Maximo
Años atrás
— Toc toc, ¿se puede? —mi padre se asoma en el marco de la puerta.
Ver a alguien es lo que menos quiero ahora. No he dejado de pensar en si regresar a Londres o no para el funeral del abuelo quien falleció, papá también debe ir puesto que es su progenitor.
Ladeó la mirada por encima de la almohada viendole el rostro mallugado y algo triste por la noticia, ninguno de los dos ha sabido como procesar la noticia.
— Maximo, ¿vas a ir? —pregunta señalando mi maleta desaliñada y la ropa fuera desorganizada.
— En eso estaba pensando, no es que no quiera despedirme del abuelo pero...
— No puedes —completa el acercandose— si, siento lo mismo.
Papá suspira y se sienta en el borde la cama contrario a mi que estoy acostado boca abajo en ella abrazando una almohada algo pensativo.
— Es difícil despedirse de un padre, me pasó lo mismo con mi madre pero al final hice lo que me pidió, despedirme una última vez de ella y seguir con mi vida. —relata relajando los hombros.
— El abuelo me caía bien, me gustaba cuando contaba historias de ti, eras tremendo papá —rio por un instante pero vuelvo a sumerjirme en la confusión.
No soy bueno procesando perdidas de personas, desde niños soy así y eso ha implicado ser juzgado por no verme llorar al despedir a una tia o algún conocido. Tal vez se deba a qué no son lazos fuertes para mí, tal vez es porque no los consideraba cercanos, no lo sé.
— No me molesta si lloras por mi o no, Max, pero se que cuando me llegue la hora tu habras cambiado y podrás hacerlo sin tener miles de mierdas encima. —voltea a la ventana con vista al jardín.
Ruedo hasta llegar a la orilla donde me levanto y miro a través de la ventana a Miko tendiendo ropa como es costumbre a esta hora. Cada vez que la veo siento paz y tranquilidad, siento que me escucha y se atreve a cuestionarme por veces.
Ella es delicada con cada detalle al igual que es honesta, yo me siento cómodo a su lado y jamás me aburriría de oírla por más molesto que estuviera.
— Sabes, ella no es tan diferente a ti cuando de llorar se trate. —Comenta sin apartarme la mirada.
— ¿Cómo así? ¿No llora por otros? —inquiero alzando la ceja.
— No con todos, no lo hizo con sus padres y no se relaciona mucho con otros, su círculo se reduce a su hermana y abuela, comparten más de lo que se dicen.—da un elevon y posa su mano en mi hombro.
— Algún día lo vas a entender, amala cuánto puedas y no temas de ser tu, es comprensible —me da un abrazo— bueno, si vas a ir date prisa que nos dejara el avión.
Cierra la puerta tras de si y me deja con las palabras en la garganta sin saber cómo dejarlas salir. Regreso la mirada a ella que cumple su labor sonriente a pesar de no tener casi nada ni nadie.
Después del funeral me voy a quedar aquí un tiempo más largo. Mamá estará bien sin el sirviente personal de su hijo además papá va a volver al trabajo así que puedo descubrirme más a fondo.
Actualidad
Mi reputación pende de un hilo, y ese es que hará Miko, no lo pensé mucho cuando la oí y la sentí cerca de mi, solo actúe y vaya que lo agradezco.
Puedo tenerla aunque sea un breve periodo de tiempo sin que interrumpan o ella se vaya a la primera, cualquier cosa que haga puede hundirnos a ambos, más a ella porque yo ya estoy familiarizado con esa gente así.
— Hasta para allá —rempuja pegando en la puerta.
— Yo que tú no haría eso, ya te lo dije: cualquier cosa que hagas si nos ven, puede dar la idea errónea —explico recayendo en la pared.
El vestidor es minúsculo, diseñado para una persona en el, entre más se mueva y piense con fuerza en salir, más calor vamos a sentir.
— Todo es tu culpa, estúpido —musita ella pegandome en el pecho.
Me limito a observar su conducta dejándome saber que está angustiada no por algo, por alguien. Ya he dicho lo bien que la conozco pero con saber que tiene una hija me basta para intuir que está en alguna parte de aquí.
Punto a mi favor.
— ¿Porque no dejas de preocuparte por lo de allá afuera un momento? —murmuro acercándome y sosteniendole la mirada.
No se aparta de mi por la falta de espacio, está técnicamente indefensa puesto que puede afectarla algún chisme en base a esta situación que ninguno pidió pero yo necesitaba sin saber.
—No soy tu para ignorar, de solo oírte quiero vomitar—resuelle limpiandose el sudor con el dorso de la mano.
— Contradicciones y más contradicciones, ¿quieres saber lo que siento yo al oirte? —la tomo de las muñecas.
Su respiración se acelera pero no se atreve a quitarme los ojos de encima, yo tampoco planeo hacerlo, no le daré el beneficio de la duda porque no lo merece.
— Asco, eso es lo que siento, no somos tan diferentes después de todo, tú quieres vomitar y yo quisiera arrancarme los oídos. —Susurro cerca de su oido.
Ella bajo la mirada y se quedó en silencio, apretó el puño y fui testigo de como sus ojos se cristalizaron como si mis palabras le dolieran.