Dicen que el amor verdadero no desaparece, solo cambia de forma.
Se vuelve silencio, recuerdos,.. o simplemente una herida que se cura lento.
Pero nadie te prepara para el instante en que ese amor, el que juraste cuidar, se desmorona entre tus manos.
Aquel día, mientras la lluvia golpeaba la ventana como si quisiera entrar, Sebastián entendió que había llegado el final.
Carolina estaba frente a él, firme pero temblorosa. Sus ojos enrojecidos no escondían la verdad que ambos conocían desde hacía meses: se habían perdido en el intento de seguir un mismo camino.
Él había avanzado sin darse cuenta.
Ella se había detenido para acompañarlo sin decirlo.
Y ese desequilibrio término pesando en contra del amor.
—No hagamos estos más doloroso…firmemos, por favor —susurró Carolina, con la voz hecha un hilo.
Sebastián quiso decirle que desistieran. Que, fuera cual fuera el motivo por el cuál ella quería alejarse, lo hablaran.
Quiso decirle que la amaba más que a sí mismo.
Pero las palabras se estancaron en su garganta, porque por primera vez comprendió que retenerla era egoísta, aunque su corazón gritara lo contrario.
Firmaron los papeles en silencio.
Un silencio lleno de promesas rotas, de abrazos no dados, de te quieros que aún ardían.
Cuando Carolina cerró la puerta detrás de ella, Sebastián sintió que algo dentro de sí se convertía en cenizas.
Y no sabía si algún día volverían encenderse.
Al otro lado de la ciudad, Carolina respiró hondo y abrazó su soledad con una mezcla de miedo y esperanza.
Tal vez doliera, tal vez ardiera…pero por primera vez en mucho tiempo, ese fuego era solo suyo.
Lo que ninguno de los dos sabía era que el amor no se había extinguido.
Solo estaba esperando entre los restos de lo que fueron el momento exacto para renacer.
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segundas oportunidades, reencuentros del pasado, amor y crecimiento personal
Editado: 06.01.2026