Cenizas

Capítulo 26: "Lo que somos ahora"

Dentro de una habitación, parada frente a la ventana de una habitación se encontraba una joven observando por quinta vez la pantalla de su celular.

La tarjeta de invitación al “Desayuno Platinium” brillaba con elegancia.

Las letras doradas sobre la misma, eran claras: Su uso era exclusivo para una sola persona y no era transferible.

Una extraña inquietud recorrió cada parte de su cuerpo, la misma sensación que experimento la primera vez que leyó el mensaje, aunque con una pequeña diferencia, ahora esa sensación era más fuerte, era como una sensación de que algo no encajaba.

—¿Gane un sorteo del hotel? — susurró, aún incrédula.

Ella jamás tenía esa clase de suerte.

Su mirada se desvió hacia la libreta de notas sobre la mesita de noche, donde tenía anotados los gastos aproximados del viaje. Enzo había insistido en pagar todo, pero ella se negaba rotundamente a ser una carga o a alimentar falsas esperanzas en él. Le devolvería cada billete, hasta la última moneda.

—Quizá mi mala suerte ha empezado a cambiar. —Un gasto menos —susurró para sí misma, forzando una sonrisa—. No tengo por qué tener miedo. Es solo un desayuno.

Respiro hondamente, camino hacia un sofá, tomo su bolso y abandonó la habitación sin imaginar que estaba caminando directo hacia la red que el destino ya había tejido para ella.

El área VIP del hotel, era un lugar muy tranquilo, lejos del bullicio del comedor principal. Las mesas estaban estratégicamente dispuestas, separadas por delicadas cortinas de seda que otorgaban una privacidad absoluta. Carolina se sentó en la mesa asignada, agradeciendo el silencio.

Al mismo tiempo, a solo unos metros y oculta tras el velo de la mesa contigua, Isabella sostenía una taza de té, con la mirada fija en la entrada. Su corazón latía con fuerza, no por egoísmo, sino por la adrenalina de estar haciendo lo correcto.

La cortina de la entrada se movió. Sebastián ingresó al reservado, con la mirada gacha y las palabras de Isabella resonando en su mente: "Llega a la hora exacta". Al levantar la vista, el mundo se detuvo por segunda vez en menos de veinticuatro horas.

Carolina dejó caer la servilleta de tela sobre la mesa. Sebastián se congeló.

—¿Sebastián...? —el nombre escapó de sus labios como un susurro ahogado.

—¿Carolina? ¿Qué haces aquí? —preguntó él, sintiendo que el aire se volvía denso, casi irrespirable.

—Yo... gané un desayuno de cortesía. Un pase Platinum —explicó ella de inmediato, sintiéndose repentinamente vulnerable, como si la hubieran atrapado haciendo algo malo.

Sebastián guardó silencio un segundo.

Un pase exclusivo.

Una sola persona.

La insistencia de Isabella por la puntualidad.

Las piezas del rompecabezas encajaron con una claridad dolorosa en su mente.

Isabella estaba detrás de esto.

No lograba comprender las intenciones de la psicóloga, sabiendo perfectamente lo que ella sentía por él, pero en ese momento, el peso de la presencia de Carolina anuló cualquier otro pensamiento.

Se sentó frente a ella, no porque quisiera forzar la situación, sino porque sus piernas simplemente no tenían la fuerza para dar la vuelta. La distancia entre ambos parecía algo muy difícil de acortar.

—¿Estás aquí por…? — pronunció Carolina, rompiendo el silencio, a pesar de que sentía un nudo en la garganta.

—Vacaciones — contestó rápidamente él, mientras sentía su cuerpo temblar, y su corazón palpitar.

—Vacaciones — susurró ella.

—Sí, vacaciones — contestó Sebastián, tras alcanzar a oírla.

Carolina a pesar de la inquietud que sentía posó su mirada sobre él.

—Aprovechando mis vacaciones de este año vine con una amiga — añadió omitiendo el nombre de Isabella.

Sintió una punzada en su corazón al conectar miradas con su ex esposa.

Una punzada de culpa inexplicable.

En tanto, ella meditaba la respuesta de su ex esposo.

“Una amiga. No tiene el valor de decirme que rehízo su vida” — pensó Carolina, mientras sentía un apretón en su pecho.

—. ¿Y tú? — pronunció Sebastián, a pesar de no querer conocer la respuesta.

Carolina enderezó la espalda, y por primera vez en la conversación, un destello de genuino orgullo brilló en su mirada.

—Estoy aquí por un Congreso Internacional de Medicina Veterinaria. Finalmente logré graduarme. Trabajo para una clínica en mi pueblo natal y me enviaron como representante…

Sebastián la miró, con admiración, pero a la vez nostalgia.

Un nudo se formó en su garganta.

Lo había logrado.

Y él no estuvo junto a ella para verla conseguir su sueño.




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