Círculo

La construcción de una familia rota 3/3: Los misterios que esconde el hogar

La casa donde Óscar pasó su infancia y la mayor parte de su adolescencia estaba a nombre de su madre, Rocío Morales, ubicada en un barrio relativamente humilde de la ciudad. Cuenta con cuatro ambientes, sin incluir el sanitario y el cuarto de depósito. Si se hace un pequeño recorrido por el domicilio: al entrar por la puerta principal se encuentra la sala de estar, que se conecta a la derecha, con la habitación de Óscar, por una puerta en la esquina, y al frente, con la sala comedor, por una abertura cubierta por una cortina.

Alguien con un ojo crítico, notaría la falta de mantenimiento en las paredes internas, en lo que refiere a revoque y pintura.

Tras la cortina, llegando al comedor, se visualiza una mesa con cinco sillas de madera, y apartado, contra la pared que da al exterior, una cocina a leña.

Haciendo un paréntesis, hay que tener en cuenta que, en ese país, las décadas del 50, 60 y 70 fueron una época de transición con respecto al consumo de energía eléctrica, aún se usaba leña y carbón, no solo para cocinar sino también para la calefacción. La mayoría de las viviendas tenían un cuarto de depósito donde se acumulaba una gran reserva de esos insumos para el invierno. El uso de la energía eléctrica, en relación a la clase social, se limitaba a la iluminación, heladera para conservar los alimentos, y la radiocomunicacion; en algunos hogares también había televisión, aunque esta era considerada un lujo.

Cerrando el paréntesis y volviendo al recorrido: también se observa, en una de las esquinas del comedor, un hogar a leña (también llamado chimenea), que, cabe aclarar, es lo más decoroso que posee la vivienda. Y eso tiene un porqué, que se explica a continuación.

A fines de 1951, Rocío y Omar, que ya llevaban casi un año de relación, decidieron vivir juntos. Esa decisión significó más para él, en lo afectivo, que para ella, ya que, para Rocío, Omar era más un apoyo psicológico y emocional. Rocío trabajaba en un programa sindical y su arduo trabajo en un ámbito social la cargaban de tensiones mentales; Omar era su cable a tierra, alguien de quién servirse para manejar el estrés y encontrar fuerzas para volver a su labor. En cambio, para Omar, Rocío era su mundo. Se podría decir que vivía para complacerla; y no dejaba de preguntarse: «¿Seré capaz de estar a la altura?», porque pertenecían a diferentes clases sociales. Omar era un extranjero tratando de sobrevivir en un nuevo mundo; por entonces trabajaba como sereno por las noches, y pagaba el alquiler de la vivienda en la que se alojaba a una familia que le tenía mucho aprecio. Rocío, en cambio, era profesional y tenía un sostenido crecimiento en la política. Poseía su propia casa, que muchas veces usaba como sala para reuniones de trabajo. Se imaginarán la gratitud que sentiría Omar al mudarse con ella, no solo consiguió una vivienda, sino también la adquisición de un camión (que sería su herramienta de trabajo), con una entrega mínima, gracias a un crédito obtenido por su concubina.

Movido por ese espíritu de gratitud, Omar hizo uso de sus talentos de albañilería, y le construyó un hermoso hogar a leña, con lujos de detalles. Trabajó en ello varios días, haciendo cálculos precisos para que no se le escapara ningún detalle; en ocasiones lo acompañaba Rocío, ofreciéndole algo de beber o de comer y mucha charla, lo que ayudó a fortalecer el vínculo.

Una vez terminado, Rocío quedó impactada por el resultado; se dio cuenta de una faceta de su amado que desconocía hasta entonces. En la base del hogar a leña, para aumentar el decoro, Omar colocó cinco piezas de artesanía que había adquirido en los pueblos que visitó con su camión.

Llegada la noche, ambos vestidos con gran elegancia, sacaron del bajo mesada uno de los licores más finos que reservaban para ocasiones especiales; entonces, tras encender el hogar, apagar las luces, con la única iluminación temblorosa que proporcionaba la llama de los leños ardiendo en el hogar, se fundieron en un abrazo. Con leves movimientos como si estuvieran bailando, pasaron una noche romántica que Omar recordaría hasta el día de su muerte.

Lamentablemente tras ese dulce instante, hay que retornar a la casa en los tiempos de la infancia de Óscar, donde se aprecia una atmósfera fría y desolada; una descripción del interior de la casa que fácilmente puede reflejar el interior de la persona de Omar.

El aire impregnado de humedad y madera vieja, parece suspirar en cada rincón. Las paredes descascaradas, exhiben manchas oscuras, heridas abiertas que el tiempo no ha logrado sanar. En los rincones las telarañas como una red invisible atrapando recuerdos y ausencias. Los cables eléctricos, flojos entre grampa y grampa, cuelgan como venas expuestas, revelando la fragilidad y el abandono que reina desde la partida de Rocío. La casa cansada y vacía, parece encogerse sobre si misma, guardando en sus grietas, los secretos de una familia rota.

Para finalizar el recorrido, se encuentra el cuarto de Omar a la derecha de la sala comedor, conectados por una puerta. Lo destacable de ese cuarto, es que está conectado también, con el dormitorio de Óscar por una fina pared de madera, lo que permite la fácil transmisión de sonidos de una habitación a otra.

El resto, como el jardín, el patio, sanitario y otros espacios, serán detallados por su relevancia en cuanto avance el relato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.