—“Hijo… si todavía recuerdas la canción que te cantaba cuando eras niño… aún estamos a tiempo de salvarlos a todos.”
La voz atravesó la playa como un rayo de luz.
Lucas sintió que el mundo entero desaparecía.
Ya no existían las olas negras.
Ni Aion.
Ni el Observatorio.
Ni los relojes detenidos.
Solo existía aquella mujer.
Su madre.
Con el mismo vestido color marfil que llevaba la última vez que la había abrazado.
Con la misma sonrisa serena.
Con la misma dulzura en la mirada.
Era imposible.
Y, sin embargo…
Allí estaba.
Más viva que cualquier recuerdo.
Lucas avanzó lentamente.
Cada paso le parecía un siglo.
Las lágrimas caían sin que pudiera detenerlas.
Quiso hablar.
Pero ninguna palabra consiguió salir de su garganta.
Su madre sonrió.
Abrió los brazos.
Y él volvió a ser un niño.
Corrió hacia ella.
La abrazó con todas sus fuerzas.
El tiempo desapareció.
No existía pasado.
No existía futuro.
Solo aquel abrazo que había esperado toda una vida.
—Te extrañé mucho.
Susurró Lucas.
Ella acarició lentamente su cabello.
Como lo hacía cuando las tormentas lo despertaban de madrugada.
—Yo nunca me fui.
Él cerró los ojos.
—Pero…
Moriste.
La mujer negó con infinita ternura.
—Solo dejó de latir mi corazón.
Nunca dejé de caminar junto a ti.
Clara observaba la escena con los ojos llenos de lágrimas.
Mateo tomó suavemente su mano.
—¿Sabes por qué lloras?
Ella sonrió.
—Porque estoy viendo el amor más puro del mundo.
El niño negó dulcemente.
—No.
Lloras porque tu alma recuerda a la suya.
Aurora contemplaba la escena en silencio.
El Barquero inclinó respetuosamente la cabeza.
—Siempre fue una de las guardianas.
Aurora respondió.
—Desde el primer día.
Incluso antes de saberlo.
El hombre del traje blanco observaba a Lucas y a su madre.
Cada lágrima que descendía por el rostro del joven parecía convertirse en una pequeña estrella.
Elías se acercó lentamente.
—¿La recuerdas?
Preguntó.
Su hermano respondió con la voz quebrada.
—Sí…
Fue la primera persona que creyó que todavía podía salvarme.
El Mar del Olvido rugió nuevamente.
La gigantesca ola avanzó unos metros.
Miles de voces comenzaron a apagarse.
Las pequeñas luces de la playa titilaron.
Algunas desaparecieron.
Aurora levantó la vista.
—No tenemos mucho tiempo.
La madre de Lucas tomó delicadamente su rostro entre las manos.
—¿Recuerdas la canción?
Él cerró los ojos.
Durante unos segundos…
No ocurrió nada.
Después…
Muy lentamente…
Una antigua melodía comenzó a despertar.
No recordaba todas las palabras.
Solo el ritmo.
La voz.
La paz que sentía al escucharla.
Entonces…
Su madre comenzó a cantar.
Con una voz suave.
Luminosa.
Como una caricia.
“Cuando el sol se esconda en el mar,
no tengas miedo de esperar.
Porque el amor que sabe cuidar,
siempre te vuelve a encontrar.”
Lucas sintió que el corazón se llenaba de luz.
Sin darse cuenta…
Continuó la canción.
“Si el invierno quiere vencer,
abraza aquello que puedas creer.
Porque ningún amanecer
olvida a quien aprendió a querer.”
La playa entera comenzó a vibrar.
Cada nota hacía aparecer nuevas flores blancas sobre la arena.
Las personas que caminaban con pequeñas luces comenzaron a cantar también.
No conocían la letra.
Y, sin embargo…
Todos la recordaban.
Como si hubiera estado escrita desde el principio del mundo.
El Mar del Olvido retrocedió.
Primero unos centímetros.
Después varios metros.
Las fotografías que flotaban sobre la oscuridad comenzaron a reconstruirse.
Los relojes detenidos volvieron a latir.
Las voces olvidadas pronunciaron nuevamente los nombres de quienes amaban.
El Barquero sonrió entre lágrimas.
—Está funcionando.
Esperanza reía.
Giraba sobre la arena mientras cientos de pequeñas estrellas descendían del cielo.
—¡Lo están recordando!
Exclamó.
El Custodio levantó lentamente su bastón.
El Árbol de Cristal, muy lejos en Aion, volvió a florecer.
Esta vez…
Todas sus ramas recuperaron la luz.
Pero Aurora no sonreía.
Observaba el horizonte.
Con preocupación.
Elías advirtió su expresión.
—¿Qué ocurre?
Ella respondió en voz baja.
—No es suficiente.
El hombre del traje blanco comprendió inmediatamente.
—Todavía existe una herida.
Aurora asintió.
—La primera.
La más profunda.
Lucas dejó de cantar.
Miró a su madre.
—¿Qué significa eso?
Ella acarició nuevamente su mejilla.
—Existe un recuerdo que alguien decidió borrar.
Y mientras permanezca oculto…
El Mar del Olvido siempre encontrará la forma de regresar.
Clara dio un paso adelante.
—¿Quién lo borró?
Nadie respondió.
Hasta que Mateo levantó lentamente la vista.
Su expresión ya no era la de un niño.
Durante unos segundos…
Sus ojos parecieron contener la sabiduría de siglos.
—No fue una persona.
Fue una madre.
El silencio se hizo absoluto.
Lucas sintió un escalofrío.
—¿Una madre?
Mateo asintió.
—Una madre que aceptó olvidar a su propio hijo…
Para que el mundo pudiera seguir existiendo.
El hombre del traje blanco comenzó a temblar.
Elías cerró los ojos.
Aurora bajó lentamente la cabeza.
Incluso el Barquero parecía incapaz de sostener la mirada.
Lucas observó a todos.