Cicatrices de un Verano Infinito

Capítulo 13 La figura entre la luz

La silueta permaneció inmóvil.

No avanzaba.

No retrocedía.

Simplemente estaba allí, envuelta por aquella claridad blanca que brotaba desde el interior de la inmensa puerta de piedra.

El tiempo parecía haberse detenido.

El mar permanecía inmóvil.

Las gotas de lluvia que aún caían parecían descender con una lentitud imposible.

El viento había desaparecido.

Solo existían el faro, la puerta… y aquella figura.

Clara sintió que una fuerza invisible la atraía.

No era una orden.

Era una llamada.

Tan antigua que parecía provenir de un lugar anterior a los recuerdos.

Lucas sujetó su mano con fuerza.

—No.

Ella volvió lentamente la cabeza.

Los ojos de Lucas reflejaban un miedo que jamás había visto en él.

No era miedo por sí mismo.

Era el miedo de perderla otra vez.

Clara acarició suavemente sus dedos.

—No quiero ir.

Pero siento que… debo escuchar.

Lucas negó.

—No sabemos qué hay ahí.

—Precisamente por eso.

Su voz apenas fue un susurro.

—Toda nuestra vida alguien decidió por nosotros.

Esta vez… quiero elegir yo.

Aquellas palabras atravesaron el corazón de Lucas.

Durante quince años había luchado por protegerla.

Había aceptado el silencio.

La soledad.

La culpa.

Todo para mantenerla con vida.

Y ahora comprendía que protegerla también significaba respetar sus decisiones.

Aunque le destrozaran el alma.

Muy despacio soltó su mano.

—Entonces…

No irás sola.

Adrián observaba la escena con creciente inquietud.

Nada estaba ocurriendo como esperaba.

Según los antiguos manuscritos, el heredero debía acercarse solo a la puerta.

Nunca acompañado.

Mucho menos por la mujer amada.

Volvió a mirar la inscripción que comenzaba a brillar sobre la llave.

Sintió un escalofrío.

Había pasado cuarenta años estudiando aquellos símbolos.

Sin embargo…

Nunca había visto esa inscripción.

Nunca.

Por primera vez comenzó a sospechar que los documentos heredados por su familia estaban incompletos.

O peor aún…

Habían sido falsificados.

La idea lo golpeó como un puñetazo.

¿Y si durante generaciones habían perseguido una mentira?

No.

Se negó a aceptarlo.

No podía.

Habían muerto demasiadas personas.

Había sacrificado demasiado.

Todo debía tener sentido.

Esteban respiró profundamente.

Miró el rostro de Adrián.

Después la puerta.

Finalmente a Lucas.

Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.

—Ha llegado la hora.

Lucas lo observó.

—¿La hora de qué?

El anciano sonrió con infinita tristeza.

—De decir la verdad completa.

Durante unos segundos permaneció en silencio.

Como si ordenar aquellos recuerdos le costara más que cualquier herida.

Después comenzó a hablar.

—Hace doscientos ochenta y siete años existían dos familias.

No eran enemigas.

Eran hermanas.

Una protegía la llave.

La otra protegía la puerta.

Vivían aquí.

En Playa Esmeralda.

Mucho antes de que existiera el pueblo.

Mucho antes del faro.

Lucas escuchaba inmóvil.

Clara también.

Incluso Adrián dejó de moverse.

—Las dos familias hicieron un juramento.

Jamás permitirían que la puerta se abriera por codicia.

Solo podría hacerlo quien estuviera dispuesto a renunciar a aquello que más amaba.

Lucas sintió un estremecimiento.

Aquella frase le resultaba demasiado familiar.

Era exactamente lo que había hecho quince años atrás.

Había renunciado a Clara.

No por voluntad.

Sino para salvarla.

Esteban continuó.

—Con el paso de los años apareció un hombre ambicioso.

Convenció a varios guardianes de que detrás de la puerta existía un poder capaz de cambiar el mundo.

El miedo comenzó a dividirlos.

La desconfianza hizo el resto.

Hasta que una noche…

Uno de los guardianes robó la llave.

Adrián levantó lentamente la cabeza.

—Mi antepasado…

Esteban asintió.

—Sí.

Pero la historia nunca contó toda la verdad.

No robó la llave para abrir la puerta.

La robó…

Para impedir que alguien más lo hiciera.

El silencio fue absoluto.

Adrián sintió que las piernas le fallaban.

—No…

Eso no puede ser.

—Sí.

Tu familia fue condenada como traidora.

Pero nunca intentó liberar aquello que dormía detrás de la piedra.

Intentó esconder la llave.

Muy lejos.

Para siempre.

Lucas miró a Adrián.

Comprendió inmediatamente por qué durante generaciones habían buscado desesperadamente recuperar la llave.

No pretendían abrir la puerta.

Pretendían recuperar el honor perdido.

Toda aquella obsesión había nacido de una mentira transmitida de padres a hijos.

Adrián bajó lentamente la cabeza.

Por primera vez en muchos años…

Lloró.

No hizo ningún esfuerzo por ocultarlo.

Las lágrimas se mezclaron con la lluvia.

Toda su vida había perseguido el legado de sus antepasados.

Ahora descubría que jamás había comprendido el verdadero motivo.

Mientras tanto, la figura luminosa dio un primer paso.

No caminaba.

Parecía deslizarse.

La luz que la envolvía comenzó a disminuir.

Poco a poco su silueta adquirió contornos más definidos.

Un largo manto blanco.

Cabellos plateados.

Un rostro sereno.

No aparentaba edad.

Podía tener treinta años.

O trescientos.

Resultaba imposible saberlo.

Sus ojos eran de un color imposible.

Como si reflejaran simultáneamente el amanecer y el océano.

Cuando habló, su voz no resonó en el aire.

Resonó dentro del corazón de cada uno.

—He esperado mucho tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.