Cielo carmesí

02

Cuando abrió los ojos lo primero que vio fue el techo de uno de los templos menores, con los mosaicos que retrataban a los dioses en el panteón, siglos atrás.

Hizo una mueca de dolor al incorporarse y sentarse en el piso, al levantar la vista estaba frente a él la diosa Orisse, quien con una expresión de absoluta calma le acarició la mejilla.

—Has despertado finalmente.

Louis miró alrededor lentamente, procesando donde estaba y entonces sintió una punzada en el pecho y bajó la vista al piso, una expresión de tristeza y vergüenza en su rostro.

—He fallado — susurró.

—Fallaste —repitió la diosa.

—Lo lamento profundamente, deidad —susurró él evitando mirarla a los ojos—. Yo…apenas y recuerdo vagamente el encuentro.

—Lograste escapar antes de que el resultado fuera fatal —murmuró ella con la vista fija en él—. Eso es, una pequeña victoria en sí misma.

—Mi entrenamiento no fue suficiente —él observó su propia armadura hecha pedazos.

—Volverás a entrenar. Entrenarás hasta que seas capaz de asesinarla.

Él asintió mientras se ponía de pie, luego tomó la mano de la diosa y la besó, ella le sonrió y retiró su mano.

—Vuelve al campamento, con Aldren y los guerreros. A donde perteneces.

—Sí, divinidad.

Murmuró él saliendo del templo. Apenas pisó el exterior se congeló un momento, observando, a lo lejos la montaña donde reposaba el panteón y sobre él, el cielo lucía un rojo vivo, con pesadas nubes color carmesí. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y apretó los labios.

—¿Hace cuánto tiempo? —susurró sin mirar a la diosa.

Ella inmediatamente supo qué era lo que él se preguntaba.

—Alrededor de catorce o dieciséis horas —hizo una pequeña pausa y añadió—. Definitivamente más de cinco sacrificios.

—Cinco sacrificios —él se llevó la mano al pecho—. Todo porque fallé.

—No, no, Louis; todo porque Ythara quiere más poder. Siempre más poder.

La diosa se acercó y se inclinó ligeramente, hablando en voz baja contra el oído del guerrero.

—Es por eso que tenemos que matarla. Es por eso que debes matarla, ¿lo comprendes?

—Lo comprendo —susurró él con la vista fija al panteón—. Incluso si me viera forzado a destruir el panteón entero con mis propias manos, acabaré con su gloria.

No necesitó darse la vuelta para saber que ya no estaba en presencia de la diosa, como siempre, desapareció en un instante. “Sus tiempos son perfectos" murmuró para sí mismo caminando hacia el campamento.

Divisó las grandes edificaciones de madera donde residían los guerreros consagrados al antiguo panteón. Junto al gran umbral que señalaba la entrada al campamento se encontraba Aldren en una silla de madera entre dormido.

Apenas vio a Louis se incorporó de golpe, se levantó de la silla tan rápido que la hizo caer al piso en un estruendo y corrió hacia él.

—¡Estás vivo! Oh, alabados los dioses —besó rápidamente el amuleto que colgaba alrededor de su cuello—. No aparecías y estaba preocupado.

—Estoy bien —Louis le sonrió con una pizca de tristeza y dio una palmada en su hombro—. Alabados sean los custodios que me permitieron regresar con vida.

—¿Bien? Por el sagrado panteón, mira tu armadura —Aldren buscaba su mirada con evidente preocupación.

—Estoy bien —repitió adentrándose al campamento.

Los demás guerreros los veían pasar, se llevaban dos dedos al corazón y luego a la frente en señal de saludo, pero nadie se atrevió a interrumpirlos. Los dos se adentraron al dormitorio de Louis y luego de quitarse lo que quedaba de su armadura este se sentó en el borde de la cama.

—¿Y bien?, ¿cómo fue? —Aldren lo imitó, sentándose junto a él.

Louis se sobó las sienes y escondió su rostro en sus manos.

—Que me perdonen los dioses, pues mi memoria me ha traicionado, Aldren —murmuró—. Olvidé la batalla.

—¿A qué te refieres? —Aldren se acercó, buscando su mirada— Debes estar aturdido, viste a la mismísima Ythara. Es eso.

Louis asintió sin levantar la vista aún.

—Debe ser eso. Solo recuerdo vagas y fugaces imágenes de lo que pasó.

—¿Qué recuerdas? —Aldren levantó una ceja.

—A un sacerdote —Louis levantó la vista hacia el techo—. Se veía solemne. No muy diferente de los nuestros.

Su compañero movió las manos en el aire, gesticulando vagamente una expresión de desconcierto.

—No digas algo así, que el panteón purifique tu lengua, Louis. Ese sacerdote no es como los nuestros.

—No iguales, pero —fue interrumpido.

—Sus sacerdotes sacrifican fieles, niños, Louis —lo apuntó con el dedo y luego señaló hacia arriba—. Ese sacerdote debe ser la razón por la que el cielo ha estado carmesí todo el día.

—Lo sé —apretó los labios, sus manos temblaban en su regazo—. ¿Crees que no pensé en ello?, ¿crees acaso que no me culpo por ello? Yo sé que cada alma que ha muerto hoy ha sufrido ese destino porque yo no logré culminar el mío, porque no logré asesinar a la deidad que habita el panteón.



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En el texto hay: dioses, magia, brujeria

Editado: 26.08.2026

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