Maximo
— En la vida vuelves a pintarme de prostituta, patán —dijo Miko ofendida dejándome solo a mitad del baile.
Iba ir tras de ella, no dejarme ganar por la culpa de haberla tratado así, pero algo me detuvo.
Enojo.
¿Cómo se atreve a bofetearme así? Yo siempre busque lo mejor para ambos, le di todo lo que podía y este acto es otra demostración de lo desagradecida que es.
El golpe sigue caliente, doloroso, como se encuentra una parte de mi ahora que he visto lo falsa que es.
— Ni que valieras la pena —sisee frustrado siguiendo su aroma hasta la recepción donde la vi irse junto con su hermana.
A la mierda mi esfuerzo de jalarla del brazo y obligarla a seguir hablando conmigo, estoy en un espacio público y lo menos que quiero es un escándalo de la bulliciosa de Mai.
¿Porque eres así conmigo? ¿Que necesitas para dártelo y que me veas? Hubo mucho que quise preguntar pero no tuve oportunidad.
Verla hablando tan...dulce con ese vasallo me hizo arder el celos, ella no debería estar interactuando con otro hombre mientras yo esté aquí.
Pero claro, no cambiará su conducta y seguirá buscándome problemas a como de lugar.
— Maldito moso, ¿que tienes que yo no pueda darle?—masculle en voz baja saliendo al jardín de ese ambiente.
Ella parecía tan segura de que es inocente, más la forma en que se ofendió sin siquiera decirle directamente prostituta, me sigue como si fuera un mosquito.
Uno muy molesto.
— Respira Máximo, respira —me obligue a repitir para tranquilizarme.
Quiero buscar a ese maldito, darle una paliza y correr a dónde quiera que viva esa mujer para recordarle a quien es que le pertenece.
El no es nadie para tener derecho de hablarle tan dulcemente a mi esposa, wow, mi esposa. Dudo mucho que lo siga siendo después de todo.
Por algo la tengo agregada en mi corazón así , ¿no?
Pero no me creo capaz de seguir manteniendola como un fraude en mi vida, la manera tan segura en que repite su verdad me hace cuestiónar de si en verdad es inocente.
No...pierdo nada investigando, pero si resulta ser verdad entonces habré perdido todo lo que tenía.
— Ya volví, disculpa la tardanza —la voz de Elliot me saca de mis pensamientos— ¿que paso que tienes el cachete rojo?
Volteo a ver a otro lado tratando de evitar su mirada.
— No es nada, un accidente buscándote—responso seco sin ganas de contar— ¿y tú dónde andabas metido?
Elliot se tensa un poco como si no supiera que decir.
— Con un viejo conocido pero ya se fue, no lo veía desde hace tiempo —contesta un poco aturdido— no pero ya enserio, ¿que te pasa?.
Lo veo con desgana, es bueno hablar pero no siempre se puede decir todo y más cuando te hacen creer lo contrario.
— Yo conozco esa mirada desde los diez años, ¿que es?
— Estaba pensando en si es verdad lo que dice, yo creo que debería indagar más, tal vez las fotos son falsas y...
Elliot me corta de la manera más seca posible.
— No Max, lo que pasó paso, ese es tu corazón tratando de mentirle a tu cerebro porque aún la amas, solo no le hagas caso y ya. —espeta firme sin cuestionar, dejándome vulnerable por un momento.
¿Será?
No lo creo, mi intuición jamás me ha fallado, y mi instinto tampoco.
Pero el suena muy convencido, como si supiera lo que se siente y me dijera algo para excusar en vez de reflexionar.
Muchas veces trate de convencerme que no la amo, que jamás se repetiría algo entre los dos.
Que una vez la encontrara cumpliría mi último propósito y dejaría todo atrás.
Pero viéndola años después, ver las heridas de sus ojos que reflejan una oscuridad igual a la mía, me hace cuestiónar mis acciones pasadas por haber escuchado al dolor en lugar de la razón.
— Ya me aburrí, ¿vamos a comprar café al Starbucks más cerca? —propone volviendo a sonreir.
— Vamos —digo encongiendome de hombros con indiferencia.
Por primera vez en mi vida voy a esconderle a mi mejor amigo algo que haga, está vez me voy a cerciorar de que no se de cuenta.
Voy a mandar a investigar las fotos que aún tengo, que me hacían enfurecer cada que las veo para recordar mi objetivo.
Una enorme parte de mi desea oir que son falsas, que ella jamás me hubiera decepcionado así.
Pero si resulta ser verdad, el que debería pedir perdón soy yo, todo lo que creí hacer por bien sería una mentira.
Yo la he extrañado, la deseo tanto como alguna vez hice.
Necesito acabar con este sufrimiento de una vez por todas y dejar estás dudas atrás. Necesito un detective de confianza para eso, se que lo que planeo es una estupidez.
Soy un maestro de cometer estupideces por amor.