No sabe lo que lo llevo a hacer aquella locura, lo único que sabe es que no podía seguir conteniendo aquellas preguntas y emociones retenidas por años.
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había visto a esa mujer, su voz y rostro eran un recuerdo borroso que iba desapareciendo con el tiempo dejándole la duda de como estaría sin ellos.
Su padre —un hombre reconocido— tenía estrictamente prohibido hablar del tema pese a que en secreto, no podía cambiarlo. Sus hermanos parecían no afectarles en lo más mínimo.
Su hermana mayor pasaba metida en su mundo ignorandolo mientras que su hermano mayor era un tempano de hielo en su estado original.
Se preguntaba a si mismo si aquella mujer lo recibiria y de ser así ¿lo aceptaría como lo que es? La versión que escucho fue la de su padre quien no dió muchos detalles pero algo le decía que tal vez no encajaba porque no estaba la persona correcta.
Se sigue preguntando a si mismo si de ser así entonces ella lo dejaría quedarse a su lado aunque fuera corto puesto que su padre perdería la cabeza si no lo encontraba en casa, hizo un gran esfuerzo para escapar de la seguridad y dar con el paradero de la mujer que tuvo que haberlo amado en algún momento aunque no lo recordara.
— Jardín Zefelin, jardín Zefelin —se repetía a si mismo con temor de olvidar la dirección que con tanto esfuerzo consiguio.
No llevaba mucho en la mochila, ningún aparato que pudieran rastrear o algún indicio de su identidad. Eso era algo que tenía su padre y esque no los mostraba a los médios.
Mas ahora lo agradecia porque andaba en la calle sin cámaras por detrás en boca de todos y su familia no se metía en problemas.
No le fue difícil colarse en la lujosa residencial puesto que, ya estaba acostumbrado a irrumpir sin ser visto en el acto, volvió a leer el papel buscando la casa por el número.
A medida que caminaba por el vecindario no pudo evitar pensar en como sería su vida si llegara a decidir quedarse con ella ahí. Claro, no es como que lo fuera a hacer, no la conoce, pero algo en el le dice que puede llegar a sentirse cómodo junto a ella.
Al dar con la casa no pudo evitar sentir como se revolvía su estómago y su voz se entrecortaba de los nervios, lo último que el quería era eso.
Al tocar el timbre espero un momento cuando la puerta se abrió y una niña más pequeña que el se quedó detrás de ella con una expresión de aburrimiento.
— Mi hermano no está —dijo ella sin un apise de calidez.
El se preguntaba que que significa aquello, por un momento pensó en irse con la consciencia palpitandole de confusión pero si se daba la vuelta ahora mismo entonces nada habrá valido la pena y el no es de desperdiciar oportunidades.
— Yo en realidad venía a buscar a...—trago grueso sin saber cómo dejar salir las palabras— Miko Dawson, ¿se encuentra?
Ella fruncio el ceño y después de un rato contesto.
— ¿Para que quieres a mi tia y quien eres? —su voz salió sin titubeos.
Algo en el se suavizó al oir la palabra “tia” puesto que quiere decir que no son sus hijos, eso alivio un poco su malestar pero tenía que responder y no podía acobardarse así más ahora que todo estaba tan cerca.
— Yo soy...su...
~ • ~
Nada más llegar a casa me metí a dar una ducha caliente y relajante, en verdad la necesitaba después de todo. Estoy harta de su juicio y que me apunte como una regalada. No quiero ni escucharlo porque solo me produce náuseas.
Es repugnante como sigue creyendo que puede hacer conmigo lo que quiera y ponerme en situaciones de las cuales el puede salir con facilidad, ¿para que darle caso cuando el no piensa?
Esas insinuaciónes y constantes humillaciones se han pasado de la raya, ¿cree que puede cometerlas sin que se le regresen? No soy alguien que gusta de hacer sufrir a otros, jamás lo he sido, pero serlo por una vez, una sola, no estara mal.
Me recuerdo una y otra vez que no soy como el, por más que me gustaría hacerle lo mismo no puedo, no soy así y hacerlas sería ser igual de cruel que el. Soy mejor que eso.
Hay momentos donde me llegó a preguntar en qué momento todo se nos vino abajo, la persona que me hizo eso sabía muy bien quien era Máximo y como hacerlo enfurecer de verdad, logro cambiar su perspectiva de mi y hacer todo lo que ha hecho.
Suena como si el fuera una víctima pero no lo es, ¿una víctima cometería las atrocidades que el hace? ¿una victima se comportaría así con otros? No voy a abogar por el, crei conocerlo pero nunca se termina de conocer a las personas.
— Infeliz, espero que sufras al igual que me hiciste a mi —musito al aire tomando burbujas con las manos.
No lo entiendo, siempre que lo imagino sufriendo o desamparado siento un hueco en el pecho, me tiemblan las manos y no puedo sentir algo más que no sea miedo. ¿Miedo a que? El y yo no estamos juntos, eso se acabó hace mucho.
Cai tan bajo que ahora al ver atrás me doy cuenta la clase de chica inmadura que era, ¿cómo iba a ponerme a pensar que el amor lo podía todo? No lo puede si no pones de tu esfuerzo.