Cimientos de Cristal

CAPÍTULO 19: El Jaque Mate de la Fotógrafa

Julián estacionó el coche en la misma calle gris de siempre. Sus pulsaciones eran tambores de guerra golpeándole los oídos. Subió las escaleras del edificio industrial con una determinación gélida, ignorando el rastro de adrenalina que intentaba seducirlo. Al llegar a la puerta de Valeria, no dudó. Golpeó con firmeza, con la autoridad del hombre que ha venido a recuperar su alma.

La puerta se abrió y Valeria apareció con una taza de café en la mano y el cabello revuelto. Al verlo, una chispa de anticipación cruzó sus ojos.

—Vaya, el Arquitecto no puede esperar a que abra el estudio —dijo ella con una sonrisa lánguida, apoyándose en el marco de la puerta—. ¿Viniste por el desayuno o para continuar donde lo dejamos en el baño del restaurante?

Julián entró sin permiso, forzándola a retroceder. Su rostro era una máscara de piedra.

—He venido a terminar con esto, Valeria —soltó él, su voz vibrando con una seriedad cortante—. Se acabó. Lo de anoche, lo de la azotea... todo. No voy a permitir que destruyas mi vida, ni mi matrimonio. He decidido que hoy mismo hablo con la firma para que te saquen del proyecto. No quiero volver a verte.

El Giro del Tablero
Julián esperaba gritos, esperaba que ella intentara seducirlo o que estallara en rabia. Pero Valeria hizo algo mucho peor: soltó una carcajada cristalina y genuina, una que no tenía ni un rastro de desesperación.

—¿"Terminar"? ¿"Decidido"? —repitió ella, dejando la taza sobre una mesa llena de fotos—. Julián, siempre tan dramático, siempre creyendo que tú llevas el volante de esta historia.

Ella caminó hacia él, pero esta vez no había deseo en su mirada, sino una superioridad intelectual que lo hizo sentir pequeño.

—¿De verdad crees que esto fue una "pasión incontrolable"? —preguntó ella, rodeándolo como si fuera una pieza de museo—. Te he estado observando desde el primer día en el terreno. Vi a ese hombre impecable, con su traje caro y su moral de cartón piedra, y me pregunté: "¿Cuánto tardará en desmoronarse si le soplo un poco?".

Julián se quedó estático. El aire del apartamento empezó a sentirse gélido.

—Fuiste un proyecto, Julián —continuó ella con una ironía letal—. Quería ver si el "marido perfecto" era real o solo una construcción mal hecha. Y adivina qué: cediste al primer roce de lija. Me divertí corrompiéndote. Me dio placer ver cómo silenciabas a tu esposa por un poco de adrenalina barata en un baño. Quería demostrarte que eres tan humano y tan sucio como cualquiera de nosotros.

El Descarte
Julián sintió una humillación que le quemaba las entrañas. No era el protagonista de un romance prohibido; era el juguete en un experimento de maldad pura.

—¿Me usaste... solo por eso? —alcanzó a decir, con la voz rota por la incredulidad.

—Exacto. Y como ya demostré mi punto, y ya vi cómo te quebrabas... ahora me aburres —sentenció ella, dándole la espalda para recoger una maleta que Julián no había visto en el rincón—. El verso del hombre perfecto ya no tiene gracia porque sé lo que hay debajo. Por cierto, no te molestes con la firma. Ya acepté un contrato en el extranjero. Me voy de la ciudad esta tarde.

Valeria se giró una última vez, mirándolo con una indiferencia absoluta, como si él fuera un mueble viejo.

—Vuelve con tu Elena, Arquitecto. Vuelve a tu mansión y a tus planos. Ella nunca sabrá que su pilar de integridad se dobla con un poco de presión. Disfruta de tu "normalidad"... si es que puedes olvidar el sabor de la mentira.

Julián se quedó solo en el centro del apartamento mientras ella seguía con sus cosas, ignorándolo por completo. Había ido allí para ser el héroe que terminaba una aventura, pero se iba siendo un hombre pequeño, usado y descartado, con el peso de una traición que ahora, irónicamente, no tenía a quién confesar ni contra quién luchar.



#1092 en Otros

En el texto hay: culpa, traicion infidelidad, pareja perfecta

Editado: 29.12.2025

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