Habían pasado tres meses desde que, legalmente, Sebastián y Carolina estaban divorciados.
Tres meses que fueron muy duros para ambos.
Sí, duros, pues conforme pasaban los días, la ausencia del otro se sentía cada vez más.
Sin embargo, sabían que ya no había marcha atrás. Solo les quedaba seguir adelante, teniendo como aliados la distancia y su propia fuerza de voluntad.
Con ello presente, cada día que iniciaba, Sebastián se entregaba por completo a su trabajo como arquitecto en la constructora. Entre proyectos, supervisiones de obras y algunos viajes a los lugares donde se llevaban a cabo las construcciones que tenía a su cargo, continuaba con su vida, a pesar de la nostalgia que lo invadía cada vez que ingresaba a su casa y recorría con la mirada cada espacio… espacios que le evocaban recuerdos junto a ella.
—Tal vez debo considerar el consejo que me dieron Tomás y Boris —susurró, mientras en su mente resonaban las voces de sus amigos:
“Deberías considerar mudarte a otro departamento”.
“Mudarme no estaba en mis planes, pero es realmente difícil seguir aquí”.
Sebastián caminó hacia la habitación. Al llegar, se sentó sobre el borde de la cama y marcó un número en su celular.
—Arquitecto Vallasco, dígame. ¿A qué se debe su llamada?
—Necesito que me hagas un favor.
—Bien, lo escucho.
Mientras tanto, Carolina no llevaba un estilo de vida muy distinto al que había elegido su exesposo.
Ella dividía sus días entre los estudios y el trabajo, y el poco tiempo libre que tenía lo dedicaba a las labores del hogar. Ese era el ritmo de vida que había decidido llevar y, aunque al inicio le costó adaptarse, poco a poco fue encontrando su propio equilibrio.
—Al fin lo terminé —expresó, cerrando su laptop, mientras revisaba la hora en su celular—. Ya es madrugada y mañana tengo clases.
Se puso de pie, caminó hacia la cama y tomó asiento en el borde.
—Lo estoy haciendo bien —susurró, con un dejo de optimismo.
Al día siguiente…
Tras asearse y cambiarse de ropa, Carolina preparó sus alimentos.
—Un nuevo día —dijo, sirviendo en un vaso el jugo de frutas que había preparado.
Luego de beberlo y lavar el vaso, tomó su bolso, sus libros y salió de la vivienda. Al estar fuera, respiró profundamente y, tras soltar el aire contenido, reanudó su andar.
—Hoy será un buen día —susurró, esbozando una ligera sonrisa.
Y así lo fue.
Ese día no tuvo inconvenientes ni en la universidad ni en el trabajo. Con el tiempo, había aprendido a lidiar con los pequeños conflictos diarios, resolviéndolos siempre con el mayor optimismo posible.
—Hiciste un buen trabajo hoy —expresó su jefa.
—¡Gracias!
—¿Cómo te sientes? ¿Has tenido algún problema?
Carolina la miró intrigada.
—No suelo inmiscuirme en la vida personal de mis empleados, pero hoy haré una excepción.
Ella comprendió de inmediato a qué se refería.
—Yo también pasé por un divorcio —confesó la mujer, con voz serena.
Carolina la miró fijamente.
—Aunque el divorcio sea la solución cuando ya no se camina en la misma dirección, seguir solo después de haber caminado juntos duele… y mucho.
—Es cierto —susurró la joven.
—Pero la vida sigue. Hay que aprender a vivir la nueva etapa que nos toca.
—Lo sé.
—¿Cómo te va en la universidad? Ya debes estar por culminar el ciclo.
—Así es…
Ese día, la barrera jefa–empleada se rompió, al menos por unas horas. Carolina le habló de sus sueños y metas, y la mujer, con más experiencia a cuestas, le ofreció algunos consejos sinceros.
Mientras tanto…
Sebastián lidiaba una vez más con la insistente Isabella al salir de la constructora.
—No seas así, solo un café o una taza de chocolate bien caliente con este frío —insistía ella.
—Si acepto, ¿qué seguirá?
—Eso dependerá de ti —respondió guiñándole un ojo.
—Prefiero beberlo solo.
—Bastián, no seas así —protestó, casi haciendo un berrinche.
Gerardo, que acababa de salir, al verlos decidió acercarse.
—¿A qué le temes? —dijo Isabella, sonriente.
—¡Qué frío hace! La verdad, se me antoja algo bien caliente —intervino Gerardo.
—Gerar…
—Justo le hablaba del frío —añadió Isabella—. Hasta lo invité a un café o chocolate.
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Editado: 19.02.2026