Maximo
Cada vez que la recuerdo me llevo una mano al pecho incapaz de verla a los ojos, si tan solo hubiera confiado, si tan solo hubiera escuchado. Si tan solo hubiera hecho eso desde el principio nada de esto estuviera teniendo el golpe en mi como lo hace.
Los recuedos se hacen cada vez más intrusivos, siento todo el peso del pasado sobre mis hombros como una carga que no aligera, que sigue creciendo hasta aplastarme como un bicho insignificante.
No debí haberla tratado así, no debí oir a mi odio y al dolor, he destruido más de lo que tengo y eso se me recrimina de manera injusta.
No es solo tu culpa, te engañaron a ti también.
Lo hicieron, y les salió bastante bien por que quien lo haya hecho sabía lo que hacía y porque lo hacía. Me siento tan estúpido por haber ignorado todo lo que desde un principio pudo evitar este desastre.
Me tiembla la voz que se me es imposible pronunciar palabra alguna, dejo caer la mirada al suelo como si ver el mármol tan pulcro pudiera controlar está furia.
— Otra vez llorando—dice Elliot mientras se acerca—, ¿hasta cuándo planeas dejar de hacerlo?
Con la mirada aún en un punto fijo y la voz entrecortada logro fórmular una frase que, si bien, es corta, tiene un gran peso emocional sobre mi, lo que fui, y lo que soy.
— Hasta que me perdone.—Las palabras salen con miedo de no cumplirse nunca.
— ¿Disculpa?—reacciona dando un paso atrás desconcertado—, Máximo...
No lo dejo ni terminar lo que dirá porque ya me encuentro diciendo la verdad, la que me prohíbe ver todo como antes y la que me condena a estar perturbado por mis propios acciones, ¿cómo cai tan bajo para ser así?
— Ella jamás me mintió, siempre me dijo la verdad—mi voz es un hilo el cual se hace más delgado a medida que continuo—, jamás la escuché, estaba cegado por el odio que sentía y- y...lo arruine, de verdad lo hice.
Las lágrimas fluyen sin parara, caen por mis mejillas y algunas llegan hasta mis manos las cuales veo borrosas, todo lo que hice con ellas fue darle problemas, trate de hundirla, la humille varias veces.
Todo por nada.
Tuve felicidad y me hicieron perderla.
Elliot se queda rígido, está frente a mi congelado y no me quita la mirada de encima, aprieta los dedos sin razón alguna y trata saliva con dificultad, como si lo que dije no pudiera ser cierto.
— Max como lo...
— Investigue, está vez si lo hice, algo me decía que debía hacerlo, que tanto tiempo al lado de ella, de conocerla, me hizo dudar cuando ya es demasiado tarde y no quiere ni verme en pintura.—Mi respiración se agita.
— ¡¿Que te hace pensar eso?!—cambio abruptamente de tono—, perdón, Max basta, ¿que te garantiza que a quien se lo encargaste te diga la verdad?
Me descolocó al oir la pregunta, no puedo decirle a quien fue que se la encargue, y tampoco todo lo que me dijo al igual que continúa buscando el paradero del embustero que me engaño.
— Lo es, Elliot, es verdad, yo fui tan terco que no quise oírla de ella cuando ella siempre la escucho de mi.—Cada palabra me está costando, siento como si atravesarán mi garganta como cuchillas filosas.
Elliot se sienta a mi lado con torpeza descomunal en el, carraspea un poco y se pasa la mano por la nuca antes de volver a hablar, por un segundo parece que va a decir algo pero solo baja la cabeza. Cuando habla su voz es un susurro.
— Ya hermano, debes controlarte Máximo.—Me da unas palmadas en la espalda que no sirven de nada.
¿Cómo quieres que me controle cuando acabo de tener la revelación de toda mi vida?
— No puedo, está esto, Mike es otro asunto y yo...
— ¿Que paso con el?—pregunta abatido.
— Fue a buscarla, Elliot, la encontró y me pidió quedarse con ella solo una noche.—Gimoteo.
— ¡¿Y lo dejaste quedarse?!—chilla imprevisto.
— No puedo quitarles más, ya les hice suficiente daño y- y no pude negarselo, verlo llorar es como verla a ella.—Me cubro el rostro con las manos incapaz de nada.
— Maximo por Dios—me toma de los hombros— así le haces más daño, ¿Mera y Maxi lo saben?—insinua con voz trémula.
Niego con la cabeza sin poder responder por qué lo único que sale de mi boca son toda clase de insultos hacia mi mismo y sollozos que no controlo.
— ¿Que hiciste, Máximo?—se pasa la mano por la frente— ah, iré a verlos y inventar una excusa creíble para que no pregunten por Mike, tomate tu tiempo.—Dice antes de irse y dejarme solo de nuevo.
Ya no lo soporto, debo hacer algo, debo pedirle perdón y poder estar tranquilo, necesito hacerlo. Soy un reverendo idiota, un poco hombre que ella más que nadie conoce.
Y eso puede o no ayudarme.
~ • ~
Miko
Las cosas con Mai ya están arregladas, logré tranquilizarla y ahora se encuentra cenando tranquila sin problemas por nuestro pequeño invitado especial.