Los débiles rayos de sol ingresaban por la ventana de una modesta habitación. Junto a ella, una joven de mirada nostálgica observaba detenidamente la pantalla del celular que sostenía en una de sus manos.
—Aún faltan doce días… —susurró con pesar.
Elevó la mirada y dejó escapar un largo suspiro.
Habían pasado dieciocho días de unas vacaciones que, para nada, parecían serlo.
La misma rutina diaria: levantarse, asearse, preparar sus alimentos, limpiar la casa, revisar la alacena, anotar lo que faltaba para comprarlo el fin de semana, ver algún programa de televisión o escuchar algo de música y, por la noche, dormir. Eso sí, aprovechando las vacaciones, se acostaba más temprano que cuando estudiaba y trabajaba.
Pero ese día no quería que fuese igual.
Aunque no era el día asignado para hacer las compras de la alacena, decidió realizarlas. Caminó hacia su habitación, tomó su cartera y un bolso, y salió de casa.
“Tal vez sea bueno comer hoy fuera.”
Pensó.
Aunque ella no era la única que sentía que sus vacaciones la asfixiaban.
Sebastián estaba pasando por lo mismo. Incluso sufría de insomnio con solo pensar que al día siguiente sería exactamente igual.
—Nada cambiará… —susurró.
Dio vueltas de un lado a otro en la cama.
Tras no lograr su objetivo de dormirse, se sentó en ella y encendió la televisión.
“Quizá sea bueno ir a algún lugar. No necesariamente otra ciudad… pero sí cambiar un poco la rutina.”
Luego de pensar durante algunos minutos en lo que haría al día siguiente, finalmente se quedó dormido.
Mientras tanto, en otro pueblo…
Carolina caminaba por un supermercado observando los anaqueles, sin notar que alguien la observaba a lo lejos desde hacía algunos minutos.
“Sin duda es mi día de suerte.”
Pensó un joven de elegantes prendas mientras llevaba una de sus manos a su cabello ondeado, esbozando una gran sonrisa.
Segundos después, reanudó su andar.
—Parece que el destino nos quiere juntos.
Pronunció al llegar detrás de la castaña.
Pero Carolina no respondió. Estaba demasiado concentrada observando un anaquel.
El joven carraspeó.
Luego volvió a hacerlo.
Pero ella parecía no reconocer su voz.
Entonces decidió colocar una de sus manos sobre su hombro.
Ante ello, Carolina giró el rostro, desconcertada, y se encontró con aquel joven que tanto la exasperaba.
—Te estuve hablando, pero creo que estabas muy concentrada…
—Estaba revisando unos productos que quiero comprar —contestó con seriedad.
—Claro… —dijo Enzo, sin dejar de observarla.
“Se le nota decaída.”
Carolina colocó un frasco en el canasto que llevaba y continuó su camino.
Enzo caminó tras ella.
—¿Viniste a hacer las compras de la semana?
—Así es —respondió ella con seriedad.
—Fui a verte al restaurante…
Carolina posó su mirada molesta sobre el joven.
—Tu compañera me dijo que estás de vacaciones.
Ella no respondió nada. Solo continuó caminando mientras observaba los productos de los anaqueles.
—De haberlo sabido antes… bueno, aún tenemos días para disfrutar.
El joven calló.
Ella respiró hondo y empezó a caminar hacia la caja del lugar.
—Almorcemos juntos —dijo Enzo.
—¿Qué?
Respondió Carolina frunciendo el ceño.
—Permítete conocerme más. Estudiamos juntos y, como ya lo sabes, quiero ser tu amigo.
“Por ahora.”
Carolina no dijo nada. Solo se dirigió a la caja para pagar sus compras.
Enzo la siguió.
—No compraste nada —dijo Carolina al verlo junto a ella.
El joven solo sonrió.
Tras cancelar su compra, abandonó el supermercado seguida por Enzo, quien empezó a decir:
—Carolina, no te pido que seas mi cita. Solo te pido que seas mi amiga hoy. Yo te necesito para no sentir que estas vacaciones fueron un desperdicio… y creo que tú también necesitas recordar que hay un mundo fuera de tus recuerdos.
Esas últimas palabras hicieron que ella detuviera su avance.
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segundas oportunidades, reencuentros del pasado, amor y crecimiento personal
Editado: 26.03.2026