Cimientos de Cristal

CAPÍTULO 20: El Arquitecto Demolido

El escenario es el garaje de la mansión, en penumbra. Julián está encerrado en su coche, desbordado emocionalmente. Sus dedos tiemblan mientras borra frenéticamente fotos y videos de Valeria. Cada "Eliminar" es un grito de culpa. Julián llora porque no se reconoce; lo que hizo fue una excepción que ha infectado su integridad. La tortura mental de ocultarlo a la mujer que más ama lo está destruyendo, royendo los cimientos de su propia cordura.

Finalmente, tras limpiar el rastro digital de su pecado, se arma de un valor desesperado. Abre la puerta del coche y cruza el umbral hacia la casa. Se prepara para la confesión que, según él, romperá el corazón de la mujer más pura que conoce.

La Otra Elena
Al entrar en el salón, encuentra a Elena. Está sentada en el sofá, sosteniendo una copa de vino tinto que brilla bajo la luz tenue. Pero hay algo extraño. No es la Elena tierna y frágil de siempre; su postura es rígida, casi soberana, y su mirada tiene un filo gélido que lo desorienta por completo.

—Elena... —comienza él, con la voz quebrada—. He cometido un error imperdonable. He sido un...

—Sé lo de Valeria, Julián —lo interrumpe ella con una calma que lo congela. No hay llanto. No hay histeria. Solo una frialdad quirúrgica.

—¿Lo sabes? —balbucea él—. ¿Desde cuándo?

—Desde el primer día. Te movías con la torpeza de quien nunca ha tenido que ocultar nada. Los cambios de humor, el perfume... detalles de novato. A mi ojo no se le escapa nada, porque yo llevo años perfeccionando el arte de que no veas lo que yo hago.

Julián se queda estático. La confesión de Elena es como un golpe de mazo. Ella se levanta y camina hacia él con una sonrisa burlona, una que destila un desprecio casi lúdico.

—¿De verdad creíste que eras el único que necesitaba "aire"? —dice ella, bebiendo un sorbo de vino—. Mientras tú jugabas a ser el rebelde con esa fotógrafa, yo me aseguraba de que nuestro mundo girara. Llevo engañándote mucho más tiempo del que imaginas.

—No... no es posible —susurra Julián.

—Oh, Julián, eres tan básico —ríe ella, rodeándolo como si fuera una pieza de museo rota—. ¿Quieres saber con quién? No tuve que irme muy lejos. Alguien que conoce todos tus secretos. Alguien que sabe mantener la fachada mientras disfruta de lo prohibido: Ricardo. Mi amante ha sido tu mejor amigo durante años.

La Humillación Final
Julián se desploma en una silla, en shock absoluto. Elena se inclina hacia él, soltando una carcajada seca y cruel ante su rostro desencajado.

—Mírate, Julián. Estás hecho pedazos por una aventura de dos semanas que ni siquiera pudiste ocultar. Me das láima —dice ella con un tono de burla punzante—. Para ti esto es una catástrofe, el fin de tu mundo, una tragedia épica de culpa y redención. Para mí... para mí esto es lo mínimo. Es apenas un martes cualquiera. Tu "gran pecado" es un juego de niños comparado con la vida que yo he construido a tus espaldas mientras tú me creías "tu santa".

Elena lo mira desde arriba, disfrutando de su derrota total.

—Tienes dos opciones, Julián. Opción uno: seguimos con la vida de pareja perfecta. Mantenemos la fachada, sonreímos en las fotos y yo sigo con mis asuntos mientras tú aprendes a vivir con el peso de ser un tonto. Opción dos: puedes irte ahora mismo. Pero si sales por esa puerta, te vas sin nada. Sin la firma, sin la mansión y solo. Nadie le creerá al marido infiel que intentó manchar el nombre de la perfecta Elena.

Julián levanta la vista. El salón parece ahora una celda de lujo. Mira a la mujer que creía conocer y solo ve a una extraña poderosa, malvada y brillante.

La puerta queda abierta, invitándolo a elegir entre la mentira eterna o la ruina absoluta.



#1092 en Otros

En el texto hay: culpa, traicion infidelidad, pareja perfecta

Editado: 29.12.2025

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