Ceniciento. La historia de un hada.

Capítulo 48. Los milagros suceden, cuando menos los esperas. Elvira.

Han pasado dos meses, desde que regresamos de Rusia. Alex ganó su primer dinero y no eran aquellos desafortunados 30 mil rublos. Le aconsejé que los mantuviera en el banco y no gastara demasiado. Manu le ofreció el trabajo en su estudio y ahora el chico no tuvo tiempo de aburrirse. Ahora le costaba combinar el trabajo y los entrenamientos, tenía que dejar los juegos con sus amigos solo para los fines de semana. Es cierto, que a veces se reunía con Bree, pero sin mucho entusiasmo. Como esperaba, el sexo sin amor se vuelve aburrido rápidamente.

Después de parecer, haberlo visto en la entrada de mi urbanización, no podía sacar a Vasiliev de mi cabeza. Cuántas veces quería insertar mi tarjeta SIM rusa en mi teléfono, pero tenía miedo. Mi corazón se negaba a aceptarlo como hermano. Y más aún, casi todas las noches le hacía el amor mientras dormía y después de eso me despertaba con un sudor frío por la desagradable sensación de que era una pervertida. Pero no me enseñaron a controlar el subconsciente en la universidad.

Llegó la época más calurosa del año en Los Ángeles, cuando todo parecía derretirse alrededor: las casas, el asfalto, la gente. Comenzaron los incendios forestales, como todos los años. De vez en cuando me preguntaba: “¿Queda algo más por arder?” El aire se llenó de olor a alquitrán quemado. Empecé a sentirme realmente mal. Por las mañanas, tenía debilidad, sensación desagradable en el estómago, mareos. Aguanté durante dos semanas, pensando que pasaría por sí solo, cuando el calor amainara. Y después de que me desmayé en el trabajo, Megan insistió, en que viera a un médico.

Siempre cuidé mi salud, llevaba un estilo de vida completamente normal, pero temía que la enfermedad de mi madre pudiera desarrollarse en mí también. Fui a la clínica, pasé todas las pruebas necesarias, pasé por todos los médicos y comencé a esperar los resultados.

Alex también comenzó a notar que algo andaba mal con mi salud y me ofreció su apoyo y la compañía para ir a por los resultados. Acepté, porque me daba miedo escuchar el veredicto y no tener a nadie en quien apoyarme.

Estábamos sentados en la sala de espera cuando salió la enfermera y me llamó por mi nombre. Todo adentro de mi se enfrió en un segundo y literalmente no sentí las piernas.

- Eli, cálmate, tal vez estas bien, o es algo pasajero, vamos a averiguarlo primero, antes de caer en pánico, - me animó y me agarró del brazo. – Estoy contigo.

Entramos, el médico me recibió con una sonrisa agradable y me ofreció una silla.

- Felicitaciones Sra. Brown, usted se encuentra bien y su pequeño malestar es normal durante el primer trimestre del embarazo. – dijo el doctor.

- ¡¿Qué?! - Alex y yo exclamamos con un grito al mismo tiempo.

- ¿Qué tipo de embarazo? ¡Esto es un error! He sido infértil durante veinte años, y mi edad no es para tener hijos, - traté de explicarle al médico.

- Estimada Sra. Brown, no hay duda, usted está embarazada de diez semanas. Su edad es adecuada para dar a luz a un niño sano, - me aseguró.

- ¡No! Espere, ¡Esto no puede ser verdad! Es un error. - No quería creerlo.

- No hay ningún error. - me aseguró el médico.

- Iré a otra clínica, ya que aquí no pueden hacer los análisis correctamente, lo más probable es que estuvieran confundidos con otra persona. - Me indigné.

- Si lo desea, puede realizar las pruebas en otra clínica. Es su derecho. Pero como usted está en mi consulta, le recetaré estas vitaminas y le advierto no estar mucho tiempo al sol, es perjudicial para usted y su hijo, - dijo el médico con calma y le entregó a Alex algunas recetas.

- Bueno, madrina, me sorprendiste mucho, - se rio mi ahijado, cuando salimos del despacho.

- ¡Mantén la boca cerrada! - Espeté.

¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo? Esto es contrario a la naturaleza y al sentido común. No puedo estar embarazada. Me trataron muchos años y el veredicto siempre fue el mismo: infertilidad.

-Vamos a la farmacia, - ordené.

- Por las vitaminas, - continuó sonriendo.

- No, por el test de embarazo, no creo en los milagros, - espeté.

Solo toda mi incredulidad se evaporó, cuando vi dos rayas por segunda vez en mi vida y nuevamente un sentimiento de miedo se apoderó de mí. Entonces, ¿qué hago ahora? ¡Este niño es de mi hermano! Dios, ¿por qué necesito todo esto?

 




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