A bordo de un lujoso auto, en el asiento trasero, viajaba una joven de mirada sombría, inmersa en sus pensamientos. De repente, al pasar frente a un parque, una imagen a través de la ventana la hizo volver a la realidad. Su mirada recuperó el brillo y esbozó una ligera sonrisa mientras un nombre escapaba en un susurro:
—Sebastián.
Con el auto en movimiento, giró lentamente el rostro para confirmar que sus pensamientos no le habían jugado una mala pasada.
“Sí… es él”, pensó.
Quiso detener el auto para bajar e ir hacia él, pero algo la hizo contenerse.
—Su mirada… —susurró—. No es la misma.
Su mente retrocedió al día en que lo conoció; aquel día en que ese rostro radiante y esa mirada llena de luz iluminaron su vida, una vida que hasta ese momento había sido de color gris.
-. Tiempo atrás. -
Una joven de cabello rubio y mirada vacía iba en el asiento trasero de un auto mirando a través de la ventana. De repente, una imagen captó su atención: un muchacho de rostro radiante y hermosa sonrisa corría alrededor de un parque.
Aquella imagen produjo una mezcla de sentimientos en ella. Se había prometido enfocarse solo en sus estudios, pues consideraba que enamorarse era sinónimo de dolor, pero no pudo evitarlo. Fue amor a primera vista. Lo supo porque era la primera vez que su corazón latía de esa forma; la primera vez que sentía aquella ola de frío recorrerle el cuerpo.
Deseó volver a verlo, aunque sabía que, en una ciudad tan grande, sería muy difícil.
Pero sucedió, aunque no de la forma que esperaba.
—Hija, acércate —escuchó.
Desvió la mirada de la pantalla del computador hacia el lugar de donde provenía la voz. El tiempo se detuvo al verlo. Era él, el joven que había visto días atrás desde la ventana de un auto. Estaba frente a su padre, con aquel rostro lleno de luz que tanto le había impactado.
—Isabella, hija, acércate. Te presentaré al arquitecto que se une a nuestra constructora —dijo su padre.
—Sí… —susurró la joven, poniéndose de pie.
Caminó hacia los dos hombres. Tras la presentación respectiva, Sebastián extendió su mano. El cuerpo de ella se heló al ver en uno de sus dedos un aro. Él tomó su mano y, con una sonrisa radiante, dijo:
—Un placer conocerla.
“Está casado…”, pasó por la mente de la joven.
La voz de su padre la sacó de sus pensamientos:
—Hazla pasar. Quiero conocer a tu esposa.
Isabella reaccionó y siguió con la mirada al muchacho, quien caminó hacia la puerta. A los pocos segundos entró acompañado de una hermosa joven.
—Les presento a mi esposa, Carolina —dijo él, con la mirada llena de brillo.
Isabella esbozó una leve sonrisa mientras su mirada se tornaba sombría. El brillo en los ojos de él se había intensificado al pronunciar ese nombre.
-. Tiempo actual. -
Aquel brillo… aquella sonrisa que llamó mi atención años atrás… esa mirada que me hizo creer que amar no siempre es dolor… ya no está.
El auto se alejó cada vez más. Sebastián, ajeno a todo ello, seguía dando vueltas alrededor del parque. Más que una rutina, era una forma de escapar de sus pensamientos; de esos recuerdos que aparecían cada vez que algo le traía la imagen de Carolina.
Luego de dar tres vueltas más, decidió volver al departamento. Tras abrir la puerta, percibió aquel aroma a soledad.
Cerró la puerta. Por un segundo le pareció escuchar la voz de ella dándole la bienvenida, pero sacudió la cabeza para disipar el fantasma.
—Ni siquiera cambiar de departamento pudo evitar la soledad… ni los recuerdos —susurró.
Con pesar, caminó hacia el refrigerador y sacó una botella de agua. Mientras la abría, una pregunta cruzó su mente:
“¿Qué estoy haciendo con mi vida?”.
En otro pueblo, una joven observaba el atardecer a través de una ventana. Era ya la última semana de unas vacaciones que no se sintieron como tal. Se había pasado casi todo el tiempo en casa, saliendo apenas para las compras necesarias. Y por más que se juró no volver a mirar atrás, de manera inconsciente siempre terminaba haciéndolo.
Se miró en el reflejo de la ventana, observando cada rasgo de su rostro. Lo que más llamó su atención fue su mirada: estaba apagada.
—Esta no es la mirada de alguien que fue tras su sueño… —susurró—. Me sigo viendo igual… aunque de alguna manera ya no soy la misma.
Esbozó una sonrisa fingida.
“Quizá de esa Carolina ya no queda nada… solo su sombra”.
Volvió la vista hacia el cielo oscuro mientras un pensamiento la asaltaba:
“Quizá aquella Carolina llena de sueños no desapareció… quizá solo quedó perdida en algún lugar dentro de mí”.
#1645 en Novela contemporánea
#7026 en Novela romántica
segundas oportunidades, reencuentros del pasado, amor y crecimiento personal
Editado: 26.03.2026