Cenizas

Capítulo 13: "Lucha interna"

Las vacaciones concluyeron y, con estas… la esperanza de seguir adelante.

Y digo esperanza, pues a ello se aferraban Sebastián y Carolina.

Ambos creían que volver a sus rutinas era lo que necesitaban para no caer en lo mismo: pensar en el otro.

Carolina se levantó muy temprano para preparar su desayuno, alistarse e ir a clases.

Según su horario, su primera materia iniciaba a las siete de la mañana, y en las horas siguientes apenas le quedaría espacio para almorzar.

Lejos de estresarla, aquello la llenaba de tranquilidad.

Entre sus clases y su trabajo, no habría el más mínimo espacio para recuerdos del pasado… o al menos eso creía.

Por el lado de Sebastián, volvió a su trabajo.

Eso le garantizaba estar todo el día con la mente ocupada. Entre proyectos, supervisiones y reuniones de trabajo, su mente no tendría espacio más que para ello…trabajo, o al menos eso creyó.

Pero la realidad fue otra.

Al escuchar a uno de los integrantes de su equipo de trabajo proponer el nombre de un proyecto, le fue inevitable no viajar al pasado.

A aquel pasado que tanto atesoraba.

Vio a Carolina junto a él escribiendo en un cuaderno una palabra: Ensueño, mientras le sonreía dulcemente.

Le fue inevitable esbozar una sonrisa, al recordar aquella palabra que en algún momento su ex esposa pronunció en referencia a lo que estaban viviendo juntos.

—Parece que las vacaciones sí te sirvieron —expresó Gerardo, quien estaba frente a él.

—¿Qué?

Sebastián no había logrado escuchar bien.

—Me alegra verte más tranquilo —expresó Gerardo.

Sebastián no respondió.

Poso su mirada en la carpeta que tenía en la mesa, y la abrió.

En tanto…

En otro pueblo, una joven, tras su última clase de la mañana, abandonaba el aula entre la multitud.

—Carolina, espera —decía Enzo desde unos metros atrás.

Ella continuó su camino, ignorándolo.

Pero al salir, él logró alcanzarla.

—Qué cruel eres… te estuve llamando.

—Disculpa, no te escuché —respondió, sin detenerse.

—¿Almorzarás en el cafetín?

—No tengo otra opción. La próxima clase es en cuarenta minutos.

Enzo sonrió.

—Este ciclo sí que está ajustado.

Carolina sintió incomodidad.

Pensó en acelerar el paso, pero le pareció descortés, así que continuó caminando junto a él.

—¿También vas al cafetín? —preguntó sin interés.

—No queda de otra.

Ella esbozó una leve sonrisa.

Él lo notó, y su pecho se llenó de entusiasmo.

“Sigue así, Enzo…”

Se animó a sí mismo.

Al llegar, hicieron sus pedidos y tomaron asiento.

—Mañana me levantaré más temprano —dijo él.

—¿Por qué? Si nuestra primera clase es a las diez…

—Porque quiero sentarme junto a ti.

Carolina bajó la mirada hacia su plato.

Empezó a cortar la carne.

“Es muy directo… Sebastián no era así…”

El pensamiento llegó sin aviso.

Su pecho se apretó.

Negó con la cabeza.

“Dije que no volvería a pensar en él…”

Pero el dolor se reflejaba en su mirada.

—¿Pasa algo? —preguntó Enzo.

—Nada —respondió, forzando una sonrisa.

Y continuaron en silencio.

En otro pueblo…

Sebastián y Gerardo aprovechando el receso tras la reunión, decidieron ir al cafetín de la constructora a almorzar.

—Mira, allá está Isabella —dijo, Gerardo yendo a su encuentro.

Sebastián no respondió.

Minutos después, Gerardo regresó con ella.

—Gerardo me invitó a compartir la mesa —dijo Isabella, sentándose.

Sebastián siguió comiendo en silencio.

—A partir de hoy trabajo acá en horario completo.

Sebastián levantó la mirada.

—Nos veremos más seguido —añadió ella con una ligera sonrisa.




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