Ceniciento. La historia de un hada.

Capítulo 42. ¿Para qué volví? ¿Para sufrir más? Elvira.

Al regresar a casa, noté que ni Olga, ni Aleksey no me hicieron ni una pregunta por nada. Parece, que todo mi tormento estaba escrito en mi cara. Fui a mi habitación y me acosté en la cama con las piernas pegadas al pecho. Necesitaba repasar mi vida en base de la información recibida hoy. Y no era fácil.

Al principio hice un repaso no emocional, solo los datos obtenidos, para hacer un marco cronológico.

Mi madre amó a un hombre toda su vida, pero se casó y vivió con otro. Mi padre resultó no ser mi padre, no era el empresario exitoso, solo se preocupaba por mí porque tenía miedo a mi verdadero padre. Mi verdadero padre era un perdedor en la vida, que pasó la mitad de su vida en la cárcel y ahora es un mafioso retirado que intenta “ayudarme”.

Como resultado, un padre mató al otro. Mi madrastra, tratando de sobrevivir y no renunciar a todo lo que "ganó con un trabajo duro", trató de matarme y, me parecía, que Khan no la perdonaría por esto. Lo que significaba, que seré culpable de su muerte. Y para acabar conmigo por completo fue la última noticia: me enamoré de mi hermano y me acosté con él. “¿Para qué diablos volví?”- Pensé. -“Tengo que olvidarme de todo y continuar mi vida como si este viaje nunca hubiera sucedido.”

Saqué mi teléfono, que mostraban diez llamadas perdidas de Vasiliev. "¡Ni siquiera necesito hablar con él, y mucho menos verlo!" - Exclamó mi cerebro y estuve completamente de acuerdo con él.

 Marqué el número de teléfono de la embajada y pedí información sobre la fecha de emisión del visado de Aleksey. Me aseguraron que en dos días podríamos recogerla.

- Alex, vamos a cambiar los billetes, en dos días deberíamos volar, - dije cuando salí de mi habitación.

Él, por supuesto, esperaba que le contara mi conversación con Khan, pero yo no estaba preparada para hablar de eso con nadie. Mi ahijado encendió la computadora y le pedí que destruyera el micrófono y todas las grabaciones. Ya no necesitaba saber más cosas, cuando no sabía qué hacer con la información recibida.

Al día siguiente pedimos los billetes de avión y decidimos concertar una cena de despedida en casa, invitando a Vladimir. Nos quedaban dos días antes de la salida.

Dos horas antes de la cena, Irina me llamó, me suplicó llorando para vernos. No pude negarle y llegué a la hora señalada a la cafetería, que ella había elegido. Entré en el local, pero ella no estaba. Empecé a molestarme. Es indecente concertar una cita y llegar tarde. De repente, Vasiliev apareció en la puerta con un enorme ramo de rosas rojas.

Mis ojos y mi boca se abrieron con asombro al mismo tiempo.  “¡Lo que me faltaba!”- pensé enojada.

- Esto es para ti, Elvira, - me entregó el ramo, - Lamento haberte engañado, pero pensé que, si te invitaba, no vendrías.

- Pensaste bien, - respondí secamente, pero acepté las flores. Por no dar el espectáculo delante de todos.

- ¿Qué hice mal, Eli? ¿En qué te ofendí? - Preguntó con cautela.

-  No es eso, - escondí mi rostro, abrazando un montón de flores, porque no pude decirle, que éramos hermanos. – Son mentiras del pasado, lo que hacía lo nuestro imposible.

- No pienses mal de Irina, le pedí yo que te llamara, y ella no pudo rechazarlo, - sonrió.

- Tu hija está muy preocupada por ti, quiere que seas feliz, - le dije. -  Pero no conmigo.

- ¿Porque no?  Sé, que hubo un sentimiento entre nosotros, - dijo sin entender nada.

- ¡No! No puede haber nada entre nosotros. Pronto volaré a América y es poco probable que nos volvamos a encontrarnos más, - expliqué.

- ¿Entonces te vas? ¿Cuándo? - Preguntó.

- Pronto, tengo planeado un trabajo muy interesante allí, debo estar presente, - respondí, tratando de no mostrar mis emociones.

- ¿Pero volverás? - Preguntó esperanzado.

- No, mi casa está ahí, y aquí solo soy una invitada, - le contesté con tristeza, porque era verdad, - ¿Por qué volver donde no tienes casa y no tienes a nadie?

- Te equivocas, te esperaré en casa, porque lo que pasó entre nosotros no era solo sexo, es más profundo, al menos para mí, - respondió y me miró de tal manera que todas las barreras que yo construí entre él y yo, se fueron al infierno.

- ¡No! ¡Cállate! No podemos estar juntos, no puedes amarme, - exclamé.

- ¿Por qué? ¿Quién me lo puede prohibir? -  preguntó.

- ¡Khan! - respondí y salí corriendo de la cafetería.

Todavía sostenía sus flores en las manos y de repente sentí, que ellas me quemaban las palmas. Las tiré frente a la entrada. Estaba disgustada de mí misma, de lo que hice, de lo que dije, de lo que sentí. Podría aceptar, que mi padre fuera un mafioso, pero no pude aceptar, que Vasiliev era mi hermano. Esto estaba fuera del alcance de mi código de ética. Cogí el primer taxi y, ya subiendo en él, vi a Dimitri salir corriendo de la cafetería. Vio las flores en el pavimento. "Esto es mi corazón, que está roto y manchado de suciedad de incesto, querido hermano", - pensé y lloré.

 




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