Cautivo

CAPÍTULO 25: “CUANDO EL MUNDO EMPIEZA A BORRARTE”

No fue ver el espacio deformarse lo que me hizo reaccionar…

Fue darme cuenta de que no estaba cambiando… estaba desapareciendo.

Las paredes ya no eran sólidas. No completamente. Se ondulaban, como si fueran una imagen inestable proyectada sobre algo que ya no existía. El aire vibraba. El sonido… se fragmentaba.

Y el tiempo…

El tiempo dejó de ser continuo.

—No… —susurré—. No están atacando…

Mi respiración se volvió irregular.

—Están borrando.

El silencio cayó como un golpe seco.

Adrián se movió apenas a mi lado.

Pero incluso su movimiento…

Parecía retrasarse una fracción de segundo.

—Valeria…

Su voz llegó distorsionada.

Como si atravesara capas.

—Mírame.

Lo hice.

Pero no fue fácil.

Porque por un instante…

No estuvo ahí.

—No…

El aire desapareció de mis pulmones.

—No… no…

Parpadeé.

Y volvió.

—Estoy aquí —dijo.

Pero su voz…

No sonaba completamente real.

—No por mucho tiempo —añadió.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No pueden hacer esto…

—Pueden —respondió—. Porque tú los autorizaste.

El eco volvió.

Más brutal.

Más irreversible.

—No…

—Sí.

—No sabía que esto era posible…

—Lo sabías.

El silencio explotó dentro de mí.

—No…

—Sí.

—No lo recordaba…

—Pero lo diseñaste.

El aire se volvió irrespirable.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿esto es el final?

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

—No…

El golpe fue directo.

—¿Qué?

—Esto es la corrección.

El mundo se inclinó.

—No…

—Sí.

—No pueden simplemente borrarnos…

—No si sigues siendo útil.

El eco volvió.

Más profundo.

Más peligroso.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿qué quieren ahora?

Silencio.

Y luego…

—Que vuelvas al diseño.

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

—No voy a hacerlo…

—Entonces te eliminan.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—No pueden…

—Ya lo están haciendo.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más inevitable.

Y entonces…

Lo sentí.

Mi mano.

La levanté lentamente.

Y por un segundo…

No estaba.

—No…

El aire se volvió frío.

—No…

La moví.

Y volvió.

Pero no completamente.

—Adrián…

Mi voz se quebró.

—Estoy…

Tragué saliva.

—Estoy desapareciendo.

El silencio respondió.

Pesado.

Irreversible.

—No completamente —dijo él.

El golpe fue directo.

—¿Qué…?

—Todavía estás conectada.

El aire se volvió denso.

—¿A qué?

Se acercó un paso.

Pero su figura…

Parpadeó.

—Al sistema.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿si rompo esa conexión…?

Silencio.

Y luego…

—Te vuelves imposible de borrar.

El mundo se detuvo.

—No…

—Sí.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿qué estoy esperando?

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

—El precio.

El golpe fue directo.

—¿Qué precio?

Sus ojos no se apartaron de los míos.

—Todo lo que aún te conecta con él.

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más brutal.

Más irreversible.

—No puedo…

—Entonces desapareces.

El silencio explotó.

—No…

—Sí.

—No quiero perderlo…

—Entonces el sistema gana.

El aire se volvió irrespirable.

—No…

—Sí.

—No puede ser así…

—Lo es.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi respiración se volvió errática.

—¿tengo que elegir entre existir… o él?

Silencio.

Y luego…

—Sí.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—No es justo…

—Nunca lo fue.

El eco volvió.

Más profundo.

Más real.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿qué pasa si lo elijo a él?

Silencio.

Largo.

Pesado.

—Desapareces.

El aire desapareció.

—¿Y si me elijo a mí?

El silencio se tensó.

—Él deja de existir.

El mundo se rompió.

—No…

—Sí.

—No puedo hacer eso…

—Entonces ellos lo harán por ti.

El eco volvió.

Más brutal.

Más irreversible.

—No…

—Sí.

—No voy a dejar que eso pase…

—Entonces decide ahora.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

Y entonces…

El espacio volvió a deformarse.

Más fuerte.

Más agresivo.

Una grieta.

Invisible.

Pero real.

Atravesó la habitación.

—“Fase final.”

El aire se volvió helado.

—No…

—“Eliminar anomalía.”

Mi respiración se detuvo.

—Adrián…

Lo miré.

Pero su cuerpo…

Ya no estaba completamente ahí.

—No…

—Valeria…

Su voz…

Se desvanecía.

—No hay más tiempo…

El golpe fue directo.

—No…

—Sí…

—No puedo…

—Sí puedes…

El eco volvió.

Más débil.

Más humano.

—Elige…

El mundo se inclinó.

—No…

—Ahora…

El silencio explotó.

Y en ese instante…

Lo entendí.

No era una elección entre él y yo.

Era una elección entre lo que éramos…

Y lo que ellos querían que fuéramos.

Mi respiración se volvió firme.

Por primera vez…

Sin miedo.

Sin duda.

Sin fragmentación.

—No voy a elegir entre nosotros…

El aire se detuvo.

—Voy a romper todo.

El silencio vibró.

—“Error…”

—“Error crítico…”

El mundo se tensó.

—“Colapso inminente…”

Y en ese instante…




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