Cenizas

Capítulo 8: "Tu recuerdo"

Era una mañana de invierno bastante fría.

La prueba de ello era el sonido del viento golpeando las ventanas de una modesta habitación, donde una mujer aún descansaba sobre la cama.

—¿Qué hora es? —susurró mientras se sentaba—. Ya son las ocho… hora de levantarme.

Carolina, con pesar, bajó de la cama y caminó hacia el servicio. Durante el trayecto observó las gotas de lluvia caer por la ventana.

—Y yo que pensé que podría aprovechar más mi día libre —pronunció.

Tras asearse y cambiarse de prendas, caminó hacia la pequeña cocina de la casa.

—Pero qué frío —expresó, frotándose las manos.

Luego de algunos minutos, ya en la cocina, empezó a buscar en la alacena.

De repente, su mirada se detuvo en una barra de chocolate.

El tiempo pareció detenerse.

Su pecho se apretó, mientras su mente la llevaba a sus primeros meses de matrimonio.

-.Recuerdo.-

Un par de jóvenes que vestían pijamas abrigadoras caminaban uno tras el otro, con paso cansino para no deshacer el abrazo que los unía.

—Sí que hace frío. Debimos seguir abrigándonos un poquito más —decía el joven, colocando su mentón sobre el hombro de la muchacha mientras la rodeaba con sus brazos.

—Pero ya son las diez de la mañana.

—Cierto, pero hoy es mi día libre —añadió, dándole un beso en la mejilla.

—Vaya libre —contestó ella, esbozando una dulce sonrisa.

—¿Dices eso por el frío?

—Así es —respondió con pesar.

—Bonita, el frío no va a ser impedimento para que mi esposita y yo tengamos un día inolvidable.

—Bueno, un día con tanto frío sin duda será inolvidable —respondió ella, sonriendo.

Sebastián echó a reír sin deshacer el abrazo.

—No es broma… es la verdad.

—Concuerdo contigo —dijo él, besando su mejilla—. Este será un día inolvidable para los dos, ¡lo prometo!

Tras decir eso, deshizo el abrazo y caminó hacia la alacena.

—Hoy tendremos una cita matutina en casa —expresó.

Carolina sonrió mientras observaba a su joven esposo buscar.

—¿Qué buscas?

—Alguna barra de chocolate.

—¿Desayunaremos…?

—Chocolate caliente. No existe mejor bebida para el frío que esa.

-. Fin del recuerdo. Tiempo actual. -

Con las manos temblorosas tomó la barra de chocolate.

Tras prepararlo, se sentó a la pequeña mesa.

—Tuvo razón… ese día se hizo inolvidable —susurró, esbozando una ligera sonrisa, mientras llevaba a sus labios la taza de chocolate.

Un nuevo recuerdo apareció en su mente.

-.Recuerdo.-

Un par de jóvenes que vestían abrigos largos, bufandas, guantes y botas caminaban de la mano por una acera.

—Los días fríos tienen su ventaja —expresaba el joven.

—¿Ventaja?

—Sí, nos permiten estar más juntitos —contestó el joven, abrazándola.

—¡Sebastián! —susurró ella.

—¡Te amo! —pronunció con calidez.

—¡Yo también!

—Hasta el día que seamos viejitos.

—Sí… nuestro amor será hasta el día que seamos viejitos.

Ambos sonrieron en complicidad tras aquella promesa.

Entrelazaron sus dedos y continuaron su camino.

-. Fin del recuerdo. Tiempo actual. -

Carolina dejó la taza de chocolate a medio terminar sobre la mesa.

Se puso de pie y llevó sus manos al rostro mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

—No será así… ese futuro ya no es para los dos.

Tras algunos minutos de desahogo, respiró hondo.

Más tranquila, se lavó el rostro, se arregló y salió de la casa.

Pero cada paso que daba era un golpe para su corazón, pues ver a parejas caminando bajo la lluvia le recordaba aquel día que ambos juraron sería inolvidable.

Aunque ella no era la única que lo seguía considerando así.

Para Sebastián también lo era.

En otro pueblo…

Era una mañana especialmente fría.

Horas antes le habían comunicado que debido a algunas precipitaciones en la carretera no debía viajar a otro pueblo para la supervisión de la obra que tenía a su cargo, que la reprogramara para su próximo día libre y que ese día se lo tomara.




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