Narra Elías
Cuando los de séptimo tocaron la campana, nos levantamos para formarnos, Juanma seguía molestándonos, diciendo que éramos maricones, que dábamos asco, que éramos unas nenitas. Bajé la cabeza. Me sentía mal, no me gustaba que me tratara así, siempre habían dicho cosas para molestarme, pero sentía que ahora iba a ser peor. Sentí que Tehuel jugaba con mi guardapolvo mientras subían la bandera. Me ponía nervioso, pero ahora no porque era él, ahora me ponía nervioso porque sabía que nos iban a seguir molestando. Aunque no le dije que parara, no me gustaba sentirme solo en todo esto. No quería que lo molestaran a él también, pero me sentía más tranquilo si estaba Tehuel conmigo. Después de subir la bandera, fuimos al comedor. Los cuatro entramos primero, la mayoría de veces entrábamos últimos, pero hoy fuimos los primeros. Los cuatro nos sentamos juntos, como siempre. Después llegaron los demás, que se sentaron en otras mesas dejándonos solos.
—¡No se acerquen a ellos o los van a volver maricones! —gritó Juanma parándose en el banco.
Lo miré, después miré a Tehuel, de nuevo tenía cara de enojado, lo miraba como si quisiera pegarle. Me sentí mal, no quería que mis amigos y él pasaran por lo mismo. Miré mis manos escuchando como todos se reían de Tehuel y de mí. De repente, escuché la voz de una de las seños llamando a Juanma, levanté la cabeza, era la seño Soledad, la tía de Tehuel. Todos se quedaron callados mientras Juanma se iba con ella. Miré a los chicos, Tehuel se veía un poco más tranquilo ahora, Tomi y Mati ya habían empezado a hablar entre ellos. Sentí la mano de Tehuel agarrarme de la pierna, lo miré.
—Mi tía nos va a ayudar, tranquilo. —Me sonrió.
Pensé que nos iban a dejar en paz, pero un ratito después, empecé a escuchar que hablaban de nosotros riéndose, era Milagros la que decía cosas para que todos se burlaran de nosotros. Suspiré poniendo mi cabeza en el hombro de Tehuel. Esperaba que no le molestara que hiciera eso, ahora ya todos sabían que nos gustábamos, así que ya no pasaba nada si hacía estas cosas. Nos quedamos así, nosotros dos callados hasta que la seño vino a buscarnos. Todos nos levantamos y fuimos saliendo al patio para buscar nuestras mochilas antes de subir al aula. Cuando nos acercamos a nuestro banco, Tehuel me pidió que me sentara de su lado, sabía que era para que no me molestaran tirándome cosas. Le hice caso y me senté en su lugar, después saqué mi carpeta y mi cartuchera. De repente, la puerta se abrió, pude ver a la tía de Tehuel y a Juanma, él entró, pero la seño Sole le pidió a nuestra seño que saliera. Apenas nos quedamos solos, todos empezaron a hablar.
—Eh, maricón. —Escuché decir a Juanma, lo miré sabiendo que me hablaba a mí—. Vas a ver, por tu culpa el director me retó.
—Es tu culpa por tarado —respondió Tehuel.
—¿Vos qué te metes?
—Me meto porque quiero, Juan Manuel.
Le puse la mano en la muñeca, él me miró, yo solamente negué con la cabeza, ya no quería que se siguiera metiendo en problemas. Ya nos habían mandado una nota por lo de ayer, no quería que hoy también pasara. La seño volvió a entrar y nos miró a todos, sobre todo a nosotros y a Juanma. Se acercó a él para pedirle el cuaderno de comunicados, después se sentó en su escritorio, diciéndonos que copiáramos lo que había quedado en el pizarrón. No era mucho, así que, estaba seguro que la seño iba a hablar con nosotros. Cuando pasaban cosas en el aula, siempre teníamos una charla para que nos lleváramos bien, aunque ya habíamos tenido una charla cuando Juanma empezó a reírse de mí diciéndome "maricón". Después de terminar de copiar lo que había en el pizarrón, la seño se paró adelante.
***
Después de tener una charla, que duró hasta el recreo, salimos al patio. Los cuatro decidimos ir a una esquina y jugar a la mancha. Como le tocaba a Tomi, nosotros tres salimos corriendo para escaparnos de él. Era el más rápido de nosotros, así que teníamos que ir antes que eligiera a quien iba a perseguir. Corrí hasta el otro lado del patio, pero, de repente, sentí algo en mis pies y me caí. Me senté en el piso, me ardían las rodillas y las manos, me había raspado.
—¡Qué tarado, se cayó!
Me giré, Juanma y Mili se empezaron a reír de mí. Tenía ganas de llorar, me ardían los raspones, pero si lloraba adelante de ellos, no me iban a dejar de molestar nunca más. Tehuel se acercó a mí rápido para ayudarme a levantar. Me llevó con su tía para que me curara. Ella nos llevó a dirección, nos hizo sentar en un banco y después entró a la oficina. Miré a Tehuel, estaba serio, como enojado, miraba para adelante. Le agarré la mano, pero él se soltó, me puse triste, seguro que estaba enojado conmigo por meterlo en esto. Había sido mi culpa y la de León que ahora pasara esto. Antes, Juanma, Mili y Vicente me molestaban, pero no me pegaban, ni molestaban a mis amigos, pero ahora también me hacían estas cosas, los molestaban a ellos, más a Tehuel. Miré el piso con ganas de llorar, ahora porque él estaba enojado conmigo y no porque me dolían las lastimaduras. La seño Soledad volvió con nosotros, me puso un spray en las raspaduras que hizo que me ardieran más, pero después ya no sentí nada. Me puso unas curitas en las rodillas y me agarró las manos para revisarme. Me puso el spray y me limpió con una gaza.
—¿Estás bien, Eli? —Asentí—. Llamé a tu mamá para que venga a buscarte, ¿sabés?
—¿Por qué no les dicen nada a ellos, tía?
—Tehuel, tranquilo. Ya hablé con tu seño, ella va a encargarse.
—Pero, tía.
—Basta, no vamos a cambiar nada así. —Le acarició el cachete—. Van a citar a sus mamás y a los de los chicos que los molestan, ¿sí?
Él suspiró, le agarré la mano, se giró para mirarme, me quedé mirándolo, él volvió a suspirar y apoyó la cabeza en mi hombro. Sentí que los cachetes me ardían un poco, pero no hice nada, prefería estar así y no verlo enojado o sentir que estaba enojado conmigo. Nos quedamos en la dirección hasta que el timbre sonó avisando que se había terminado el recreo, la seño Noe vino con mis cosas, me las dejó al lado pidiéndole a Tehuel que volviera al aula con ella, pero él no se movió. Le hice una seña para que fuera, él me dio un beso en el cachete y se levantó para acompañar a nuestra seño al aula. La tía de Tehuel se quedó conmigo, se sentó donde estaba sentado él antes. Mamá no tardó mucho en llegar a la escuela, pero no nos fuimos rápido, la seño se llevó a mi mamá a hablar con él director. Me quedé sentado con la mochila en la mano hasta que volvió a salir. Seguían hablando, pero no entendía de qué. Mamá se acercó a mí, agarró mi mochila haciéndome levantar. Los dos salimos de la dirección y después de la escuela para ir a casa. No quise hablar, aunque ella me preguntó un par de veces qué había pasado. No tenía ganas de seguir pensando, mañana iba a tener que verlos de nuevo y aguantar que nos molestaran. Lo único que tenía ganas de hacer ahora era estar con Tehuel.