Cero

CAPÍTULO V

—¿No olvidas nada? —le pregunto a Sofi por tercera vez en el día.

—No, mamá —se queja rodando los ojos como niña chiquita. Aunque después lo piensa por unos segundos, deja su bolso en el sofá y camina hacia el baño.

Ahora soy yo la que rueda los ojos divertida.

Clay había dicho que pasaría por nosotras después de pasar por Fer; varios minutos antes nos dijo que iba saliendo de su casa. A pesar de que se encontraba algo alejado, nunca sabías cuánto tiempo se podría tardar en ir por Fer y después venir por nosotras.

Un pensamiento vuelve a ocupar mi mente y volteo a las escaleras. Ayer en la noche, el doctor Navarro se había pasado para ver a mi madre; dijo que estaba bien, que probablemente era el estrés de la Colecta lo que ocasionaba que sus episodios fueran más graves, aunque yo no podía terminar de entender cómo esto la podría estar afectando de esa manera.

Mis pies se mueven a la cocina buscando el medicamento que había dejado el doctor. Si bien no le tocaría a mi madre tomarlo hasta dentro de dos horas, no podía confiar en que se lo tomaría sola y dejarla sola en el estado de ayer sin haber tomado su medicina, claramente no era una opción.

Subo las escaleras entrando a su cuarto. En cuanto abro, percibo la luz en el cuarto, no me sorprende ver la cortina abierta y a mi madre viendo por la ventana.

Ella percibe mi presencia y se da media vuelta. En cuanto ve que soy yo, esboza una pequeña sonrisa.

—Mamá, traje tu medicamento —digo sacando una de las pastillas de la caja.

Me acerco a su mesa tomando el vaso de agua y entregándole ambas cosas.

—¿Debo tomarla? —preguntó inclinando ligeramente la cabeza.

—Sí, mamá —respondo autoritariamente.

Ella frunce los labios pero termina por tomar la pastilla y el vaso con agua. Se toma la pastilla y me devuelve el vaso, el cual vuelvo a dejar en la mesa.

—Anda, descansa un rato —digo cerrando las cortinas.

La empujo suavemente por la espalda haciendo que vaya hacia su cama y la pueda acostar. Ella se muestra algo renuente al inicio pero termina por aceptar. 

La acuesto acomodando las cobijas cuando escucho un sollozo proveniente de ella.

Me hinco a su lado confundida, aunque naturalmente limpio sus lágrimas con el dorso de la mano.

—Soy una mala madre —sollozó hundiéndose en la almohada.

—No eres una mala madre —replico seria. 

—Sí lo soy. No he estado para ninguno de mis hijos, los abandoné —solloza rompiendo en un fuerte llanto volteándose para que no pueda verla.

Me levanto y le doy vuelta a la cama para volver a estar frente a ella.

—Madre, no nos has abandonado —digo seriamente apoyando mi mano en su hombro.

En ese preciso momento, el timbre de la casa suena. Miro hacia la puerta pensando en ir, pero escucho los pequeños pasos de Sofi yendo a abrir.

—¡Cass!¡Clay y Fer ya están aquí! 

Muerdo mi labio pensativa. No quería dejar a mi madre en ese estado. Regreso mi mirada a ella, quien nuevamente se había volteado evitando que la viera.

—Será mejor que vayas con tus amigos —declaró entrecortada.

Hago una ligera mueca antes de salir del cuarto cerrando la puerta. Camino hacia la entrada viendo a los tres esperándome. No pude evitar sonreír al ver lo diferentes que se veían. Fer traía puesta una playera azul con estampado y unos shorts de mezclilla, mientras que Clay usaba una polo roja con unos pantalones de mezclilla y Sofi traía puesto un blusón largo blanco con pedrería en los hombros y pantalones color azul.

—¿Todo bien? —pregunta Clay en cuánto me acerco a ellos. 

Asiento con la cabeza sin querer dar muchos detalles.

—Vamos —digo empujándolos fuera de la casa.

Me volteo viendo por última vez hacia el cuarto de mi madre, no era la primera vez que la dejábamos sola, pero nunca estaba como ahora.

Suspiro resignada y cierro la puerta detrás de mí.

Todos juntos caminamos hacia el centro de la provincia. Muchas personas encontrarían satisfactorio el poder vivir tan cerca de las oficinas gubernamentales, aunque no sentía que afectara en nada como vivía.

Clay se encargó de tomar la ruta por la que podríamos evitar ver el centro de gobierno entrando al centro, ninguno de nosotros quería ver a los demás adolescentes dejando sus formularios, aunque presentía que era porque no queríamos ser vistos caminando a un lado sin emocionarnos.

Caminamos por las calles del centro dirigiéndonos hacia la plaza. 

Clay rozaba mi mano con la suya cada vez que tenía oportunidad, lo cual encontraba adorable. 

A mi lado izquierdo, Fer y Sofi se mantenían platicando de todo lo que podían, Sofi le contaba cómo le había estado yendo en la escuela y lo emocionadas que estaban sus amigas por la idea de poder inscribirse en la colecta, mientras que Fer le contaba como habían estado sus padres y como le estaba yendo en el trabajo. Pude notar que ninguna de las dos había mencionado algo sobre la actitud reciente de mi madre.




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