Cautivo

CAPÍTULO 60: “LO QUE ELEGIMOS… ES LO ÚNICO QUE SOBREVIVE”

No fue escuchar su voz lo que me hizo temblar…

Fue reconocerla sin querer hacerlo.

El aire se volvió inmóvil.

No pesado.

No frío.

Definitivo.

—Hola, Valeria.

Elías.

No como recuerdo.

No como eco.

Presente.

Y eso…

eso fue lo más insoportable de todo.

Porque no había sistema sosteniéndolo.

No había Umbra detrás.

Solo… él.

—Tardaste en venir.

Su voz no tenía reproche.

No tenía emoción.

Era…

calma absoluta.

El tipo de calma que no pertenece a alguien que duda.

Adrián se movió apenas.

No hacia atrás.

Hacia adelante.

Instinto.

—¿Quién sos?

Elías no respondió de inmediato.

No lo miró a él.

Me miró a mí.

—Sabés quién soy.

El golpe fue directo.

Asentí.

—Sí.

El silencio cayó.

Irreversible.

—Pero no como estás ahora.

El aire vibró apenas.

—No.

Su voz fue suave.

—Ahora soy lo que sigue.

El mundo se inclinó.

—¿Después de qué? —pregunté.

—Después de ustedes.

El golpe fue brutal.

Adrián tensó la mandíbula.

—Explicá.

Elías lo miró por primera vez.

No con hostilidad.

Con… análisis.

—Ustedes resolvieron el vínculo.

El aire se volvió denso.

—Resolvieron la elección.

El silencio cayó.

—Resolvieron lo que Umbra no podía contener.

Un segundo.

Dos.

Tres.

—Ahora queda lo que viene después.

El mundo se detuvo.

—¿Y eso sos vos?

—Sí.

El golpe fue limpio.

—Soy la continuidad sin necesidad de conflicto.

El aire desapareció.

—No…

Mi voz salió apenas.

—Sí.

Elías dio un paso.

No amenazante.

Inevitable.

—Ustedes eligieron vivir con incertidumbre.

El silencio vibró.

—Yo elegí eliminarla.

El golpe fue devastador.

—Eso no es vivir.

—Es estabilidad.

—No es lo mismo.

El aire se tensó.

—Para ustedes no.

Su voz fue firme.

—Para lo que sigue… sí.

El mundo se inclinó.

—¿Qué sigue?

Elías me miró.

Directo.

—Un estado donde no tengan que perderse para aprender.

El silencio explotó.

—Donde no tengan que romperse para crecer.

El aire se volvió irrespirable.

—Donde no tengan que elegir cada vez…

Un segundo.

Dos.

Tres.

—porque ya van a estar definidos.

El golpe fue final.

—No.

Mi voz salió firme.

—Eso no es nosotros.

Elías no reaccionó.

—No.

—Eso es lo que dejaste incompleto.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Y lo terminé.

El mundo se tensó.

—¿Cómo?

—Observando.

El aire vibró.

—Aprendiendo.

—Y ahora…

Su voz bajó apenas.

—puedo ofrecer algo mejor.

El golpe fue inmediato.

—No queremos eso.

Adrián habló.

Firme.

Sin duda.

Elías lo miró.

—No lo entendés.

—No lo necesito.

El silencio explotó.

Y por primera vez…

algo en Elías cambió.

No duda.

Algo más cercano a…

fricción.

—Estás eligiendo dolor.

—Estoy eligiendo realidad.

El golpe fue limpio.

El aire se volvió más denso.

—Eso es ineficiente.

—Eso es humano.

El silencio cayó.

Irreversible.

Elías volvió a mirarme.

—Vos sí entendés.

El golpe fue directo.

—Podés ver lo que podría ser.

El aire se volvió frío.

—Una versión donde no te equivocás.

—No.

—Donde no lastimás.

—No.

—Donde no tenés que cargar con lo que hiciste.

El silencio explotó.

Porque ahí…

ahí estaba la verdadera tentación.

No amor.

No control.

Redención sin proceso.

Una vida limpia.

Sin grietas.

Sin pasado.

—No —repetí.

Más fuerte.

—Eso no soy yo.

Elías dio otro paso.

—Podrías serlo.

—No quiero.

El golpe fue final.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

Y entonces…

todo se detuvo.

No afuera.

En él.

—Entonces…

Su voz cambió.

Más baja.

Más… real.

—¿por qué elegís esto?

El aire se volvió denso.

Y por primera vez…

no hubo cálculo.

No hubo argumento.

Solo…

una pregunta.

Respiré.

Una vez.

Dos.

Tres.

Y lo dije.

No perfecto.

No brillante.

Verdadero.

—Porque es mío.

El silencio explotó.

—No es limpio.

No es seguro.

No es estable.

El aire vibró.

—Pero es lo único que no me fue dado.

El golpe fue directo.

—Lo elegí.

Un segundo.

Dos.

Tres.

—Y eso…

Mi voz tembló.

—no lo cambia nada.

El silencio cayó.

Irreversible.

Adrián no habló.

No hizo falta.

Porque estaba ahí.

No como sostén.

Como elección paralela.

Y eso…

eso fue todo.

Elías nos miró.

A los dos.

Por primera vez…

sin superioridad.

Sin certeza.

—Entonces…

El aire se volvió más liviano.

—esto termina acá.

El mundo no se rompió.

No colapsó.

No desapareció.

Simplemente…

se abrió.

Como si algo dejara de sostenerse…

porque ya no era necesario.

—Umbra ya no tiene función.

Su voz fue más suave.

—Ni yo tampoco.

El golpe fue inesperado.

—¿Qué?

—No necesitan lo que intenté construir.

El silencio cayó.

—Entonces…

Respiré.

—¿te vas?

Elías sonrió apenas.

No feliz.

No triste.

Libre.

—No.

El aire se tensó.

—Simplemente dejo de intervenir.

El mundo…

se volvió inmenso.

Sin límites.

Sin estructura.

—Lo que hagan ahora…

Un segundo.

Dos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.