Aiden Mckee.
—¿Qué te tiene tan distraído?
—Nada.
—Te conozco lo suficiente para saber que algo te pasa. Soy tu madre después de todo. —habló desde la cocina.
—No es nada grave, así que no te preocupes.
—¿Me prometes que me contarás cuando llegue el momento?
—Está bien.
No me siento preparado para contarle sobre Arisha. Nunca le he hablado de ninguna chica, incluso no le hablé sobre Camila y fue la "relación" más seria que he tenido.
Quiero hacer bien las cosas, paso a paso.
—Bien, comamos —dijo mi madre.
Ambos nos sentamos a la mesa con la misma nostalgia de siempre.
Mamá suspira y me mira con una sonrisa triste.
Ha pasado un buen tiempo y las cosas siguen siendo igual de duras.
—¿Cómo están los chicos? Hace tiempo que no veo a Diego.
—Diego aún no se siente listo —comenté.
—¿Aún se siente culpable? —Yo asentí —No tiene por qué, él no tiene la culpa.
Miré la silla vacía.
—Hazle entender eso.
—Dile que me venga a ver, que su presencia ayudará más que su ausencia.
—¿Mucho trabajo? —pregunté al ver sus ojeras.
—Si, la urgencia ha sido un caos estos días.
—Trata de cuidarte, la idea es que no caigas tú a la urgencia.
Ella rio.
La urgencia del hospital siempre era caótica, muchos heridos, mucha sangre y casos traumantes. Más aún en la noche.
—¿Quieres que te acompañe?
—No te preocupes, aprovecha de descansar, tienes que despertar temprano.
—Mañana tengo libre, así que aprovecharé de visitarlo.
—Así me gusta —lanzó una carcajada.
—Nos vemos hijo mío. —Ella besó mi frente.
—Nos vemos mamá.