Miko
Nadie en la oficina me ha dirigido palabra alguna o se han cruzado conmigo.
Está bien porque no quiero ser dura con ellos por mis deslizes amorosos, estuve llorando hasta dormír porque lo quiera o no, no lo he dejado ir.
Maximo fue mi primera vez en bastantes cosas y tratar de olvidar así como así se me es imposible.
Yo lo amo y extraño pero no debo dejarme guiar por el corazón o todo habrá sido en vano. Sus palabras me dolieron porque insinuó que me vendo.
De verdad fingio amarme porque hasta el sabe que prefiero morir antes que vender mi cuerpo, me siento sucia por haberme dejado lavar el cerebro.
Me deje guiar por el, y el me acabo.
— Miko, tenemos algo de inconvenientes con respecto a el lanzamiento de la colaboración —dicta Denia acercándose a mi escritorio— necesitamos que firmes esto y que hables con el representante de Nightdrop.
Eso último me sorprende porque según yo Máximo había roto la colaboración.
— ¿Cómo que representante? Crei que el señor Grand la había revocado. —espeto
— Pues al parecer no lo hizo, mando a uno de sus representantes y está esperandote en la sala ahora mismo. —revela alegre como si fuera lo más feliz del mundo.
Pero no en mi mundo.
¿Porque hace eso cuando dice lo contrario? Tenía que ser hombre, todos son iguales y mienten para humillar.
Firmo los papeles de Denia, al entrar en la sala de reuniones veo sentado a un hombre que seguramente es parte del séquito de mi ex marido.
El parece no importarle que me le quede viendo con mala espina porque sin rodeos va al grano, cielos, ya ví porque es representante de Máximo.
— El señor Grand me informó que la colaboración sigue vigente, señorita Dawson, ahora, necesitamos que nos muestre los avances para pasado mañana, si necesita algo de ayuda puede solicitarla. —explica dejándome pensante.
Osea que solo tengo un día para terminar todo, mierda, no es suficiente tiempo pero puedo hacerlo funcionar.
— ¿Y me informan hasta ahora? Genial, necesitare mucha ayuda —reniego.
— Señorita con todo respeto nosotros le informamos con antelación y tengo entendido que mi jefe nunca envió la cancelación. —Replica el dejándome en vergüenza.
Es verdad, nunca lo hizo y eso ya deja mucho descuido de mi parte.
— ¿Porque lo envío a usted en lugar de venir el mismo? —la pregunta sale sola.
¿Por qué está tan ciego que no viene el mismo? Debe estar muy molesto conmigo por la bofetada, igual, se la merecía por idiota.
— Me temo que no puedo darle esa información, solo puedo decirle que tuvo una emergencia personal. —relata levantandose del sillón.
Tomo la pluma y firmo los documentos sin mediar más, poco hombre que no planta cara, seguro es por qué le heri el orgullo o algo parecido.
No le gusto que yo estuviera conociendo a alguien más, y le debió doler que fuera alguien “inferior” como el se ha mañado a decir.
Se le olvida que yo alguna vez fui inferior a el peor claro, no le gusta que le recuerden sus errores o algo de lo que no quiere volver a saber.
— Gracias por su tiempo, señorita, tenga buen día —despide el estrechando la mano conmigo.
— Igualmente —me separó y regresó con rapidez a mi oficina.
Denia me seguí por detrás sin apartarme la mirada, me conoce pero tampoco conoce todo sobre mi.
De mi círculo, Mai es la única que sabe que estuve casada, es por eso que varias personas me han preguntado porque aún no lo estoy.
No puedo ir por la vida diciendo: A si, yo estuve casada con Máximo Grand y me dejó con la primera mentira que encontro.
Es humillante, el adora hacerme la vida imposible y jugar conmigo como si aún tuviera derecho alguno.
— Miko me acaban de informar que te solicitan en la tienda de Nightdrop —dice Denia pasándole una toallita para secar el sudor.
— Diles que ya voy para allá, solo haré una parada rápida y después voy. —contesto saliendo del elevador.
Tengo el estómago revuelto y me duele la cabeza, de verdad que necesito un buen descanso o me veré en el hospital para fin de mes.
Ya había quedado con Mai de que yo recogería a Tatiana de la guardería y la tendría conmigo, soy consciente que no estoy bien en este momento pero si mi palabra y debo cumplir.
Además, estar con ella es algo aliviador porque con solo verle la carita ya quieres abrazarla como peluche de tan tierna que es.
— Hola corazon —canturreo con voz aguda cuando me la pasan.
—mh...io—balbucea risueña.
Adoro a los bebés, me dan esa misma sensación de amar que los míos, pero no lo son, y lo acepto. Por eso los amo aunque no sean míos, varias veces he cuidado a los hijos de mis trabajadores cuando no pueden dejarlos en la guardería.
Abrocho bien el cinturón de su transportadora y enciendo el auto, la veo por el retrovisor feliz jugando con sus calcetines.