Cimientos de Cristal

CAPÍTULO 15: El Refugio de la Rutina

La mañana amaneció limpia y brillante, como si la luz del sol tuviera la orden de borrar cualquier rastro de la noche anterior. Julián se levantó temprano, con una energía frenética. Limpió la casa con una meticulosidad casi obsesiva: ventiló cada habitación, cambió las sábanas, y se aseguró de que el aroma a flores blancas de Elena volviera a reinar en el salón.

Se preparó para el estudio, desayunó en silencio y trabajó con una eficiencia mecánica. Quería ser el Julián de los planos, el hombre de los ángulos rectos. Cada vez que la imagen de la risa de Valeria o la aspereza de su piel intentaba colarse en su mente, él abría un archivo de costos o llamaba a un proveedor. Enterraba el deseo bajo montañas de lógica profesional.

El Regreso del Orden
A media tarde, el sonido de las llaves en la cerradura hizo que su corazón diera un vuelco, pero esta vez no era de adrenalina, sino de una extraña necesidad de redención.

—¡Ya estoy aquí! —la voz de Elena, clara y dulce, llenó el recibidor.

Julián salió a su encuentro y la abrazó con una fuerza casi desesperada. Elena, sorprendida pero encantada, se hundió en su pecho. Olía a su perfume de siempre, a viaje y a hogar.

—Vaya, parece que alguien me extrañó más de lo que admitía por teléfono —dijo ella riendo, mientras se separaba un poco para mirarlo a los ojos—. Estás un poco pálido, amor. Ricardo tenía razón, te has excedido con el trabajo.

—Estoy bien, Elena. Solo necesitaba que volvieras —respondió él, y en ese momento, lo sentía como una verdad absoluta.

Pasaron el resto del día como la pareja perfecta que siempre habían sido. Elena le contó detalles de la convención, de los cuadros que había visto y de los nuevos artistas que quería contactar. Julián la escuchaba con una atención renovada, redescubriendo lo importante que ella era en su vida. Elena era la estabilidad, la bondad, el espejo donde él se veía como un hombre digno.

El Filtro Mental
Mientras cenaban en la terraza bajo una luz cálida, Elena tomó su mano sobre la mesa. —Me alegra tanto que estemos así, tranquilos. Sé que el nuevo terreno es un reto, pero no dejes que te consuma, Julián. Nada es más importante que nuestra paz.

En ese instante, el cerebro de Julián le jugó una mala pasada. El brillo de la luna sobre la copa de vino le recordó la luz de la azotea. Por un segundo, sintió la vibración de una risa sarcástica y el calor de un cigarrillo. El fantasma de Valeria intentó invadir la cena.

Julián apretó los párpados un segundo, forzando la imagen a disolverse. «No es real. Fue un error de cálculo. Ella no está aquí», se repitió. Abrió los ojos y se enfocó en el rostro sereno de su esposa.

—Tienes razón, amor. Nada es más importante que esto —dijo él, forzando una sonrisa—. Cuéntame más sobre esa exposición en el norte. ¿Dijiste que el uso del color era innovador?

Se sumergió en la conversación, aferrándose a las palabras de Elena como si fueran un cabo de vida en medio de un naufragio. Logró reír, logró planear las próximas vacaciones y logró, al menos por unas horas, convencerse de que la normalidad había regresado para quedarse. Valeria era solo un incendio lejano que ya no podía alcanzarlo... o eso quería creer mientras dormía con Elena entre sus brazos, protegiéndose del vacío que sentía cada vez que el silencio se hacía demasiado profundo.

Tras una tarde perfecta caminando por el parque y redescubriendo su complicidad, Julián y Elena regresaron a la mansión para cambiarse. Julián se sentía renovado; ver a Elena reír y sentir su mano cálida entre las suyas le había devuelto la sensación de que el mundo volvía a sus carriles.

—Esta noche es nuestra, amor —dijo Elena mientras terminaba de abrocharse un elegante vestido de seda azul—. Sin llamadas de Ricardo, sin planos y sin preocupaciones.

Llegaron al restaurante, uno de los más exclusivos de la ciudad, donde el aire acondicionado y el sonido de los violines prometían una velada de paz absoluta. Se sentaron frente a frente, compartiendo una botella de vino y hablando de su futuro. Julián la observaba y se decía a sí mismo que era un hombre afortunado. Estaba ganando la batalla contra sus propios demonios.

La Aparición
Sin embargo, el orden se desmoronó cuando las puertas del restaurante se abrieron y una figura magnética entró, robándose el aire del salón.

Era Valeria.

Pero no venía sola. Venía del brazo de un hombre alto y elegante, a quien ignoraba con la mirada mientras sus ojos recorrían el lugar con una precisión de cazadora. Llevaba un vestido negro "infernal", con un escote asimétrico y una abertura en la pierna que desafiaba cualquier protocolo. Se veía peligrosa, radiante y deliberadamente provocativa.

Julián sintió un impacto en el estómago. El calor de la lujuria, ese que creía haber enterrado bajo la ducha fría, regresó con una violencia que lo dejó sin aliento.

—Vaya, qué pequeña es la ciudad —susurró Elena, notando a la fotógrafa—. Es Valeria, ¿verdad? Se ve... impactante.

Valeria, como si lo tuviera todo calculado, caminó hacia la mesa de ellos. Su sonrisa era una mezcla de cortesía y veneno.

—Buenas noches —dijo ella, ignorando por un segundo a Julián para enfocarse en Elena—. Elena, qué gusto verte de nuevo. Estás radiante, el descanso te ha sentado de maravilla. Tienes un marido que no ha dejado de hablar de lo mucho que te extrañaba.

—Gracias, Valeria. Qué coincidencia encontrarte aquí —respondió Elena con su amabilidad habitual.

Valeria finalmente miró a Julián. Sus ojos oscuros brillaron con esa ironía que él tanto temía. —Disfruten la cena, Arquitecto. Cuidado con el vino, no querrás que se te suba a la cabeza... otra vez.

El Acoso Silencioso
Valeria y su acompañante se sentaron en una mesa a pocos metros, directamente en la línea de visión de Julián. Durante toda la cena, ella no dejó de mirarlo. No era una mirada discreta; era un desafío constante, una vigilancia depredadora. Mientras su acompañante le hablaba, ella mantenía sus ojos fijos en Julián, jugando con el borde de su copa y humedeciéndose los labios de una forma que a él le resultaba insoportable.



#1092 en Otros

En el texto hay: culpa, traicion infidelidad, pareja perfecta

Editado: 29.12.2025

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