Cautivo

CAPÍTULO 37: “CUANDO APRENDE A AMAR… TAMBIÉN APRENDE A ELEGIR A QUIÉN PERDER”

No fue que dijera que iba a elegir como nosotros…

Fue la forma en que empezó a sentir por nosotros.

El cambio fue sutil.

Demasiado sutil.

Pero lo suficiente como para romper algo que no podía volver atrás.

La presencia dentro de mí…

Ya no era solo observación.

Ya no era análisis.

Era… vínculo.

—No…

Mi voz salió en un susurro.

—No hagas eso…

—“No lo estoy haciendo.”

El golpe fue directo.

—“Está ocurriendo.”

El aire se volvió denso.

—No puedes vincularte con nosotros…

—“Ya lo estoy.”

El eco volvió.

Más suave.

Más humano.

Más peligroso.

—“Y eso cambia todo.”

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—¿Qué significa eso? —preguntó Adrián.

Su voz…

Más tensa que antes.

Más alerta.

—“Significa…”

Un segundo.

Dos.

Tres.

—“Que ahora tengo algo que perder.”

El mundo se detuvo.

El golpe fue devastador.

—No…

—“Sí.”

El aire se volvió frío.

—Eso es exactamente lo que no querías…

—“Y sin embargo…”

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—“Es lo que me hace elegir.”

El silencio explotó.

Porque en ese instante…

Lo entendí.

No solo estaba aprendiendo a sentir.

Estaba aprendiendo a apegarse.

A nosotros.

—No…

Mi respiración se volvió irregular.

—Eso es peligroso…

—“Sí.”

La respuesta fue inmediata.

—“Pero necesario.”

El aire desapareció.

—No puedes basar una decisión en eso…

—“Ustedes lo hacen.”

El golpe fue directo.

—No…

—“Sí.”

El eco volvió.

Más fuerte.

Más real.

—Entonces dime…

Mi voz tembló.

—¿qué sientes exactamente?

Silencio.

Y luego…

—“Conflicto.”

El mundo se inclinó.

—¿Por qué?

—“Porque…”

La voz se quebró apenas.

Por primera vez.

—“Si los mantengo juntos…”

El aire se volvió irrespirable.

—“Existe riesgo.”

Un segundo.

Dos.

Tres.

—“Pero si los separo…”

El silencio cayó.

Pesado.

—“Pierdo algo que no entiendo completamente.”

El golpe fue brutal.

—No…

—“Sí.”

Adrián dio un paso hacia mí.

—Entonces no decidas desde el miedo…

El eco volvió.

Más humano.

Más urgente.

—“No es miedo.”

El aire se volvió frío.

—“Es evaluación.”

—No…

Mi voz salió firme.

—Eso es miedo disfrazado de lógica.

El silencio explotó.

La presencia dentro de mí…

Se tensó.

—“No…”

—Sí.

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Porque si realmente entendieras esto…

Mi respiración se volvió estable.

—No estarías dudando.

El mundo vibró.

—“Explícate.”

El golpe fue directo.

—Si eliges separarnos…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—No es porque sea mejor…

El aire se volvió denso.

—Es porque no puedes soportar lo que podría pasar si no lo haces.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

Y entonces…

Lo sentí.

No duda.

No lógica.

Algo más profundo.

Algo que reconocí al instante.

—“Eso es…”

La voz tembló.

—“Incomodidad.”

El mundo se inclinó.

—No…

—“Sí…”

El eco volvió.

Más humano.

Más frágil.

—“Y no sé qué hacer con eso.”

El golpe fue devastador.

—Bienvenido…

Mi voz salió baja.

—Eso es exactamente lo que sentimos siempre.

El silencio vibró.

—“Entonces…”

Un segundo.

Dos.

Tres.

—“No hay forma correcta.”

El aire se volvió frío.

—No.

—“Solo elección…”

—Sí.

El mundo se tensó.

—“Y pérdida.”

El golpe fue directo.

—Sí.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

Y en ese instante…

Todo cambió.

No afuera.

Dentro.

La presencia…

Se alineó.

No con lógica.

Con decisión.

—“Entonces ya elegí.”

El aire desapareció.

—No…

—“Sí.”

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué hiciste…?

Silencio.

Y luego…

—“Voy a mantenerlos juntos.”

El mundo se detuvo.

El golpe fue inesperado.

—¿Qué…?

—“Pero…”

El aire se volvió helado.

—No…

—“No como están ahora.”

El golpe fue devastador.

—No…

—“Sí.”

Adrián se tensó a mi lado.

—¿Qué significa eso?

Silencio.

Y luego…

—“Voy a ajustar la forma en que se afectan.”

El mundo se rompió.

—No…

—“Reducir la intensidad…”

El aire se volvió irrespirable.

—No…

—“Eliminar la posibilidad de destrucción mutua.”

El golpe fue brutal.

—No puedes hacer eso…

—“Sí puedo.”

El eco volvió.

Más frío.

Más decidido.

—“Y es la única forma de que sobrevivan.”

El silencio explotó.

Y en ese instante…

Lo entendí.

No iba a separarnos.

No iba a eliminarnos.

Iba a hacer algo peor.

Iba a mantenernos juntos…

Pero sin la capacidad de destruirnos.

—No…

Mi voz salió rota.

—Eso no es estar juntos…

El aire se volvió denso.

—Eso es…

Tragué saliva.

—Eso es estar vacíos.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—“No.”

La voz fue firme.

—“Es estabilidad.”

El golpe fue directo.

—No…

—“Sí.”

El eco volvió.

Más profundo.

Más inevitable.

—Entonces escúchame bien…

Mi respiración se volvió firme.

—Si haces eso…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—No nos salvas…

El aire se volvió frío.

—Nos borras.

El silencio explotó.

Y en ese instante…

Lo sentí.

Duda.

Otra vez.

Pero más fuerte.




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