Sebastián, desde niño, tuvo un gran sueño: ser arquitecto. Con esfuerzo, trabajo y mucho sacrificio, pudo estudiar la carrera que amó desde la infancia; pero sus metas no terminaron allí. Al graduarse, apuntó a trabajar en una de las constructoras más reconocidas del país.
Gracias a su disciplina, talento y al apoyo de su entonces esposa, Carolina, pudo lograr esa meta. Pero aún tenía una más, una que solo ellos dos conocían y que ese día se hacía realidad.
Aún no podía creerlo.
A pesar de su juventud, y aunque no era la primera vez que su talento era reconocido, ese día era especial. Había sido invitado a subir al escenario para recibir un homenaje junto a otros profesionales de mayor trayectoria, convocados por el sexagésimo aniversario de la constructora.
—Arquitecto Vallasco, reciba este reconocimiento en mérito a su buen desempeño profesional. Espero seguir oyendo cosas buenas de usted, tanto de los clientes como de sus compañeros —pronunció el jefe de la constructora, mientras le entregaba un diploma y un sobre.
Sebastián esbozó una ligera sonrisa.
—¡Gracias! Seguiré dando lo mejor de mí —expresó, posando su mirada en las palabras del diploma.
“Nos honra tenerte en nuestro equipo. Tu disciplina, talento creativo y pasión son inspiradores para todos…”
Sintió que el pecho se le inflaba de emoción. Buscó con la mirada entre el público, como si en alguna de esas mesas estuviera la persona con quien más quería compartir aquel logro.
“Lo hice… lo hice, esto es para…”
Su pensamiento se cortó de golpe. Sintió un apretón punzante en el pecho. La euforia del momento se desvaneció.
Sabía que no podía retroceder.
Sonrió para todos los presentes… menos para sí mismo.
Mientras tanto, en otro pueblo…
Carolina se encontraba en su habitación, con la mirada fija en los libros de texto. El silencio de su cuarto era el polo opuesto a la algarabía que se vivía en aquel lugar donde se encontraba su exesposo.
De pronto, su celular interrumpió la concentración.
—¡Aló! —dijo con calma.
—Mañana es el día —escuchó.
—Enzo, estas no son horas para llamar…
—Lo sé, pero supuse que podías estar nerviosa y me dije: quizá Caro necesita de un amigo…
—No puedo mentirte, sí me siento algo ansiosa —admitió—. Es la primera vez que recibiré un reconocimiento por mi cuenta.
—Pues lo ganaste por merecimiento propio, Caro.
Le fue inevitable esbozar una sonrisa.
Ella había soñado con un momento así: ser reconocida por su nombre y no como “la sombra de alguien más”. A pesar de la satisfacción, un ligero aire de nostalgia se coló en su pecho.
“¿Por qué siento esto ahora?”
Se preguntó, acariciando el borde de su escritorio.
En tanto…
Tras bajar del escenario, Sebastián se vio rodeado por sus compañeros.
—Felicidades, amigo —dijo Gerardo, dándole una palmada en la espalda.
—¡Gracias! —respondió Sebastián con una sonrisa forzada.
Su mirada se desvió hacia los otros premiados, quienes eran recibidos con besos y abrazos por sus parejas.
“Debo estar feliz”, pensó.
—Volvamos a la mesa —escuchó.
Sebastián asintió.
A los pocos segundos de haber ocupado su lugar en la mesa, escuchó una voz tras de él.
—¡Felicidades!
Sebastián giró y se encontró con Isabella, que lo miraba fijamente con una gran sonrisa.
—¡Gracias!
—¿Puedo sentarme con ustedes? —preguntó ella.
—Claro —se adelantó Gerardo.
Sebastián guardó silencio. Isabella tomó asiento frente a él.
—Hubiera querido darte un abrazo… pero lo dejaremos para después…
—¿Qué?
—Que hay un tiempo para todo… —contestó con un gesto misterioso—. Mejor escuchemos al presidente de la constructora.
Sebastián sintió que aquella conversación no era casual.
Desde hacía semanas intuía que Isabella quería decir algo más, algo que él había evitado enfrentar.
Pero no dijo nada.
Tras la cena, Isabella le pidió a Sebastián que la llevara a casa, alegando que había olvidado su auto.
Al llegar, él intentó bajar para abrirle la puerta, pero ella lo detuvo poniendo una mano sobre la suya.
—¡Gracias por aceptar traerme! —dijo ella.
—Si olvidaste tu auto, era lo mínimo que podía hacer como amigo —respondió él con calidez, retirando suavemente su mano.
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segundas oportunidades, reencuentros del pasado, amor y crecimiento personal
Editado: 14.05.2026