Cenizas

Capítulo 6: "Vivir sin ti"

Sebastián abrió las cortinas de su habitación para dejar entrar los radiantes rayos del sol de aquella mañana.

Rayos que lo llenaban de energía… y también de esperanza.

Sí, esperanza.

La esperanza de poder seguir adelante, a pesar del profundo vacío que aún sentía en el corazón.

Lo supo desde el momento en que aceptó la separación: no sería fácil. Habían sido muchos años junto a ella, primero como amiga y luego como pareja.

Decirle adiós a todos esos recuerdos aún sería un camino largo, pero estaba aprendiendo a vivir con ellos.

Ya no dolían tanto.

Ahora eran momentos que lo acompañaban cuando se sentía solo en su nuevo departamento, mientras tomaba una taza de té o alguna bebida refrescante.

—Cómo pasa el tiempo —susurró, dejando la taza sobre la mesa mientras se ponía de pie—. Seis meses…

Exactamente eso: seis meses habían transcurrido desde que Carolina y Sebastián decidieron separarse.

Durante ese tiempo, cada uno siguió con su vida.

Sebastián continuó creciendo en su carrera como arquitecto. Asumió proyectos importantes en la constructora y, aunque permitió que Isabella se acercara más a él, siempre dejó claro que solo serían amigos… aunque ella no pareciera dispuesta a conformarse con eso.

Por su parte, Carolina había iniciado un nuevo ciclo de estudios. Aquello la llenaba de ilusión: estaba logrando, poco a poco, el sueño que había postergado. Sin embargo, a veces recordaba todo lo que tuvo que dejar atrás para vivir ese presente.

No solo dejó una casa.

Dejó parte de su vida.

Dejó a su amor.

Pero fue su decisión y, por lo mismo, debía ser coherente con ella.

Ya no tenía sentido reprocharse lo ocurrido.

Solo debía seguir adelante, sola… tal como lo había elegido.

—Caro, sonríe, solo es una casualidad —se dijo, tomando un pastel que debía llevar a una mesa. Sobre él, una vela marcaba el número seis.

Era solo una coincidencia, sin duda. Aun así, al ver aquel número, sintió un inevitable apretón en el pecho.

—¡Qué hermoso detalle! ¿No lo crees? —comentó su compañera de turno.

—Sí, es un hermoso detalle —respondió Carolina con la mayor calma que pudo.

—Su sexto aniversario de matrimonio. Ojalá sigan festejando muchos más… He oído que la mayoría de los divorcios se dan durante los primeros diez años, aunque hay parejas que apenas llegan a los tres…

Carolina bajó la mirada. El gesto no pasó desapercibido.

—¡Disculpa! Soy muy imprudente… A veces se me olvida que eres divorciada.

—No te preocupes. Sé que no lo hiciste con mala intención.

—Claro que no…

—Voy a dejar el pastel.

—Adriana, tonta, tonta —se reprochó la joven, dándose pequeños golpecitos en la cabeza.

Carolina caminó con paso firme y una sonrisa fingida hasta la mesa de la pareja que había ordenado el pastel.

—¡Felicidades! —dijo al colocarlo, mientras el pecho volvía a oprimírsele.

—¿Podrías tomarnos una foto?

—Claro.

Tomó el celular, mientras una frase cruzaba su mente:

Fue mi decisión.

Tras la foto, devolvió el teléfono y continuó atendiendo sus mesas.

Horas después, Carolina regresaba a casa con paso cansado, hablando por celular.

—Y eso era lo que quería contarte —escuchó.

—Primero que nada, déjame felicitarte —respondió, procurando que la voz no se le quebrara.

—¡Gracias, amiga! Ya me había resignado a ser su novia eterna —rió Yolanda.

—Yoli, cómo dices eso —respondió Carolina, esbozando una ligera sonrisa.

—Pero aún hay más…

—¿Ah, sí?

—Sí, pero eso te lo cuento mañana en persona.

—Está bien.

—Entonces, a la salida del trabajo paso por la universidad.

Tras colgar, Carolina encendió la luz de su casa y observó el lugar. Todo estaba ordenado y limpio, pero el silencio seguía siendo pesado.

—Quizá debería conseguir una mascota… —murmuró—. Aunque estaría sola todo el día… No, mejor no. Pondré música. La música acompaña.

Encendió la radio, se preparó una taza de café con algunas galletas y cenó sola, como desde la separación. Luego, se dedicó a sus trabajos universitarios.

Al día siguiente, tras algunas horas de clase, Carolina y Yolanda se encontraron a la salida de la universidad.

—Vamos a almorzar. Yo invito —propuso Yolanda.




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