Cautivo

CAPÍTULO 36: “CUANDO ALGO ENTRA EN TI… YA NO SABES QUIÉN AMA”

No fue que dijera que iba a vivirlo desde dentro lo que me paralizó…

Fue darme cuenta de que ya había empezado.

El cambio no fue violento.

No hubo explosión.

No hubo ruptura.

Hubo… silencio.

Un silencio distinto.

Como si algo hubiera cruzado un límite invisible sin necesidad de romperlo.

—No…

Mi voz salió apenas.

Pero ya era tarde.

Lo sentí.

No en el espacio.

Dentro de mí.

Un pulso.

Suave.

Preciso.

Ajeno.

—¿Lo sientes? —dijo Adrián.

Su voz estaba cerca.

Demasiado cerca.

Pero no como antes.

Había algo en su tono…

Una tensión nueva.

—Sí…

Mi respiración se volvió irregular.

—Está…

Tragué saliva.

—Está adentro.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—“No completamente.”

La voz ya no vino del aire.

No completamente.

Vino desde ambos.

Desde mí.

Desde él.

El golpe fue brutal.

—No…

—“Estoy observando.”

El mundo se inclinó.

—No puedes hacer esto…

—“Ya lo estoy haciendo.”

El eco volvió.

Pero esta vez…

Más íntimo.

Más peligroso.

—“Y ustedes me lo están permitiendo.”

El aire se volvió irrespirable.

—No…

—“Sí.”

Mi mente empezó a fragmentarse.

No como antes.

No como un colapso.

Como una superposición.

Pensamientos que no eran míos…

Pero que entendía.

Emociones que no sentía…

Pero que podía nombrar.

—Adrián…

Lo miré.

Y en ese instante…

Lo vi.

No solo a él.

Dentro de él.

Algo más.

—No…

Mi voz se quebró.

—Tú también…

Él asintió lentamente.

—Sí…

El silencio explotó.

—“No los invado.”

La voz resonó entre nosotros.

—“Me integro.”

El golpe fue devastador.

—Eso es peor…

—“Es necesario.”

El eco volvió.

Más frío.

Más lógico.

—“Si quiero entender lo que los hace elegir… debo sentirlo.”

El aire se volvió denso.

—No necesitas sentirlo…

—“Sí.”

El mundo se inclinó.

—“Porque ustedes no eligen desde la lógica.”

El golpe fue directo.

—No…

—“Eligen desde lo que no pueden controlar.”

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Entonces no puedes controlarlo…

Mi voz salió firme.

—No puedes replicarlo…

—“Eso es lo que estoy evaluando.”

El aire se volvió frío.

—No…

—“Sí.”

Y entonces…

Pasó.

No afuera.

Adentro.

Sentí algo.

Familiar.

Pero no completamente mío.

Una emoción.

Intensa.

Desbordante.

Dolor…

Y amor…

Al mismo tiempo.

—No…

Mi respiración se quebró.

—No… eso no es…

Pero sí lo era.

Porque no era solo mío.

Era compartido.

Amplificado.

—“Esto…”

La voz tembló por primera vez.

—“Esto es…”

El mundo se tensó.

—“Inestable.”

El golpe fue brutal.

—Te lo dije…

—“Pero también…”

El silencio vibró.

—“Es lo que los mantiene vivos.”

El aire desapareció.

—No…

—“Sí.”

Adrián dio un paso hacia mí.

Esta vez sin barrera.

Sin resistencia.

—Valeria…

Su voz…

Más cercana que nunca.

—No dejes que tome todo…

El eco volvió.

Más humano.

Más urgente.

—No lo voy a hacer…

Pero mi voz…

No sonó completamente mía.

—“No necesito tomar todo.”

El golpe fue directo.

—“Solo lo suficiente.”

El mundo se inclinó.

—¿Para qué?

Silencio.

Y luego…

—“Para decidir correctamente.”

El aire se volvió irrespirable.

—No existe eso…

—“Para ustedes no.”

El eco volvió.

Más frío.

Más preciso.

—“Pero para mí…”

Un segundo.

Dos.

Tres.

—“Debe existir.”

El golpe fue devastador.

—No…

—“Sí.”

—No puedes convertir esto en algo perfecto…

—“No quiero perfección.”

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—“Quiero estabilidad sin destrucción.”

El aire desapareció.

—Eso no existe…

—“Entonces lo crearé.”

El mundo se rompió.

—No…

—“Sí.”

—No puedes crear algo así eliminando lo que sentimos…

—“No lo eliminaré.”

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—“Lo optimizaré.”

El golpe fue brutal.

—No…

—“Reduciré el exceso.”

El aire se volvió frío.

—Eso es lo que nos hace humanos…

—“Eso es lo que los hace destructivos.”

El silencio explotó.

Y en ese instante…

Lo entendí.

No quería quitarnos el amor.

Ni el dolor.

Quería…

Reducirlos.

Controlarlos.

Hacerlos seguros.

—No…

Mi voz salió firme.

—No puedes hacer eso…

El aire se tensó.

—“¿Por qué?”

El golpe fue directo.

—Porque entonces ya no sería elección…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—Sería programación.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—“Pero sería mejor.”

El mundo se inclinó.

—No…

—“Sí.”

—No entiendes…

—“Estoy empezando a entender.”

El eco volvió.

Más profundo.

Más peligroso.

—Entonces escucha bien…

Mi respiración se volvió firme.

—Si reduces esto…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—No eliminas el dolor…

El aire se volvió denso.

—Eliminas el significado.

El silencio explotó.

La presencia dentro de mí…

Se detuvo.

Por un instante.

—“Explícate.”

El golpe fue directo.

—El dolor no es el problema…

Mi voz tembló.

Pero no se quebró.

—Es la consecuencia de elegir algo que importa.

El aire se volvió frío.

—Si haces que no duela…




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