. Llegó como un descenso lento, inevitable, como si todo dentro de mí se hubiera desconectado por capas. Primero la emoción. Luego el dolor. Luego el pensamiento.
Y al final…
Nada.
Pero el vacío no duró.
Porque algo… volvió.
Un sonido.
Débil.
Lejano.
Irregular.
Un latido.
Mi latido.
Y otro más.
No mío.
Abrí los ojos de golpe.
El aire entró en mis pulmones como si hubiera estado ahogándome durante horas.
—Ah…
Mi cuerpo se tensó.
Mi mente volvió.
Y con ella…
Todo.
El disparo.
La caída.
La sangre.
—No…
Me incorporé de golpe.
Y lo vi.
Adrián.
En el suelo.
Donde lo había dejado.
Donde lo había perdido.
—No… no…
Me arrastré hacia él.
Mis manos temblaban.
Mi respiración era un caos.
—Adrián…
Lo toqué.
Frío.
Demasiado quieto.
—No…
Pero entonces…
Lo sentí.
Un leve movimiento.
Apenas perceptible.
Pero real.
—…
Me congelé.
—No…
Mi mano fue a su pecho.
Y ahí…
Otra vez.
Un latido.
Débil.
Irregular.
Pero ahí.
—No…
El aire volvió a mis pulmones con fuerza.
—No… esto no…
Pero era real.
—Adrián…
Mi voz tembló.
—Adrián, mírame…
Nada.
Pero el latido seguía.
—No estás muerto…
Un suspiro quebrado escapó de mis labios.
—No estás muerto…
Mis manos buscaron la herida.
La sangre…
Seguía.
Pero algo no encajaba.
No como antes.
No como debería.
—Esto…
Mi respiración se volvió irregular.
—Esto no es normal…
El silencio respondió.
Pesado.
Irreversible.
Y entonces…
Lo recordé.
Ese momento.
Después del primer disparo.
Cuando volví.
Cuando no lo dejé morir.
—No…
Mi voz se quebró.
—No puede ser…
Pero sí podía.
Porque lo había hecho.
Lo había salvado…
De una forma que no entendía completamente.
—Yo…
Tragué saliva.
—Yo hice algo…
El aire se volvió denso.
—Algo que no recuerdo…
El eco volvió.
Más profundo.
Más peligroso.
—Adrián…
Lo miré.
Y por primera vez…
No vi solo a alguien que había herido.
Vi algo más.
Algo que no encajaba con lo humano.
—¿Qué te hice…?
Silencio.
Y entonces…
Sus dedos se movieron.
Apenas.
Pero fue suficiente.
—…
—¡Adrián!
Mi voz se quebró.
—¿Puedes oírme?
Sus ojos no se abrieron.
Pero su cuerpo…
Respondía.
Lento.
Inestable.
—No… esto no…
Mi mente giraba.
—No es posible…
Pero lo era.
Porque yo lo había hecho posible.
—“No dejes que muera…”
La voz en mi cabeza no era el protocolo.
Era mía.
Pero distinta.
Más profunda.
Más antigua.
—“Todavía no…”
El aire se volvió frío.
—¿Qué significa eso…?
El silencio no respondió.
Pero mi memoria sí.
Fragmentos.
Rápidos.
Incompletos.
Un lugar oscuro.
Personas.
Instrumentos.
Y yo…
Ordenando.
—“Mantenlo con vida.”
Mi respiración se detuvo.
—No…
—“No completamente…”
El mundo se inclinó.
—No…
—“Solo lo suficiente…”
Abrí los ojos con fuerza.
—No…
El horror me atravesó.
—Yo no…
Pero sí.
Lo había hecho.
No lo había salvado por completo.
Lo había dejado en un punto intermedio.
Entre vivir…
Y no poder ser libre.
—No…
Mi voz se quebró.
—¿Qué te hice…?
El silencio cayó.
Pesado.
Irreversible.
Y entonces…
Sus ojos…
Se abrieron.
Lentamente.
Pero no como antes.
Había algo distinto en ellos.
Algo más oscuro.
Más profundo.
—…
—Adrián…
Me incliné hacia él.
—¿Puedes oírme?
Su mirada se movió apenas.
Y se clavó en mí.
Pero no había reconocimiento inmediato.
No completo.
—Valeria…
Su voz fue baja.
Rota.
Pero ahí.
—Estoy aquí…
El aire se volvió irrespirable.
—No…
Mi corazón se detuvo.
—No deberías estar consciente…
El silencio respondió.
—Nunca debí estarlo…
El golpe fue directo.
—¿Qué…?
Su mirada no se apartó de la mía.
—Eso es lo que hiciste…
El aire se volvió frío.
—No…
—Sí…
—No…
—Me dejaste en un punto…
Su voz bajó.
Más peligrosa.
—Donde no puedo morir…
Un segundo.
Dos.
Tres.
—Pero tampoco puedo escapar.
El mundo se rompió.
—No…
—Sí…
—Eso no es cierto…
—Lo es…
El eco volvió.
Más brutal.
Más irreversible.
—Entonces…
Mi voz tembló.
—¿qué eres ahora?
Silencio.
Pesado.
Irrompible.
Y su respuesta…
Fue más peligrosa que todo lo anterior.
—Lo que tú creaste.
El aire desapareció.
—No…
—Sí…
—No quise hacer eso…
—Pero lo hiciste.
El eco volvió.
Más profundo.
Más inevitable.
—Entonces…
Mi respiración se volvió irregular.
—¿qué significa esto ahora?
El silencio cayó.
Y en ese instante…
Lo entendí.
No lo había salvado.
Lo había convertido en algo más.
Algo que no debía existir.
Y lo peor…
Fue darme cuenta de algo aún más oscuro.
El protocolo…
Nunca fue solo para mí.