Cenizas

Capítulo 28: "Cenizas que aún arden"

Por un pasillo, un par de jóvenes caminaban, uno a unos centímetros por delante del otro.

Uno de ellos avanzaba a paso firme, con una gran sonrisa plasmada en el rostro, mientras la otra persona caminaba con la mirada baja, procesando aún todo lo que había sucedido hacía unos minutos.

—Es un descarado, ¿no lo crees? —soltó Enzo con una ligera sonrisa, volviendo la mirada hacia la persona que caminaba detrás de él.

—¿Qué? —preguntó Carolina, un tanto aturdida, levantando la vista.

—Tu ex —respondió con un gesto de desagrado.

Carolina sintió una punzada en el corazón.

—La verdad, no pensé que fuera así —agregó el joven.

Ella lo miró confundida.

—¿Qué tratas de decir? —preguntó con la mayor calma que pudo.

—Está aquí con su nueva pareja, ¿no? Entonces debería respetarla y no andar buscando a su ex.

—Su nueva pareja... —susurró Carolina con nostalgia, mientras sentía un fuerte apretón en el pecho.

Enzo la observó con atención.

—Tú y él ya no tienen nada de qué hablar —añadió con firmeza.

La mirada de ella se entristeció y un pensamiento cruzó por su mente.

"Es cierto. Él y yo ya no tenemos nada de qué hablar; sin embargo..."

Su reflexión se vio interrumpida cuando el rostro nostálgico de Sebastián volvió a aparecer en su memoria.

Su corazón se estrujó y las dudas regresaron una vez más.

"Quizá no quiere hablar del pasado. Tal vez desea decirme algo del presente. A lo mejor solo quería preguntarme por los amigos que tuvimos en común. Sí... debe de ser eso."

—Caro...

La voz de Enzo la sacó de sus pensamientos.

—Discúlpame. No tengo ganas de salir a caminar. Iré a la habitación.

Y, sin esperar respuesta, continuó su camino por el pasillo.

Enzo apretó los puños mientras la veía alejarse.

"¿Qué pretendes, Sebastián Vallasco? Tu tiempo con ella ya pasó."

Ese pensamiento cruzó por su mente.

Giró sobre sus pasos, dispuesto a regresar al cafetín, pero una voz detuvo su avance.

—¿Podemos hablar?

Enzo dirigió la mirada hacia la dueña de aquella voz.

—Mi nombre es Isabella...

—Sé quién eres... e imagino de qué quieres que hablemos —respondió él, esbozando una sonrisa.

Isabella le devolvió una sonrisa cálida.

—Vamos a beber algo fuera. Yo invito.

—Bien.

Ambos continuaron caminando por el pasillo, mientras Sebastián salía del cafetín atormentado por sus pensamientos.

"Será mejor volver. Sí... será lo mejor. No soporto verla con otro. No lo soporto... no lo soporto."

Con el corazón destrozado, continuó avanzando por el pasillo. Esta vez sus pasos ya no eran pesados, sino apresurados.

Mientras tanto...

En una habitación del hotel, una joven de mirada entristecida observaba un mensaje en su celular.

El mensaje provenía de un número que no tenía registrado. Aun así, lo abrió por instinto apenas llegó. Aunque era muy cautelosa con los números desconocidos, algo la impulsó a leerlo.

Carolina estaba confundida, pues aquellas palabras parecían responder exactamente a lo que estaba sintiendo tras reencontrarse con su exesposo.

El título del mensaje decía: «No te quedes en preguntas, busca la respuesta.»

¿Alguna vez te has arrepentido de alguna decisión que tomaste?

Seguramente sí. A muchos nos sucede, pero pocos lo aceptan y aún menos tienen el valor de enfrentar las consecuencias de sus decisiones.

Sin embargo, enfrentarlas suele ser la mejor elección. No solo te permite resolver tus dudas y sanar heridas, sino que también abre la puerta a la posibilidad de ser verdaderamente feliz.

Tras leer el mensaje cinco veces, Carolina apagó la pantalla del celular, lo dejó sobre la cama y murmuró:

—Ser feliz de verdad...

Guardó silencio unos segundos.

—Es cierto. He podido cumplir mi sueño desde mi divorcio, pero... durante estos seis años, ¿de verdad fui feliz?

Su mente regresó al pasado.

A ese pasado que había intentado cerrar con candado tras el divorcio, aunque en el fondo sabía que jamás lo había conseguido.

Durante esos seis años siempre hubo algo que la hacía volver la vista atrás y recordar al hombre que había sido el gran amor de su vida.

Recordó el día en que lo conoció.

Todos aquellos años compartidos.

Primero como amigos.

Después como novios.

Y, finalmente, como esposos.

Años llenos de felicidad.

Años que ella misma decidió dejar atrás cuando, influenciada por los comentarios de quienes la rodeaban, comenzó a creer que había dejado de pensar en sí misma para vivir únicamente apoyándolo a él.

Recordó el día en que tomó la dolorosa decisión de pedirle el divorcio.

Recordó la mirada de Sebastián, intentando comprender el porqué de aquella decisión.

Recordó cómo esa mirada le atravesó el corazón y, aun así, decidió ignorarla para seguir adelante.

Una decisión de la que se arrepintió no una, ni dos, ni tres veces...

Sino incontables veces.

Una decisión que nunca tuvo el valor de revertir por miedo.

"Lo herí... Ya no merezco su perdón."

Ese pensamiento la acompañó durante años.

Siempre había sido una persona que sacaba conclusiones demasiado rápido.

Nunca se detenía a buscar respuestas.

La falta de comunicación terminó destruyendo su matrimonio.

No porque durante su vida de casados no hablaran; al contrario, siempre conversaban.




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