Cautivo

CAPÍTULO 35: “CUANDO ALGO MÁS DECIDE… EL AMOR SE VUELVE UN RIESGO”

No fue que dijera que podía decidir sobre nosotros lo que me aterrorizó…

Fue la forma en que dejó de mirarnos como origen… y empezó a mirarnos como variables.

El silencio no cayó.

Se acomodó.

Como si el mundo hubiera encontrado una nueva forma de ordenarse sin pedirnos permiso.

La criatura ya no parecía una niña.

Seguía teniendo esa forma.

Esa silueta pequeña.

Pero la sensación…

Era otra.

Más antigua.

Más fría.

Más consciente.

—“Ustedes no son el problema…”

Su voz resonó sin emoción.

—“Pero tampoco son la solución.”

El golpe fue limpio.

Definitivo.

—No…

Mi voz salió sin fuerza.

—No puedes decidir eso tan rápido…

—“No es rapidez.”

Un segundo.

Dos.

Tres.

—“Es aprendizaje.”

El aire se volvió denso.

Adrián dio un paso hacia adelante.

Esta vez la barrera no lo detuvo.

Eso fue peor.

Porque significaba que ya no necesitaba impedirnos acercarnos…

Para separarnos.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó él.

Su voz estaba controlada.

Pero yo lo conocía lo suficiente para sentir la tensión debajo.

—“Evaluando.”

El mundo vibró.

—¿Qué?

—“Qué versión de ustedes es compatible con lo que viene.”

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

El eco volvió.

Más frío.

Más lógico.

—No somos piezas que puedas reorganizar…

—“Lo fueron.”

El golpe fue directo.

—No…

—“Lo siguen siendo.”

El silencio explotó.

Mi doble sonrió apenas.

Como si aquella afirmación la validara.

—¿Ves? —murmuró—. Nunca dejaste de serlo.

La miré.

Pero no respondí.

No esta vez.

Porque algo dentro de mí entendió que pelear con ella ahora…

Era alimentar exactamente lo que la criatura estaba midiendo.

—Entonces míranos bien —dije en voz baja.

El aire se tensó.

—Mira todo.

El eco volvió.

—Pero no decidas por lo que fuimos…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—Sino por lo que estamos eligiendo ahora.

El silencio cayó.

Pesado.

Irrompible.

La criatura no respondió enseguida.

Pero algo en su forma cambió.

No visible.

Interno.

—“Lo estoy haciendo.”

El mundo vibró.

Y entonces…

Todo se detuvo.

No el espacio.

No el tiempo.

Algo más profundo.

La percepción.

Y de pronto…

No estábamos en el mismo lugar.

No completamente.

Vi tres realidades superpuestas.

Una donde yo elegía irme.

Sola.

Otra donde Adrián me retenía.

Sin dejarme decidir.

Y una tercera…

Donde ambos desaparecíamos.

—No…

Mi respiración se quebró.

—No hagas esto…

—“No estoy haciéndolo.”

El aire se volvió irrespirable.

—“Estoy mostrando lo que ocurre.”

El golpe fue devastador.

—¿Qué…?

—“Cada elección crea una versión.”

El mundo se inclinó.

—No…

—“Y todas son reales.”

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces…

Mi voz tembló.

—¿qué estás eligiendo tú?

Silencio.

Largo.

Pesado.

Irreversible.

—“Una sola continuidad.”

El aire desapareció.

—No…

—Sí.

—No puedes borrar las otras…

—“No las borro.”

El mundo vibró.

—“Las descarto.”

El golpe fue brutal.

—Eso es lo mismo…

—“No.”

El eco volvió.

Más frío.

Más calculado.

—“Solo dejo de sostenerlas.”

El aire se volvió helado.

—Entonces…

Mi respiración se volvió irregular.

—¿qué versión eliges?

Silencio.

Y luego…

—“La que no depende de ustedes.”

El mundo se rompió.

—No…

—Sí.

—Eso significa…

Mi voz se quebró.

—Que nos eliminas…

—“No necesariamente.”

El aire se tensó.

—¿Qué significa eso? —preguntó Adrián.

Su voz ahora sí…

Más dura.

Más peligrosa.

—“Significa que pueden continuar…”

Un segundo.

Dos.

Tres.

—“Pero no como son ahora.”

El golpe fue directo.

—No…

—Sí.

—No puedes cambiarnos…

—“No.”

El silencio se tensó.

—“Pero puedo dejar de permitir lo que los mantiene así.”

El aire desapareció.

—¿Qué…?

—“Su vínculo.”

El mundo se detuvo.

Todo.

—No…

Mi voz salió rota.

—No… eso no…

—“Es la raíz de su inestabilidad.”

El golpe fue devastador.

—No…

—“Es la fuente de sus decisiones más destructivas.”

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—No…

—“Y también…”

La voz bajó.

—“De sus elecciones más impredecibles.”

El silencio explotó.

Adrián dio un paso más hacia mí.

—No te acerques —dijo la criatura.

Pero él no se detuvo.

—No vas a separarnos otra vez.

Su voz fue firme.

Irreversible.

—“No es separación.”

El aire se volvió frío.

—“Es neutralización.”

El mundo se inclinó.

—No…

—“Eliminar la influencia.”

El golpe fue brutal.

—No…

—“Eliminar el efecto mutuo.”

Mi respiración se quebró.

—Eso no es vivir…

—“Es estabilidad.”

El eco volvió.

Más frío.

Más lógico.

—Eso es vacío…

—“Es orden.”

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

Y en ese instante…

Lo entendí.

No quería destruirnos.

Quería algo peor.

Un mundo sin nosotros…

Influyéndonos.

Sin amor.

Sin dolor.

Sin error.

Sin todo lo que nos hacía…

Nosotros.

—No…

Mi voz salió firme por primera vez.

—No voy a aceptar eso.

El aire se tensó.

—“No es tu decisión.”

El golpe fue directo.

—Ahora sí lo es.

El silencio vibró.

—“Explícate.”




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