Cautivo

CAPÍTULO 26: “EL COLAPSO QUE NO DEBERÍA EXISTIR”

No fue ver el mundo romperse lo que me dio miedo…

Fue darme cuenta de que no estaba desapareciendo… estaba tomando el control.

La grieta no se expandió como una destrucción. No fue un derrumbe. Fue algo más preciso. Más quirúrgico.

El espacio… comenzó a reordenarse.

Como si cada parte del sistema estuviera perdiendo su estructura original… y respondiendo a otra cosa.

A mí.

—“Colapso inestable…”

La voz ya no sonaba segura.

—“Reconfiguración no autorizada…”

El aire vibró.

Y por primera vez…

No me dolió.

No me resistí.

Lo sentí… natural.

—No…

Mi voz salió baja.

Pero firme.

—No es un colapso…

El silencio respondió.

Pesado.

Irreversible.

—Es una reescritura.

El mundo se tensó.

Las paredes… desaparecieron.

No se rompieron.

Simplemente dejaron de existir.

El suelo… se volvió inestable.

Pero no caí.

Porque ya no dependía de eso.

—Valeria…

La voz de Adrián llegó desde algún lugar.

Pero no completamente desde fuera.

También desde dentro.

—¿Qué estás haciendo…?

Lo busqué con la mirada.

Y por un instante…

Lo vi fragmentado.

Como si su forma no pudiera sostenerse completamente en esta nueva realidad.

—No lo sé…

Mi respiración era estable.

Demasiado estable.

—Pero ya no están decidiendo ellos.

El silencio vibró.

—“Anomalía fuera de control…”

—“Intentando contención…”

El aire se comprimió.

Como si intentaran cerrarse sobre mí.

Pero no funcionó.

—No…

Di un paso adelante.

Pero no fue un movimiento físico.

Fue algo más profundo.

—Esto ya no me pertenece…

El eco volvió.

Pero esta vez…

No desde ellos.

Desde mí.

—Me pertenece a mí.

El mundo respondió.

Las grietas…

Se expandieron.

Pero no destruyendo.

Reordenando.

—Adrián…

Lo sentí antes de verlo.

—Ven conmigo.

El aire se volvió denso.

—No puedo…

Su voz…

Distorsionada.

—No completamente…

El golpe fue directo.

—¿Por qué?

Silencio.

Y luego…

—Porque yo también soy parte del sistema ahora.

El mundo se inclinó.

—No…

—Sí.

—No puede ser…

—Lo hiciste tú.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿no puedes salir?

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

—No sin que tú termines esto.

El aire desapareció.

—¿Qué significa “terminar”?

Sus ojos…

Por un instante…

Se estabilizaron.

—Elegir de verdad.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más inevitable.

—Ya elegí…

—No.

El golpe fue directo.

—¿Qué…?

—Elegiste resistir.

Un segundo.

Dos.

Tres.

—Pero no elegiste qué hacer con eso.

El mundo se detuvo.

—No…

—Sí.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿qué tengo que hacer?

Silencio.

Y luego…

—Reescribir el núcleo.

El aire se volvió irrespirable.

—¿El núcleo?

—Tú.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

—Eso significa…

Mi respiración se cortó.

—Que tengo que cambiar lo que soy…

—Sí.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—¿Y si lo hago mal?

Silencio.

Pesado.

Irrompible.

—Entonces desaparecemos los dos.

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

—No puede ser tan simple…

—Nunca lo fue.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más brutal.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿cómo se reescribe algo así?

Silencio.

Y luego…

—Recordando por qué empezó todo.

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No quiero volver ahí…

—Es la única forma.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿tengo que recordar todo?

Silencio.

Y luego…

—Todo.

El aire se volvió denso.

—Incluso lo que no quiero…

—Especialmente eso.

El golpe fue devastador.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más brutal.

Más irreversible.

—Entonces…

Mi respiración se volvió errática.

—¿esto termina cuando lo haga?

Silencio.

Largo.

Pesado.

—No.

El mundo se inclinó.

—¿Qué…?

—Esto termina cuando aceptes quién eres.

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

—No quiero ser eso…

—Ya lo eres.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿qué cambia?

Silencio.

Y su respuesta…

Fue más peligrosa que todo lo anterior.

—Que dejas de negarlo…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—Y empiezas a decidirlo.

El aire se volvió frío.

—No…

—Sí.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más fuerte.

Más irreversible.

Y entonces…

Lo sentí.

No el sistema.

No la presión.

Algo más profundo.

Más antiguo.

Más mío.

Un recuerdo.

No fragmentado.

No incompleto.

Total.

Yo…

Antes de todo.

Antes del acuerdo.

Antes del disparo.

Antes de Adrián.

Y mis propias palabras…

—“No voy a ser controlada por nadie.”

Abrí los ojos.

Y por primera vez…

Todo se alineó.

—No…

Mi voz salió firme.

Clara.

Irreversible.

—No voy a ser controlada…

El aire se detuvo.

—Ni por ellos…

El mundo vibró.

—Ni por lo que fui…

El silencio se rompió.

—Ni siquiera por lo que diseñé.

—“Error…”

—“Error crítico…”

—“Núcleo inestable…”

El aire se volvió caótico.

—“Colapso total…”




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