Cenizas

Capítulo 19: "Antes de soltarnos"

Habían pasado cuatro años desde el día en que Sebastián y Carolina decidieron ponerle fin a su relación.

Cuatro años desde aquel divorcio que dejó cicatrices en sus corazones. Cicatrices nacidas no del odio, sino del recuerdo de la felicidad… de aquella felicidad que el inconsciente de ambos se negaba a borrar.

Sí, a borrar.

Tantos recuerdos juntos.

Tantos momentos compartidos.

Ambos sabían que no era correcto seguir aferrándose al pasado.

Sabían que se estaban haciendo daño.

Pero, aun así, no tenían el valor suficiente para reconocerlo y dejarlo atrás.

Sin embargo, aquel día, tras cuatro años aferrándose a recuerdos imposibles y comprendiendo finalmente que no podían seguir viviendo de esa manera… ambos tomaron la misma decisión.

Era momento de voltear la página de verdad.

—No puedo seguir así… tengo que ser honesto conmigo mismo —dijo Sebastián.

Las lágrimas brotaron de sus ojos y descendieron lentamente por sus mejillas mientras observaba el portarretratos que sostenía entre las manos. En él aparecía junto a su ex esposa, vestidos de blanco, ambos con sonrisas radiantes.

—Me aferré a una posibilidad que no se dará —susurró con nostalgia—. No tuve el valor para impedir que se fuera… mucho menos para ir tras ella. Por eso… es tiempo de aceptar este nuevo destino.

Un fuerte apretón le comprimió el pecho.

Con manos temblorosas, guardó el portarretratos dentro de un pequeño baúl donde también descansaban un aro matrimonial y un álbum de fotos.

Le sorprendió lo pesado que se sentía aquel pequeño baúl entre sus manos.

Tomó el candado que estaba junto a él y lo cerró con lentitud, como si al hacerlo estuviera sellando una parte de su vida.

Una nueva lágrima resbaló por su rostro.

Respiró hondo, tomó el baúl y caminó hasta el armario. Abrió una de las puertas y colocó el objeto en el rincón menos visible.

Cerró el armario despacio.

Luego llevó ambas manos a su rostro y secó las lágrimas que habían humedecido su piel.

Caminó hasta la ventana de la habitación y apartó las cortinas.

Los rayos del sol se proyectaron sobre él.

Esbozó una ligera sonrisa.

—No será fácil… —soltó con pesar— pero, como dice Isabella, nada es fácil en la vida.

Lo importante es tener voluntad… y creo que ahora la tengo.

En tanto, en otro pueblo…

Una joven mujer permanecía de pie junto a una ventana observando el atardecer, mientras sostenía entre sus dedos el aro de matrimonio que alguna vez adornó su mano.

—Hoy se cumplen cuatro años desde que me convertí en una mujer divorciada… —susurró con melancolía.

Observó el anillo fijamente.

—Sin duda fueron años muy duros para mí… pero yo lo quise así. Y aun cuando comprendí que pude manejarlo mejor… no fui capaz de retroceder.

Sintió un fuerte nudo en el pecho.

—Sí… no fui capaz de retroceder. No por orgullo… sino por temor.

Su mirada empezó a nublarse.

—Yo te lastimé… aunque nunca me lo dijeras, te lastimé —dijo mientras las lágrimas comenzaban a caer—. Lo vi en tu mirada aquel día que te pedí el divorcio. Lo sentí en tu voz… y aun así no supe hacerlo mejor.

Respiró profundamente y limpió sus lágrimas.

—Tal vez fue la inmadurez de mi juventud… o quizá mi deseo de poder ser como tú pesó más… no lo sé. Lo único que sí sé… es que ya no tengo lugar en tu corazón y, por lo mismo, lo correcto es soltarte de verdad.

Sus lágrimas cayeron silenciosamente al suelo.

Miró el aro una vez más.

Durante años había dormido con aquel anillo escondido entre sus cosas, como si conservarlo fuera la única prueba de que aquel amor había existido de verdad.

Cerró lentamente los dedos sobre él.

—Cuando decidí apartarme de tu vida, dejé nuestro álbum de fotos… el aro de compromiso que me diste… incluso aquel portarretratos de nuestra boda. Pero no pude dejar el aro matrimonial que colocaste en mi mano ese día… aunque hoy… debo hacerlo también.

Guardó el anillo dentro de una pequeña cajita y luego la colocó en una bolsa de papel.

Después tomó el celular y marcó un número.

—¿A qué hora puedo ir con mi donación? —preguntó con calma forzada.

—A partir de las diez.

—Bien… allí estaré.

Mientras tanto…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.