Arisha Cervantes
Me pasee por mi departamento ansiosa. Mordía mi uñas y caminaba en círculos por el reducido espacio.
¿Por qué tenía que encontrarme?
No es que estuviera huyendo de él, pero no quería que supiera donde trabajo, hacia dónde iba todas las tardes.
Ahora estará pegado ahí mirándome, escuchándome, puedo verlo.
—¡Ah, qué rabia! —me quedé en mi lugar y respiré profundo —No tengo tiempo para esto, debo ir al trabajo.
Tomé mi bolso y salí del departamento. Tenía que dirigirme a la ferretería.
No podía llegar tarde, con lo amable que había sido el señor.
§§§
—Buenas tardes Don Marco —dije con la voz alzada.
El dueño de la tienda estaba subido en una escalera revisando en una de las repisas.
—¿Qué hace arriba? Su nieto se escandalizaría si lo ve allá arriba.
—Pero no está —él se rio —Hola Arisha —mira sobre su hombro y luego baja lentamente.
—Eso no quita que sea peligroso lo que hace.
—¿Y quién lo hará sino?
—¿Yo? Para eso me contrató.
Él se carcajeó y caminó dentro de la bodega.
Miré todo el lugar viendo que podía hacer mientras Don Marco hacía el inventario.
—Debe haber algo que se pueda hacer —susurré.
Aún no me acostumbro y no quiero hacer algo por mi cuenta.
Cuando Don Marco vuelve me indica que debía barrer el lugar y luego sacudir las repisas inferiores. Es un trabajo sencillo, pero me hace sentir tan plena.
El día pasa lento, pero me siento a gusto. Creo que me podré acostumbrar rápido, aunque aún debo aprender algunas cosas.
—Ya puedes irte Arisha—dijo mi nuevo jefe.
—Aún no ha cerrado—dije.
La hora de cierre se ha atrasado por dos hombres que necesitaban varias cosas.
—Pero tienes que ir a otro lado, ¿no?
Guardé silencio.
—Ve, no te preocupes. He cerrado sólo por mucho tiempo.
—Está bien.
Sé que él lo ha hecho sólo por mucho tiempo, pero ahora que estoy yo no puedo evitar preocuparme.
Espero que no le pase nada.
Me detuve en un supermercado a unos pasos de mi casa y entré .
Don Marco me adelantó parte del sueldo y eso me permite comprar algunos alimentos que haré durar.
Tomé pan de molde, palta, yogurt, papel higiénico y azúcar. En eso se me ve fue todo el dinero, pero me permitirá alimentarme bien.
—Son $12.390 —dijo la mujer sonriente.
Entregué el dinero con una sonrisa complacida. Hace tiempo no hacía una compra tan grande en una sola salida.
—Gracias—dije recibiendo el vuelto.
Caminé con prisa con las bolsas una en cada mano.
No podía llegar tarde.
§§§
Corrí al paradero habitual cruzando los dedos para que Aiden no estuviera ahí. No quería lidiar con él, había tenido un maravilloso día para que él lo arruinara con sus incesantes preguntas.
Me molestaba que él tratara de entrar en mi vida, que quisiera ser parte de ella. Nada bueno sacaría de eso.
Pero ahí está, de pie con las manos en sus bolsillos. Vestía un pantalón negro de mezclilla ancho y una polera negra corta qué si levantara los brazos probablemente se le vería un poco el abdomen.
Su cabello estaba húmedo, pero como si lo hubiera mojado con sus manos y mientras esperaba jugaba con el aro en su labio.
Se veía atrayente.
Cualquiera que pasara por ahí, sea hombre o mujer, niño o adulto, lo miraría. Tenía un aura magnética.
Por el contrario, yo vestía simple, un pantalón negro rasgado junto a una polera blanca con un estampado de Marilyn. Muy ad hoc.
A medida que me acercaba mis manos sudaban y mis nervios crecían.
Quería saber qué opinaba, aún cuando no debía ser importante.
El muchacho giró su cabeza cuando ya estaba cerca y a diferencia de otras veces no me miró con esa sonrisa.
Estaba serio, incluso podría decir nervioso.
—Hola Arisha—dijo él rascándose la parte inferior de la cabeza.
—Hola.
Era extraño, su actitud.
Incluso...
¿Me llamó por mi nombre? ¿No suele llamarme señorita?
Carraspeo volviendo a mirarme.
—Eh...yo...estuv— respiró profundo —estuviste impresionante.
Sabía que tocaría el tema.
—¿Cómo llegaste a ese lugar?
—No creas que fui a las piezas —se excusó rápido—mis amigos me llevaron con ese motivo, pero no estuve con ninguna dama.
—Tranquilo, no te estoy pidiendo explicaciones —Miré por la calle para ver si la micro venía
—Lo sé, pero quiero que lo sepas.
Tomé mi celular ignorando su último comentario e intenté buscar en cuánto viene la micro.
—¿Cómo era esto? —dije más para mí, pero él de todos modos escuchó.
—¿Buscas la micro? Lo siento, olvidé hacerlo.
—No es tu obligación.
—Lo sé —él rio desordenando su cabello.
Me miró como un niño, como si estuviera esperando una reacción.
Volví a ver mi celular y él olvidando lo que es espacio personal se colocó a mi costado demasiado cerca para mi gusto.
—Debes apretar ahí.
—Okey.
—Volviendo al tema—susurró a la misma distancia lo que me provocó un escalofrío. —Cantas hermoso, parecías un ángel.
—Todos dicen eso.
No significa que lo sea, soy más bien un ángel caído.
—Es que lo eres—susurró en mi oído.
—El amor joven —suspiró una señora mayor
Salté y me alejé unos buenos pasos de él, lo que hizo que riera.
—Viene pronto, así que me quedan pocos minutos.
—Esos minutos no te servirán para sacarme información si crees eso.
Él rio dejando en evidencia su plan.
—Tonto.
La misma señora volvió a suspirar encantada con el espectáculo que dábamos.
Micro, por favor, llega ya.