Cenizas

Capítulo 15: "Una nueva oportunidad de sentir"

Un nuevo día amanecía.

Un día bastante caluroso.

Los rayos del sol se proyectaban sobre los techos de las viviendas, dándoles un brillo casi invasivo. Era de esos días en los que el calor no te permitía ignorar que estabas vivo. De esos días que te obligaban a salir del letargo… aunque no te sintieras listo para enfrentar la realidad.

Sebastián lo sabía perfectamente, y con pesar bajó de la cama tras sentir los rayos del sol proyectándose sobre su rostro.

Posó su mirada en el reloj que yacía sobre el velador.

—Las seis de la mañana… —susurró.

En ese instante, la pantalla de su celular se iluminó.

Un mensaje.

Isabella.

Recordándole la rutina.

Sebastián sostuvo el teléfono por unos segundos… sin abrir el mensaje de inmediato.

Suspiró.

—Siempre tan insistente…

No había molestia en su voz… pero tampoco completa tranquilidad.

Dejó el celular sobre la cama, tomó ropa limpia y caminó hacia el baño.

Minutos después, ya cambiado, salió a correr como era su costumbre.

Pero esta vez… no estaría solo.

—Por tu expresión… te sorprendí.

Sebastián detuvo levemente su andar.

Isabella.

Antes de que pudiera reaccionar, ella se acercó y depositó un beso en su mejilla.

El tiempo pareció detenerse por un segundo.

Sebastián se quedó estático.

No por rechazo… sino por desconcierto.

Una sensación extraña recorrió su pecho.

No dijo nada.

—No es que desconfíe de ti —continuó ella con naturalidad—. Sé que eres muy disciplinado… pero ya te lo dije, no te dejaré solo.

—¿Piensas correr también? —preguntó él, aún procesando lo ocurrido.

—Creo que no es necesario responder —sonrió—. No solo soy tu terapeuta… también tu amiga.

Sebastián asintió levemente.

Comenzaron a correr.

Durante algunas vueltas, el silencio fue cómodo… pero no del todo ligero.

Por momentos, sin entender por qué, Sebastián llevaba su mano a la mejilla.

El recuerdo del gesto de Isabella… seguía allí.

Y sin querer… otra imagen cruzó su mente.

Una sonrisa…

Una voz…

Una presencia que ya no estaba.

Carolina.

Apretó ligeramente el paso.

Isabella, desde la banca donde se había detenido a observarlo, lo notó.

—No te dejaré solo… —susurró.

Pero esta vez… su voz no sonaba tan segura como antes.

En otro pueblo…

Tras largas horas de clases, Carolina abandonaba un aula.

—Espera —escuchó.

—¿Sucede algo, Enzo? —respondió con calma, tras detener su andar.

—¿Vas al trabajo?

—Sí.

—¿Y no cenarás?

—Lo haré en el trabajo, ya no hay tiempo.

—Si vas en bus quizá no te alcance… pero si vas en mi auto…

Carolina lo miró en silencio.

—¿Qué propones?

—Te invito a cenar. Algo ligero… y luego te llevo.

Carolina bajó la mirada.

Sabía lo que Enzo sentía.

Lo había notado desde hace tiempo.

Y también sabía algo más…

Que su compañía… la hacía sentir menos sola.

Pero eso… no significaba que estuviera en paz.

Su mente viajó inevitablemente al día anterior.

Aquel encuentro con su exsuegra.

Aquel encuentro que la hizo recordar un pasado.

Lo que alguna vez fue su vida.

Su pecho se oprimió.

—¿Qué dices?

Carolina levantó la mirada.

—Acepto.

Su voz fue firme.

Pero su interior… no tanto.

Mientras tanto…




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