Habían pasado dos semanas difíciles para Sebastián y Carolina, separados físicamente pero aún legalmente unidos. Ambos estaban conscientes de ello, y también seguros de la decisión que habían tomado: una decisión sin vuelta atrás.
—¿Está seguro de su decisión? —preguntó el abogado mientras Sebastián sostenía el celular con las manos temblorosas.
—Sí… lo estoy —dijo Sebastián, conteniendo las ganas de llorar.
—Ya no habrá vuelta atrás.
—Lo sé.
—Bien, había postergado la presentación del expediente para que lo pensara con calma, pero veo que su decisión no ha cambiado.
—Así es.
—Entonces ingresaré la solicitud hoy.
—Me parece bien.
—Al ser de mutuo acuerdo, en una semana será un hombre divorciado.
La mirada de Sebastián se ensombreció. Un pensamiento se coló en su mente:
“Cuando nos casamos pensé que lo nuestro sería para siempre, pero ahora sé que los para siempre no existen.”
Tras la llamada, dejó el celular sobre la mesa, caminó hacia la nevera y sacó una botella de vino que guardaba para ocasiones especiales. No solía beber, pero ese día sentía que necesitaba no pensar en nada. Bebió hasta perder la conciencia y quedó profundamente dormido sobre el sofá.
Carolina, ajena a lo que Sebastián vivía, continuaba con su rutina de estudios y trabajo. Sin embargo, llevaba horas con una extraña opresión en el pecho que se intensificó al llegar a casa tras un día agotador.
“Siento como si el pecho se me apretara”, pensó mientras dejaba el bolso sobre el sofá.
—Tal vez sea el cansancio… estudiar y trabajar no es fácil —susurró, caminando hacia la cocina—. Hoy se cumplen dos semanas desde que renuncié a ti.
Se sirvió una taza de café bien cargado y se sentó a leer un libro, pero la opresión no la dejaba concentrarse. Decidió llamar a Yolanda para que la acompañara al hospital.
—¡Disculpa! No son horas y yo…
—No te preocupes, somos amigas y estamos para apoyarnos —respondió Yolanda.
El chequeo reveló que su corazón estaba saludable y sus demás órganos en buen estado. Regresó a casa acompañada de Yolanda, quien le preparó un té relajante y decidió quedarse esa noche.
—¡Gracias!
—No hay por qué… tú harías lo mismo por mí.
—Así es —dijo Carolina, tomando la taza con manos temblorosas.
Al día siguiente, Carolina retomó su vida: universidad por la mañana, trabajo por la tarde.
—Más concentración, niña —dijo su jefa, dando palmaditas—.
—¡Disculpe! No volverá a pasar.
—Es la tercera vez que dices eso.
Carolina bajó la cabeza, tomó una fuente y caminó hacia las mesas. La mujer madura añadió mientras se retiraba:
—Los problemas personales no se traen al trabajo… pero sé que no es fácil. Yo también fui joven una vez.
Mientras tanto, Sebastián llegó a su departamento, desmejorado y con la cabeza entre las manos.
—No debí tomar así —se reprochaba.
Al entrar, su amigo Gerardo lo esperaba.
—¿Cómo te sientes?
—Fatal —respondió Sebastián—.
—Traje lo que me pediste.
—¡Gracias! Ahora te lo pago…
—Todos están preocupados. Es la primera vez que faltas a la constructora.
—Siempre hay una primera vez.
Gerardo lo miró con nostalgia.
—Dale tiempo al tiempo —dijo.
Sebastián asintió.
Días después, al tener en sus manos el acta de divorcio, Sebastián sintió que el corazón se le estrujaba.
—Está legalmente divorciado, joven Vallasco —comentó el abogado—.
—¿Ella ya lo recibió? —preguntó Sebastián con voz temblorosa.
—Lo más probable es que sí.
Carolina, en su modesta habitación, sostenía con manos temblorosas su acta de divorcio, mientras una fuerte opresión en el pecho la acompañaba.
—Ahora sí es el verdadero adiós —susurró, dejando caer lágrimas—. Debes ser fuerte. Tú lo quisiste así.
Guardó el documento en un sobre dentro de la cajuela del escritorio, respiró profundo, se secó las lágrimas, se duchó y se cambió de ropa. Su vida debía continuar. Lo quiso así. Sebastián, aunque no estaba de acuerdo, respetó su decisión.
Ese día, ambos sintieron el verdadero adiós. Ya no había nada que los uniera, ni siquiera un bien material.
Sebastián actualizó su estado civil en la constructora. En pocas horas, todos sabían que estaba divorciado. La más feliz fue Isabella, quien había esperado ese momento desde que lo conoció.
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Editado: 19.02.2026