Cometiste un error

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Maximo

Tu arrepentímiento viene después de haber hecho las cosas mal, el arrepentimiento aparece después de haber perdido todo por nada.

Torrancek

¿Que soy? ¿Un monstruo? ¿Un don nadie? ¿Una victima? Soy alguien pero no soy nada más que sufrimiento.

Todo me golpea como puñetazos en la cabeza; culpa, tristeza, vergüenza, miedo, y una punzante nostalgia por lo que pudimos haber sido de no ser por mi culpa.

Dicen que son señales de consciencia, de que algo sigue vivo dentro de ti, ¿pero que en mi?.

Estoy muerto en vida por haber sido tan desconfíado y un auténtico desastre.

Me dejó caer en el suelo como si eso pudiera absorber el temblor de mi cuerpo al recordar cada silaba de todas las humillaciones que le hice.

— ¿Que hice? ¡¿Que hice?! —bramo furioso atentando contra todo en mi habitación.

Destrozó todo lo que se planta en mi camino con fuerza como si eso pudiera apasiguar está creciente desdicha en la que yo mismo me metí.

Me arrodilló sin que me lo hayan pedido entrelazando las manos como si rezará sin atreverme a ver al cielo, cierro los ojos y ahí está ella.

La imagen clara y sonriente de la mujer que alguna vez me amo más que a si misma.

Y a la cual yo destrui.

No sé que hacer, no sé cómo empezar, ¿cómo le hablas a la cara a alguien a quien le arruinaste la vida injustamente?

¿Cómo le hablas a la cara cuando la heriste y aplastaste su corazón?

¿Se empieza por lo que hice o lo que no ví? Me duele el pecho como si algo lo hubiera atravesado y no dejara de sangrar.

No sé cómo reparar algo que yo mismo rompí con las manos llenas de odio y dolor.

Yo fui quien encendió el fuego y se quejo en el humo por las perdidas. No solo perdí su amor, perdí su vida, su confianza, su alegría y su sonrisa.

Ya no tienes nada de ella, idiota.

Esto no se va a arreglar con un simple “lo siento”. No soy tan ignorante para no darme cuenta de eso.

Me levanto y me siento en el borde de la cama, el colchón se hunde pero yo lo hago más deseando despertar de esta pesadilla que yo mismo cree.

Le falle a ella, a mi, a nuestros hijos, a nosotros. A todo lo que hubieramos sido si el Máximo de hace cuatro años hubiera confiado.

Me pesan hasta los huesos de lo súbito que es el peso que debo cargar por mis acciones.

No sé si merezco otra oportunidad, y eso es lo que me duele, que lo descubrí tarde cuando todo empezó a salirse de mis manos.

— Lo lamento —gimoteo observando todo a mi alrededor.

Mi habitación está hecha un desastre de pies a cabeza, cada cosa me recuerda a cuando eramos nosotros. Mi vida estaba bien cuando ella estaba conmigo y no dudaba de su amor.

No puedo dejar de pensar en que tal vez queda algo, diminuto, roto o como sea que aún sienta por mi. Yo la amo, eso lo se, pero debo demostrarselo.

Ya la perdí una vez, no puedo deja rque vuelva a suceder de nuevo mientras esté consciente.

Tocó mi pecho que como si doliera y lo hace, camino por la habitación buscando salida, luz, algo que me saque de esta penumbra.

Aún tengo una parte de mi que insiste en que tal vez aún pueda hacerlo, en que si está vez me quedo lo suficiente, aprendo a callar y escuchar primero y dejo el beneficio de la duda...

Ella podría dejar de odiarme tanto.

Un ajetreo fuera de mi recamara hace que olvide por un breve momento la furia y deba salir a ver qué es.

Los pocos empleados caminan de un lado para otro angustiados y con algo de pasmo.

— ¿Que les sucede? —pregunto aturdido.

No vale la pena seguro fingiendo ser el fuerte e inquebrantable, estoy roto y solo.

— Señor, el joven Mike desaparecio. —Revela uno de ellos dejándome fuera de si.

— ¿Cómo que desaparecio? —mi voz sale rota, en un susurro que se rompe al nacer.

Mi hijo...

Mi pequeño milagro...

Muchas preguntas se atropellan en mi cabeza sin poder formularlas por el horror que siento al saber que mi hijo podría estar en peligro y no soy ni capaz de protegerlo.

Si algo el pasa yo no me lo perdonaria...no puedo hacerla sufrir más, no puedo hacerlo. Esto ya no se trata solo de mi pena, ahora se trata de todo el daño que les hice a mis hijos.

Los arrastre conmigo sin que ellos lo pudieran, les negué la felicidad que les correspondía por derecho y ahora me pasa esto.

Por favor no, que este bien, que este bien.

¿Y si no vuelve? ¿Y si está es la forma en la que el mundo me está castigando?

Me tambaleo bajando las escaleras con una jaceca terrible por la angustia y el temor de que algo malo le pase a mi hijo, su madre jamás me lo perdonaria y ahí si la perdería por siempre.




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