Cometiste un error

13

Miko

Honestamente hasta yo me sorprendo de lo calmada que estoy pese a que casi toda la semana me la eh pasado de perros, ser parte de este mundo me ha quitado y me ha dado, voy de a poco.

Con Mai vinimos a esta excéntrica fiesta que sirve más que nada para hacer contactos y demostrar el poder, al inicio no quería venir.

La loca está me convenció diciendo que debo tomar un respiro, tranquilizarme y estar en paz conmigo misma.

— Wow, mira la decoración, la gente y oh Dios mío, la ropa Miko, la ropa. —Murmulla mi hermana emocionada de esta nueva experiencia.

Blanqueo los ojos ignorando todo mi alrededor incómoda.

No soy de hacer estás cosas y para pasar vergüenzas prefiero enterarme en mi cama con todas mis almohadas.

Poco profesional viniendo de alguien como yo pero ¿que quieren estos magnates? Nada más vengo a dar la cara por mi trabajo.

— Mimo basta, deja de poner esa cara, te he dicho que debes distraerte, cambiar de horizonte. Vamos hermanita, trata de disfrutar de esta fiesta por ambas.—Mai hace un puchero que lejos de ser tierno da risa, entrecierra los ojos y me jala del brazo como si fuera su hija.

— Bien, no prometo nada pero puedo tratar —digo finalmente.

Me adentro más en la fiesta buscando un lugarcito donde pueda estarme quieta hasta que termine o hasta que Mai se harté y nos vayamos.

— ¿Gusta un poco de champagne, señorita? —pregunta una voz canturrina.

Un moso con una bandeja llena de copas se me acerca y me ofrece alguna, no puedo quitarle la mirada de encima es como si...tuviera esa chispa familiar que me llama la atención.

— ¿Señorita, se encuentra bien? —cuestiona sonriente al verme quieta.

Hay, no puedo quedarme quieta así frente a el, ¿y porque? es lindo, cabello negro bien peinado y ojos miel claros que me hipnotizan siento como me atraen; me obligó a reaccionar para no parecer descortés.

— Si, este...si, estoy bien gracias por preguntar y gracias por esto —digo tomando la copa con torpeza.

— Con su permiso —se retira despidiendose con cortesía perdiendose entre la multitud.

— Bueno bueno bueno, ¿y ese quien es? —pregunta la voz cantarina de mi hermana acercándose a mi por detrás.

— Nada que te interese —trato de sonar desinteresada y confiada pero Mai no se la cree ni un poco.

— Hay no muerdas, te le quedaste viendo un buen rato con carita de enamorada y no digas que no que yo conozco muy bien esas clases de miradas, mimo. —responde ella sentándose a mi lado como en los viejos tiempos.

Respiro profundo volteando a todos lados como si estuviera buscandolo con la mirada, el tiene algo que me cautiva que me hace querer preguntarle cosas cursiles como tonta.

— Mírate que estás hasta sonriendo, sabes, te he visto llorar más veces de las que puedo contar, ¿porque no te olvidas del pasado de una vez por todas y dejas que el futuro te traiga cosas nuevas, mejores y que de verdad te amen? —posa sus manos en mis hombros y me levanta guiandome por el salón hasta un grupo de gente bien vestida —comienza por esto, háblale a la gente y conecta —dice antes de desaparecer de nuevo.

¿Porque siempre se esfuma cuando la necesito y cuando no, aparece como si me hubiera estado viendo? Bruja tenía que ser pero bueno, tal vez ella tenga razón y deba soltar algunas malas ideas.

No me siento capaz de abandonar en el pasado a mis bebés, son lo único propio que yo tengo y lo único que me mantuvo viva todos estos años, pero, ¿mi corazón podría volver a abrirse sin ser dañado? Si los hombres fueran responsables de sus actos no habrían madres solteras.

Y no habrían tantas mujeres con miedo a amar otra vez por malas experiencias, ver a quien tanto daño te hizo no sirve como consuelo, es más como un recordatorio de todo ese dolor. En cuatro años eh visto solo dos veces a quien me arruinó y me dejó destrozada.

Estoy a punto de darme la vuelta y no relacionarme con demás personas cuando un joven moso lleno de vida y energía me habla.

— ¿Problemas, señorita? —inquiere sonríendo como un sol.

Se me iluminan los ojos al ver esa clase de sonrisa, ya la he presenciado antes pero esos recuerdos están enterrados muy en el fondo de mi alma, y no creo poder volver a vivirlos.

— Tal vez, oye yo quería saber...¿cómo te llamas? —pregunto apenada, no me interesa lo que vayan a decir de mi, lo que me apena es hacerlo sin siquiera haber interactuado mucho.

El moso me ve extrañado por qué seguramente es la primera vez que alguien le pregunta eso en esta fiesta.

— Steve Morn, ese es mi nombre —contesta el alegre— ¿Y el suyo?

— Oh bueno, Miko Dawson, exotico lo se —no estoy calmada, estoy torpe y nerviosa de dar este paso nuevamente.

— ¿Dawson? ¿Cómo la propietaria de Moonkiss? ¿La... cosmetiquera? —pregunta incrédulo con los ojos abiertos de par en par.

Genial, ya lo espante.

— La misma que calza y casi no sale, mierda, olvida eso último —me pego en la frente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.